Invirtiendo la pirámide - y lo que viene después
- 18/01/2026 00:00
La semana pasada, el ambiente en la sobria sala principal del Departamento de Salud y Servicios Humanos en los Estados Unidos era de júbilo. Anunciada como una “celebración política” por el lanzamiento de las nuevas guías alimentarias unos días antes, se parecía mucho más a un mitin de campaña: la sala estaba abarrotada, todos sostenían grandes carteles que decían “Come comida real” sobre imágenes de alimentos como filete de res, brócoli y zanahorias. Había sombreros de vaquero. Niños pequeños saltaban en sus regazos y la música sonaba a todo volumen.
La administración Trump planeó esta celebración para intentar generar otro día de cobertura mediática para las guías y la nueva y elegante pirámide alimenticia invertida (una crítica a la pirámide alimenticia que se utilizó de 1992 a 2005), y que Robert Kennedy calificó como “el reajuste más significativo de la política nutricional federal en la historia”.
Muchos expertos elogiaron el mensaje de “comer comida real” y elogiaron a la administración por recomendar claramente a los consumidores evitar los alimentos altamente procesados, que dominan la dieta estadounidense y se relacionan cada vez más con muchos problemas de salud. La administración también recibió elogios por recomendar a los estadounidenses reducir drásticamente el consumo de azúcares añadidos (no más de 10 gramos por comida y ningún azúcar añadido para los niños menores de 10 años).
Pero también ha habido una buena dosis de críticas sobre las afirmaciones de la administración Trump de haber “terminado la guerra contra las grasas saturadas”, y la sugerencia visual de que la carne de res, la mantequilla y los lácteos enteros han vuelto. Es difícil optar por la carne de res, la mantequilla y los lácteos enteros sin sobrepasar el límite de grasas saturadas que el gobierno aún recomienda. Los ambientalistas expresaron su preocupación por la huella de carbono de dicha dieta, aunque las consideraciones de sostenibilidad quedan fuera del alcance de las guías dietéticas, al menos por ahora. Algunos expertos se opusieron a la nueva recomendación de que los estadounidenses aumenten drásticamente su consumo de proteínas, argumentando que carece de fundamento científico. Otros criticaron que las directrices eliminaran consejos específicos sobre la cantidad de alcohol que debían beber mujeres y hombres, y en su lugar recomiendan “menos alcohol para una mejor salud general”, lo que algunos consideran una victoria para la industria del alcohol.
Tras analizar a fondo todos los documentos, concluyo que, dependiendo de la parte que se examine, se puede concluir que no ha cambiado mucho o que las cosas han cambiado drásticamente. El mensaje de Kennedy de comer alimentos de verdad es revolucionario. “Si no provienen de la tierra, del agua o del aire, no los coman. Si vienen envueltos en un paquete transparente, que es un paquete completo, no los coman”.
Pero es allí donde esto parece un evento de prensa para generar fanfarria. En el pasado, las guías no han recomendado explícitamente evitar los alimentos procesados, pero sí han instado desde hace tiempo a comer más verduras, frutas, cereales, lácteos y proteínas magras. Simplemente, la forma en que se ha comunicado ha sido confusa, y normalmente se dedican pocos recursos a difundir estos mensajes.
La educación nutricional ha tenido una prioridad muy baja en todos los países. De hecho, se abandonó la pirámide alimenticia en 2011 y se cambió a MiPlato, que era un mensaje mucho más simple. Sin embargo, las investigaciones han demostrado que la gran mayoría de las personas nunca ha oído hablar de MiPlato.
Esto nos lleva a un punto muy importante: el Ministerio de Salud históricamente ha adoptado las guías alimentarias estadounidenses y sin embargo los panameños no las siguen. En 2022, un estudio realizado por el Movimiento de Alimentación Saludable descubrió que menos del 10% de las escuelas en Panamá cuentan con kioscos o comedores que siguen las guías y sólo el 5% de los estudiantes informaron conocer sobre MiPlato, mucho menos intentar seguir sus consejos.
Definitivamente, las guías alimentarias importan porque afectan la percepción nacional de lo que deberíamos comer. Son importantes por cómo rigen, en última instancia, la estructura de la canasta básica de alimentos y los programas escolares de nutrición, pero no podemos culparlas de nuestra crisis de enfermedades relacionadas con la dieta. Y tampoco podemos esperar que la solucionen todo.
Para ello, se requiere una normativa rigurosa, en particular para realizar cambios importantes en los programas de comidas escolares, que actualmente dependen en gran medida de alimentos altamente procesados para alimentar de forma asequible a un millón de estudiantes cada día. Tenemos mucho por hacer, entendiendo que se necesitan recursos y que hay toda una infraestructura que construir.
En otras palabras, invertir la pirámide es la parte fácil.