Esbozos políticos y éticos de Mario Vargas Llosa

  • 18/04/2026 00:00

En una entrega anterior escribí sobre aspectos personales y conyugales resumidos del brillante escritor Mario Vargas Llosa.

Otra faceta de muchos escritores del boom de los 1960 a 1990 fue la implicación y activismo político. Junto con los otros integrantes del “boom” él fue afín a la revolución cubana. Si bien, algunos integrantes de este grupo tomaron después posiciones diferentes después del caso del poeta Padilla: lo arrestaron por disentir del régimen castrista, en 1971. Cortázar, García Márquez y otros siguieron fieles a la revolución cubana, pero Fuentes mantuvo distancia y Vargas Llosa tomó una orientación opuesta hacia la extrema derecha. Fue “marxista” y partidario del comunismo en su juventud, años 50 y 60.

Eso hizo que su concepción hacia la sociedad cambiara en algunas de sus actuaciones futuras. Así, cuando fue cuando tuvo que presidir, en 1983, la Comisión de la Verdad, investigadora de la masacre de ocho periodistas en Uchuraccay (Ayacucho, Perú), designada por Fernando Belaúnde. Esa comisión llegó a la conclusión, en un informe amañado, que los comuneros mataron a los periodistas “al confundirlos con terroristas de Sendero Luminoso” (comillas mías), destacando el aislamiento cultural y la violencia en la zona. Muchos peruanos dudaron de eso, y que también fueron los militares los que participaron en esa masacre

Otro de los episodios confrontativos (especializado en esta actividad) del escritor fue la famosa disputa entre él y el escritor Mario Benedetti, uruguayo y marxista. Cuando en uno de sus numerosos artículos envenenados llegó a decir que los escritores e intelectuales latinoamericanos de izquierda “que la mayoría baila aún obedeciendo a reflejos condicionados, como el perro de Pávlov”. Primero, que es un flagrante irrespeto y desconocimiento de reflejos condicionados; segundo: él bailaba también obedeciendo al condicionamiento operante de los ideólogos neoliberales y centros de poder económico.

De tanto accionar en el mundo político fundó el Movimiento Libertad en1987, sobre todo por el intento de Alan García de nacionalizar la banca peruana, y en 1990 lo presionaron para que se candidatizara a la presidencia por el partido Frente Democrático. Después de una campaña escabrosa en la que quedó favorito, tuvo que ir a una segunda vuelta ante el desconocido Alberto Fujimori, pero perdió. Los peruanos lo conocían mejor.

Basado en una lectura mía de una entrevista de los años 80, en la que manifestó que: “No es ético que un escritor prescinda de una preocupación social”. Parece que se le olvidó, porque a raíz del reclamo del expresidente Andrés Manuel López Obrador acerca de pedir perdón por los excesos de la conquista, en septiembre de 2021, ante la burla del guerrerista (de Irak) José María Aznar, éste se reía de los “aztecas” y “mayas” (leáse mexicanos). Al Aznar genocida, como Cortéz, se le podría perdonar burlarse de los mexicanos, y por ende, de los latinoamericanos. ¡Pero que un intelectual de esta región se burla y menosprecia a sí mismo!

Para rematar, trató de “ignorantes” a los ricos y a los pobres de Perú. A los pobres, según él, porque no leen por falta de acceso o educación (ignorancia), mientras que los ricos frecuentemente ignoran la cultura por desinterés. El señor Vargas ha descrito su relación con Perú como áspera y violenta, controvirtiendo sus dinámicas sociales y políticas. Y lo fue. Aunque afirmó de forma insincera en el discurso del Premio Nobel: “Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé...” A lo mejor se las resectaron.

Aunque saltó de un partido y otro según su conveniencia, y hasta se alió a la derechista Keiko Fujimori para la segunda vuelta de junio 2021, al considerarla “el mal menor” frente al izquierdista Pedro Castillo. Lo mismo que le sucedió en 1990, el japonés era el mal menor, era enemiguísimo suyo.

Tuve una mala referencia cuando vino en 2013 a Panamá con su esposa Patricia. Me lo negaron, pero yo conocía al conductor y primero llegó al carro ella. Tenía cuatro obras de él para que me las dedicara. Cuando llegó el escritor me autorizó para se las diera a su esposa, los tomó de mala gana y exclamó: “Me lo van a matar”. Lo quería muchísimo. (Fui de los pocos que me rubricó esos y otros libros). Casi dos años después celebró sus 50 años de casado y luego se unió a Isabel Presley.

Todo estas apreciaciones y deducciones han surgido de un lector de juventud de Vargas Llosa, que le llegué a admirar como escritor, aunque su vida personal no es el mayor dechado con su aporte literario y grandeza intelectual, para cualquiera de sus seguidores.