La conexión entre Groenlandia y Panamá
- 08/02/2026 00:00
Cuando el carguero chino Istanbul Bridge zarpó hacia Europa a finales de septiembre pasado, tomó una ruta inusual. En lugar de dirigirse al sur para el viaje de 40 días a través del Canal de Suez, viró hacia el norte. El carguero llegó al puerto de Felixstowe, en el Reino Unido, tan solo 20 días después, inaugurando con éxito la primera ruta comercial de contenedores del Océano Ártico de Asia a Europa.
Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, la superficie del océano más nórdico del mundo ha estado prácticamente congelada. Ahora, los científicos predicen que la mayor parte de los 15 millones de kilómetros cuadrados del Océano Ártico podría estar estacionalmente libre de hielo para 2050. Económicamente, un Ártico menos helado representa una oportunidad: nuevas rutas marítimas y reservas de combustibles fósiles sin explotar.
Climatológicamente, es una calamidad. Legalmente, es un problema que debe resolverse. Y, maritimamente, las nuevas rutas a través del Ártico son entre un 30 % y un 50 % más cortas que las del Canal de Suez y el Canal de Panamá, con una reducción del tiempo de tránsito estimada entre 14 y 20 días, lo cual significa ahorros en tiempo y dinero para las compañías navieras.
Por otro lado, las nuevas rutas deberían traer orden a esa parte del planeta. Gran parte del centro del Océano Ártico, la franja más septentrional que rodea el polo, está sujeta a la anarquía de alta mar y eso ha sido un problema. El Ártico es la región del mundo que se calienta más rápido y contiene el océano que se acidifica con mayor rapidez, cuenta con escasas protecciones ambientales. Los científicos no tienen una idea clara de qué especies podrían necesitar protección ni de los efectos climáticos de la navegación desenfrenada. Los barcos expulsan carbono negro, que reduce la reflectividad del hielo y, a corto plazo, causa hasta 1,500 veces más calentamiento que el dióxido de carbono.
Lo cierto es que actualmente existe una línea muy tenue sobre la explotación de las rutas marítimas a lo largo del Océano Ártico. Incluso, se ha creado una batalla campal para asegurar todo lo que la bordea. Estados Unidos, Canadá y Rusia poseen enormes extensiones de tierra litorales y no están tardando en asegurar más. El reciente impulso de Donald Trump de anexarse Groenlandia es un esfuerzo estratégico para garantizar el paso libre a los buques estadounidenses, además de asegurar su capacidad de respuesta militar y disminuir el tiempo empleado en la navegación para el transporte de tropas y barcos de guerra.
Como consecuencia de lo anterior, el uso cada vez mayor de la ruta a través del Ártico significa un problema para el Canal de Panamá, porque sin duda se vería disminuido su tráfico derivado de la disponibilidad de un nuevo escenario en el Ártico. Definitivamente, esto obliga a un análisis detallado, principalmente en razón de los impactos económicos que supone la realización de actividades que actualmente se encuentran vedadas por la presencia de hielos, enfrentándose a un escenario que significará la apertura de nuevas rutas de navegación, susceptibles de ser empleadas masivamente en el comercio marítimo internacional.
Estas posibles nuevas rutas en el Ártico son algo útil a tener en cuenta cuando se recuerda el momento en que el buque Ever Given quedó varado en el Canal de Suez, bloqueando una importante ruta marítima durante varias semanas. La diversificación de las rutas comerciales -especialmente si se consideran nuevas rutas que no pueden bloquearse, porque no son canales- da a la infraestructura mundial de transporte marítimo mucha más resistencia.
Sin embargo, existe una conexión inherente entre el plan de Trump de anexar Groenlandia y su “rofeo” con Panamá. Dada la velocidad con que el calentamiento global hace mella en los hielos marinos, el mapa mundial de las rutas marítimas está cambiando súbitamente. En octubre pasado, Estados Unidos compró nuevos barcos rompehielos a Finlandia y socavó un acuerdo de la Organización Marítima Internacional que habría obligado a los armadores a pagar una tarifa por los gases de efecto invernadero que emiten sus buques. La semana siguiente, justo después de la conclusión del viaje del Istanbul Bridge, Rusia y China firmaron un acuerdo formal para desarrollar conjuntamente la Ruta del Mar del Norte que había seguido el barco.
En adición al desafío geopolítico entre las tres potencias más grandes del mundo, si el hielo marino desaparece por completo, los científicos predicen una catástrofe acelerada (saltos de temperatura, tormentas más frecuentes e intensas, aumento global del nivel del mar), lo que amenazará la habitabilidad general del planeta. No obstante, el hecho de que se necesite el hielo marino para sobrevivir no es una excusa para garantizar la sostenibilidad del planeta, sino más bien un argumento sólido para asegurar la paz del mundo.