La cornucopia del Canal versus la responsabilidad

  • 04/10/2026 00:00

Panamá tiene en el Canal una riqueza que no se mide solo en dinero; también es agua, bosque, posición geográfica, historia y futuro. Sin embargo, durante años se nos vendió una idea seductora la cual el Canal es una cornucopia infinita, un cuerno de la abundancia que siempre da más sin cuidarlo, sin planificar y sin rendir cuentas. En 2006, se dijo que la ampliación sería la panacea del país. Se prometió empleo masivo, crecimiento económico, saldar la deuda social y que la obra se pagaría sola. Hoy, casi dos décadas después, sabemos que hubo un éxito de ingeniería, pero también un fracaso de previsión y de responsabilidad social.

Durante la campaña del referéndum, no solo el gobierno de Martín Torrijos, sino la clase política entera, prácticamente al cien por ciento, con contadas excepciones de un par de académicos, abrazó la ampliación como un discurso religioso. Todos hacían agua la boca con la riqueza de la obra faraónica. Se prometieron más de 7,000 empleos directos y más de 35,000 indirectos, y se proyectaron hasta 250,000 nuevos empleos para 2025. Se dijo que los ingresos se sextuplicarían para 2020, y que la obra beneficiaría a todo el país y no a unos pocos.

Pero hay que hablar claro. No es que no quisieran ver los problemas de la demanda de agua, la salinización de los lagos o la deuda social. Es que deliberadamente ignoraron todos los estudios técnicos que la propia ACP había pagado porque no apoyaban la narrativa oficial de la ACP y del gobierno de turno. Fue premeditado. No fue negligencia, ingenuidad ni falta de información. Fue una decisión consciente de priorizar el relato por encima de la evidencia científica. Los informes que advertían sobre la vulnerabilidad hídrica de la cuenca existían. Los análisis que señalaban la necesidad de ampliar las reservas de agua antes de ampliar las esclusas existían. Las voces académicas que alertaban sobre la imposibilidad de sostener el ritmo de tránsitos sin garantizar primero el agua para consumo humano existían. Fueron silenciadas, minimizadas o archivadas. Todos prefirieron la cornucopia al principio de precaución. Y eso no fue grave solo ayer, sigue siendo grave hoy.

La ampliación trajo más ingresos, es cierto. El Canal mueve más carga y se ha consolidado como nodo logístico mundial. Pero también trajo una crisis hídrica que convenía no ver. La salinización del lago Gatún superó todos los pronósticos. La intrusión salina aumentó más del 400% al pasar de menos de 0.05 PSU antes de la ampliación a más de 0.21 PSU después. Esto pone en riesgo el agua potable para más de la mitad de la población del país. En 2023 las lluvias estuvieron un 25% por debajo de lo normal. En 2024 el Canal tuvo que reducir el tránsito diario de buques de 36 a 24, una caída del 21%. Para tapar el hueco se han subido los peajes, se han vendido más servicios adicionales y ahora se habla de un embalse en río Indio que costará miles de millones y desplazará a comunidades enteras. Esa no es una solución planificada, sino la factura de haber priorizado el tránsito sobre el agua y el dinero sobre la vida. Y la pagan los que nunca fueron consultados, los que viven en la cuenca, los que jamás se beneficiaron de la cornucopia. No importa que la ley haya prohibido el uso del embalse de río Indio. La paradoja es brutal, se amplió la vía para vender más tránsitos, pero no se aseguró primero el agua que hace posible cada esclusa, cada buque y cada gota de agua potable.

Lo más grave es que los datos actuales de calidad del agua no están disponibles para todo público. Está escondida en servidores internos y se publican resúmenes procesados, pero no los datos crudos que permitirían una verificación independiente. Esa opacidad no es un accidente, sino el escudo perfecto de la irresponsabilidad. Sin datos públicos no se puede evaluar el impacto real, no se puede exigir cuentas, no se puede debatir con total evidencia. La transparencia no es un lujo técnico, es condición de democracia y de supervivencia. Mientras nadie sepa qué tan grave es la salinización, se puede seguir jugando con la cornucopia. Los avaros del templo no ven más que dinero, y cuando no haya agua no habrá peaje que alcance. Cuando no haya bosque no habrá lluvia. Cuando no haya confianza no habrá futuro.

Que la cornucopia desbordada no nos lleve a una insostenibilidad sin retorno, tal como se ha iniciado, que puede poner en jaque no solo la operación del Canal, sino el ecosistema y hasta la soberanía del país. Mucho cuidado. La historia juzgará hoy si fuimos cómplices o verdaderos custodios del Canal. Que un tropiezo no nos haga caer de bruces. Debemos ser responsables.