¿La geografía señala el destino de las regiones del mundo?
- 05/05/2026 00:00
Esta interrogante parece más cercana al determinismo que al posibilismo, las posiciones opuestas de la geografía en la bisagra del siglo XIX al XX. Sin embargo, veamos la realidad.
Además de los geógrafos más pertinentes, el estadounidense Alfred Thayer Mahan (1840-1914), del “poder marítimo”, el alemán Friedrich Ratzel (1844-1904), del “espacio vital”, el británico Harold Mackinder (1861-1947), del “poder continental”, el sueco Rudolf Kjellen (1864-1922), de la “geopolítica”, y el alemán Karl Haushofer (1869-1946), que influyó en Hitler, surgen otros genios en la geopolítica como el neerlandés-estadounidense Nicholas Spykman (1893-1943); más recientemente, el alemán-estadounidense Henry Kissinger (1923-2023), estratega del poder mundial, y el francés Yves Lacoste (1929). Teóricos que explicaron el mundo basado en la geografía.
Spykman sostenía que el corazón estratégico de nuestro continente era el “Mediterráneo americano”, el Caribe y el Golfo de México, cuyo control por los Estados Unidos se le antojaba vital para su poderío. Veía como parte de esa región a Guyana, Venezuela y Colombia, más que como países sudamericanos. Robert Kaplan, en “La Venganza de la Geografía”, encontraba en México, estado vecino cuasifallido, empobrecido, controlado en gran parte por narcotraficantes, el principal problema de los estadounidenses más que el Oriente Medio. Se pregunta: ¿Pondrá orden en ese inmenso país con 134 millones de habitantes?
Además, Spykman recomendaba oponerse al surgimiento de una Europa unida y fuerte, con un gran ejército moderno y una política exterior unitaria, cuyo efecto sería una disminución del poder relativo de la superpotencia estadounidense y de la Rusia nostálgica del viejo imperialismo.
La nueva doctrina de dominación de los Estados Unidos parece estar ahora en esa onda de Spykman, aunque se empantane en guerras del Oriente Medio. Superpotencia que actúa hoy en el “Mediterráneo americano”, primero, a medias contra la Venezuela chavista. Quedan pendientes, dicen, la Cuba todavía castrista y la Nicaragua de Ortega-Murillo. Superpotencia que amenaza a sus mejores aliados europeos y canadienses. También a los latinoamericanos, para alejarlos del gran rival, la República Popular China, y de Rusia. ¿Es la manera más eficaz de mantener y buscar amigos?
Rusia, durante siglos tributaria de su geografía inmensa y plana, de inviernos largos y gélidos, después de la disolución definitiva del imperio soviético en 1991, abrazó el capitalismo y se enriqueció también con sus hidrocarburos. Pero es un gigante con pies de barro: tratando de recuperar el control del “corazón continental”, en cuatro años de guerra, Rusia, con 144 millones de habitantes, no ha logrado someter a Ucrania, con 40 millones, ha sido expulsada del Oriente Medio, y su presencia se tambalea en Asia Central, en África y en América Latina. Su población envejece y se concentra en la Rusia europea, mientras que las vastas extensiones asiáticas atraen a miles de inmigrantes chinos. ¿Serán caballos de Troya del poderoso vecino?
Dejar a Europa al margen de la ecuación es un error. ¿Podemos desconocer a 500 millones de habitantes, una economía moderna, la mayor del planeta, el triunfo de su democracia liberal, un capital enorme de educación, de cultura y de tecnología, y su voluntad de rearmarse frente a la Rusia autocrática, cuyas amenazas no han hecho más que unirla y fortalecerla?
Quedan la India y China, potencias ascendentes desde hace medio siglo. China tiene a la geografía en su favor. Gran potencia continental con una extensa fachada marítima, riquezas minerales e hidráulicas y 1.400 millones de habitantes. Después de la muerte de Mao en 1976, se levantó y no ha cesado de engrandecerse por la educación y por una economía capitalista. Finalmente, fortaleció su ejército y su marina. Su principal debilidad es su demografía envejecida y declinante. Es una potencia en expansión imperialista de nuevo estilo, más que territorial (aunque en conflicto con Estados ribereños del mar de China Meridional) de influencia económica y política en Asia, África y América Latina. Su poder continental enfrenta el poder marítimo y aéreo de los Estados Unidos en el Pacífico, que arropa tanto a Taiwán como a Corea del Sur y al Japón, potencia que comienza a rearmarse ante las graves amenazas de Corea del Norte.
China, potencia hegemónica del hemisferio oriental, afronta cada vez más, por la política, la economía y el comercio, a los Estados Unidos, potencia hegemónica del hemisferio occidental. ¿Se transformará en conflicto militar? No lo creen los expertos.
La inclinación de la India, potencia emergente, la más poblada del planeta, con pujanza económica y tecnológica, puede ser el pivote del orden internacional del océano Índico y sus riberas asiáticas, medio orientales y africanas, aunque confronte a sus belicosos vecinos con el arma nuclear, Pakistán y China.
¿Qué pinta Panamá en esa visión abreviada del orden mundial y continental? La geografía marca, más que nada, su destino. Dueña del principal estrecho del continente americano donde pasa 6% del comercio marítimo mundial, principal centro de logística regional, Panamá enfrenta desafíos para optimizar su potencia geopolítica: su debilidad institucional, la incompetencia de su clase política, la corrupción pública, las deficiencias de la justicia, y su pobrísimo sistema educativo.
Para perfeccionar su poder geopolítico, Panamá, con un gobierno fuerte e ilustrado, tendría que integrarse de manera más contundente a la comunidad internacional, erigiéndose como líder en la región por su capacidad de concertación, y formar parte de las grandes agrupaciones como la OCDE, la Alianza del Pacífico y la Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), aunque ya dimos el primer paso con MERCOSUR. Debería fortalecer la comunicación entre Centroamérica y Sudamérica y planificar mejor su porvenir, esencialmente su función de tránsito entre los mares y, por tierra con Colombia, en el continente americano. ¿Si no lo hacemos, otros nos lo impondrán? ¡El futuro lo dirá!