Indigenismo en Perú y Panamá
- 19/09/2026 06:44
Hace más de cien años, intelectuales, artistas y parte de la clase política peruana impulsó el “indigenismo”, una corriente cultural, artística, social y política desarrollada entre las décadas de 1920 y 1950 que buscó revalorar la cultura autóctona y denunciar la discriminación y explotación del campesinado (De los Ríos, 2017). Se trata de un movimiento de vanguardia que José Carlos Mariátegui, padre del socialismo peruano y pensador emblemático de esa corriente, explicó en la llamada “polémica del indigenismo” donde participaron también otras figuras centrales como Luis Alberto Sánchez -quien llamó al propio Mariátegui “el teórico del indigenismo”-, José Ángel Escalante, Enrique López Albújar, Luis E. Valcárcel, entre otros (Ojeda, 2009).
El gobierno del presidente Leguía no fue ajeno a estas manifestaciones intelectuales y decidió reproducir parte de sus banderas dentro de sus postulados políticos –“la Patria Nueva”- aunque dándoles un contendido que evitase el desborde revolucionario. Una fecha resulta remarcable, el 15 de julio de 1927, cuando el gobierno y Juan Ríos, alcalde del Rímac -suburbio limeño ubicado a la vera del río del mismo nombre y escenario del bucólico romance virreinal entre la actriz La Perricholi y el entonces virrey Amat- decidieron “organizar una velada de arte nacional con el concurso de músicos y danzantes de todo el país en el teatro Forero” (Revista Semanal Mundial, nro. 371, año VIII, julio 1927). El evento se llevó a cabo para conmemorar el establecimiento de la “Academia de Música y Bailes Nacionales” fundada por iniciativa de Ríos, donde destacaron los bailes de Huaraz, Huancayo y Cuzco. La anécdota de la velada fue el soporte que la banda de la Escuela Militar de Chorrillos brindó a los conjuntos musicales interpretando melodías conjuntamente con ellos para asegurar la majestuosidad de la presentación (Gonzáles, 1927).
Pocos días después, el 23, en el citadino teatro municipal se llevó a cabo el primer concierto del “Conservatorio peruano de música y bailes populares” con un recital a cargo del guitarrista apurimeño Miguel Casas, el concertista andino Víctor Guzmán y el trío cuzqueño de quenas y piano de Izquierdo, Morales y Esquivel. Estas puestas en escena tuvieron un objetivo político claro: la reivindicación del poblador originario en el mes de la patria dado que cada 28 de julio se conmemora el Día Nacional del Perú.
La tendencia indigenista también se expresó en la educación. “En el Perú nunca será excesiva la cantidad de dinero que se emplee en enseñanza. Quien haya recorrido nuestras provincias y llegado hasta el fondo de nuestras serranías se convencerá de que la labor de educar y de instruir es un imperativo abrumador para todo buen peruano” (A. Sirio, 1927). En julio de 1927, Leguía dispuso la creación del Instituto Pedagógico Nacional. Recayó en Pedro Oliveira, Ministro de Justicia, Instrucción, Culto y Beneficencia, la responsabilidad de su fundación y organización. El instituto preparaba tres grupos de profesores: de primaria, instrucción media y especiales. En este último grupo estaba comprendida la enseñanza en artes manuales, agrícolas, comerciales y técnicas (fabriles). Los docentes egresaban con el título de “Profesor del Estado” con una especialidad para dictar ciencias o letras. Este nuevo centro de capacitación tuvo como primer director al educador Luis Bouroncle, sin embargo, al destacar históricamente como docente Enrique Guzmán y Valle, el instituto evolucionó hacia una estructura universitaria cuarenta años después, denominándosele “Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle – La Cantuta” hasta nuestros días.
El indigenismo en Panamá registró un nacimiento diferente. Tuvo como telón de fondo el levantamiento Guna de 1925 que provocó muertos en ambos bandos. “Su impacto internacional atrajo el interés de Erland Nordenskiold, antropólogo sueco, cuya visita en 1927, breve pero intensiva, produjo el primer estudio etnográfico y etnohistórico de este grupo [...] La paz se gestionó con la participación del jefe de la legación estadounidense, J. Glover South, entre la comunidad de Ailigandí y el barco Cleveland, refugio de Richard Marsh, estadounidense y uno de los actores principales de los sucesos, redactor del acta de independencia de la República de Tule, con la frustración de las autoridades panameñas al no poder juzgar a Marsh y contentarse con expulsarlo simbólicamente del país.” (F.Herrera para “La Estrella de Panamá”, 2021). Desde 1938 se abrieron espacios de negociación donde los guna fueron progresando en sus reivindicaciones. Actualmente participan activamente en la economía y en la vida cultural impulsando, desde hace sesenta años con un progresivo posicionamiento urbano, “una emergente generación de buenos pintores, artistas, cineastas, actores, etc.” (F.Herrera, 2021).
En la década de 1980, tanto en Panamá como en el Perú, el indigenismo cedió el paso al “neoindigenismo” que mostró al poblador originario no como una víctima pasiva sino como un actor adaptándose a la urbe y a la modernidad.