Inmigración, medicina y diplomacia
- 17/10/2026 01:48
“A diario, en todas partes, después de las sesiones del Congreso, en las recepciones oficiales y fiestas diversas oía con frecuencia pronunciar con cariño el nombre querido de mi patria ‘Allo Peru’, ‘Vive Peru’. Y así siempre, en un ambiente de franca camaradería que se intensificó más después con los jefes polacos y los delegados de Estados Unidos, Rumania, Italia y España” (Fragmento, Memorias del doctor P. Pardo, 1927).
En las memorias del galeno peruano Pedro Pardo Figueroa -hace casi un siglo- se consignan sus experiencias al participar, como capitán de sanidad del ejército peruano, en el “Cuarto congreso de medicina y farmacia militares” desarrollado en Varsovia en 1927, y que meritaron un reportaje en la conocida revista semanal “Mundial” (nro.377, año VIII, setiembre 1927). Pardo tuvo la oportunidad de presidir la cuarta sesión del encuentro médico, conjuntamente con el facultativo Reverdin de Ginebra, sobre estandarización de servicios sanitarios.
El podio le fue cedido por el general Ruppert, jefe polaco de los servicios de sanidad militar y presidente del congreso. Gesto que no estaba exento de cierto cálculo diplomático porque apuntó al fortalecimiento de un aspecto específico de la relación bilateral con el Perú como se verá continuación.
Durante las jornadas -según relató Pardo- trabó amistad con el cardenal Laurie, delegado apostólico que había visitado el Perú siendo recibido por el entonces presidente Augusto B. Leguía, y con el conde de Dzieduszycki que también había estado en Lima en enero de 1927 para acordar las condiciones de la inmigración polaca al país de los incas. Premunido de las correspondientes credenciales, Pardo dialogó con Dzieduszycki acerca del área de colonización en la Amazonía peruana comprendida entre los ríos Tambo, Bajo Urubamba y Ucayali.
Las conversaciones resultaron promisorias porque al día siguiente fue recibido en audiencia por el presidente polaco Ing. Henryk Mósciki, ocasión que Pardo aprovechó para destacar el valioso aporte de ilustres polacos a la cultura peruana en el campo de las artes, la arquitectura y la ingeniería. Si bien Pardo hablaba francés, para este importante encuentro se valió del apoyo de Tomasz Oksza Oxiński, quien se desempeñaba como cónsul honorario del Perú desde 1923, y que actuó de intérprete.
La principal preocupación polaca era la creencia de que el Perú era un país aquejado por la fiebre amarilla, percepción que Pardo neutralizó explicando que se contaba con el concurso del general Gorgas de la Fundación Rockefeller que tenía una destacada trayectoria erradicando ese mal en Panamá, Cuba y en las ciudades de Guayaquil (Ecuador) y Piura (Perú).
El cuarto congreso de sanidad militar estuvo precedido por los de Bruselas (1921), Roma (1923) y París (1925). La sesión de apertura del congreso, celebrada el 30 de mayo, fue presidida por el Ministro del Interior polaco, Slawoj-Skladkowski. Contó con la participación de treinta y seis naciones y se organizó una exposición internacional de higiene y de material técnico del servicio de sanidad.
En cuanto a la agenda de trabajo de aquel evento académico, las ponencias se centraron en evacuación de heridos en la guerra de movimientos; etiología y profilaxis de la gripe; consecuencias de los traumatismos craneales y su tratamiento; y los arsenobenzoles (Turrión, 2015).
La particularidad de este congreso es que, del total de los diez congresos llevados a cabo hasta 1939, el de Polonia registró la mayor participación latinoamericana. Estuvieron presentes delegados de Brasil (miembro fundador), Argentina, México, Cuba, Chile, Guatemala, Nicaragua, Paraguay, Uruguay, República Dominicana y el Perú.
Volviendo al facultativo militar Pardo, era hijo del médico Estanislao Pardo Figueroa, senador por Apurímac y, más tarde, presidente de la Academia Nacional de Medicina del Perú (Revista Semanal “Mundial”, nro. 47, año II, marzo 1921).
Dado que su familia estaba vinculada políticamente al partido del presidente Leguía, cuando este es depuesto en 1930 -como consecuencia del golpe de Estado perpetrado por el comandante Sánchez Cerro-, él cae en desgracia y fue dado de baja del ejército no pudiendo culminar con el proyecto de inmigración polaca que le fuera encomendado.
Como afirma Turrión (2015), “estos congresos expusieron con detalle los métodos terapéuticos empleados desde el inicio de las hostilidades de la Gran Guerra; resaltaron la baja aparición de epidemias de fiebre tifoidea, gracias a las vacunaciones sistemáticas y obligatorias; explicaron la renovación y modificación de las instalaciones quirúrgicas y de hospitalización según la tecnología del momento; el transporte de heridos según la moderna terapéutica médica y quirúrgica; los nuevos tratamientos de las fracturas, la ortopedia, la radiología, los laboratorios militares, etc”.
Para los médicos militares latinoamericanos representó la oportunidad de adaptar algunos de estos procedimientos según sus posibilidades, particularmente los farmacéuticos, que, en términos de almacenamiento y distribución influirían en las políticas públicas de salud del Continente que se establecerían en la década siguiente para las fuerzas productivas de ciudadanos de cada país.