La geopolítica en grande: China popular y Estados Unidos
- 19/05/2026 00:00
Ciertos datos comparativos sirven para comprender mejor la situación actual de esos países, los más poderosos del planeta, con los mayores presupuestos militares. Ambos son el resultado de una evolución desigual en los últimos 50 años, con ventaja para la China Popular que creció relativamente más que Estados Unidos. La economía de China es hoy la segunda del mundo (la tercera si contamos a la Unión Europea que sería la primera).
Cuando murió Mao Zedong en 1976 dejó una China Popular arruinada, con un PIB del tamaño del de los Países Bajos. En medio siglo China se convirtió en una economía potente al permitir la transición de une economía planificada a aquella en la que el mercado desempeñara un papel decisivo en la asignación de recursos y al integrarse en el sistema comercial global. Cumplió con las estrictas condiciones para ingresar en 2001 a la OMC y se benefició, como todos, de la globalización.
China Popular tiene un PIB anual de 17,5 billones de dólares, mientras que Estados Unidos de 27,3 billones, pero mientras el primero siga creciendo al 5% anual terminará a mediano plazo por superar a Estados Unidos que crece al 2,2%. La deuda total de Estados Unidos de 33.106 billones de dólares duplica la de China Popular de 15.831 billones y su gasto militar lo triplica. China pasó de ser un país que copiaba la tecnología occidental a uno que es líder de la innovación tecnológica y sigue aumentado su ventaja, gracias a una educación de gran calidad, especialmente la superior, mientras que el gobierno de Estados Unidos acosa ahora a sus universidades de élite, entre las primeras del mundo, y, en general, el razonamiento científico.
China no contaba con un plan maestro para su extraordinario desarrollo, pero descubrió hace medio siglo los beneficios del capitalismo para modernizarse y crecer. Sin embargo, existen debilidades fundamentales de China, especialmente la falta de libertades democráticas y un sistema judicial independiente, hecho que compromete un auténtico Estado de derecho. El talón de Aquiles chino es también demográfico y ambiental. Se prevé que la población de China, que envejece rápidamente, disminuya de su máximo de 1.430 millones de personas en 2021 a 1.340 millones en 2040. Durante el mismo período, se espera que la población de Estados Unidos aumente de 340 millones de personas a 370 millones, gracias a la vitalidad igualmente demográfica de sus inmigrantes del sur. El cambio climático con el calentamiento global pronostica a largo plazo la elevación del nivel del mar y la inundación de las áreas más pobladas de China, pero también de Estados Unidos.
Bajo esas realidades se produjo en Pekín el reciente encuentro de los presidentes Donald Trump y Xi Jinping. Además de los inevitables actos protocolares y culturales, lo fundamental fue la reunión en la cual Xi Jinping advirtió a Trump que la “independencia de Taiwán” y la paz en el estrecho homónimo son irreconciliables. Sin embargo, Trump evitó responder preguntas de los periodistas sobre este asunto, calificando a la reunión de “magnífica”. Ante la escasez de hidrocarburos por el conflicto de más de dos meses en Oriente Medio, ambas naciones acordaron que la ruta marítima debe ser reabierta, especialmente el estrecho de Ormuz. China se opuso a la militarización del estrecho o al cobro de peajes, y expresó interés en comprar más petróleo estadounidense para reducir su futura dependencia del Golfo Pérsico. Los dos mandatarios coincidieron en que Irán, con un régimen teocrático sanguinario y belicoso que causa graves problemas geopolíticos, no debe poseer armas nucleares.
Según observadores experimentados, la reunión de Trump y Jinping reveló novedades notables. Primero, el ambiente de profundo respeto del primero hacia el segundo que contrasta con el tratamiento, al menos irreverente, del mandatario estadounidense para con los líderes de sus aliados más cercanos como Canadá, Reino Unido y la Unión Europea, además de Ucrania que sufre por la brutal invasión rusa. Segundo, el acento puesto en la economía y la innovación tecnológica al hacerse acompañar Trump por lo más granado del liderazgo estadounidense en el mundo empresarial-tecnológico. Ambas partes dialogaron sobre las maneras de fortalecer la cooperación económica entre los dos países, incluyendo la ampliación del acceso al mercado chino para las empresas estadounidenses y el aumento de la inversión china en industrias de Estados Unidos. Tercero, la ausencia del tema de los aranceles cuya guerra inició el presidente Trump con casi todo el mundo y especialmente con China Popular, antes de los graves contratiempos que ha experimentado en los tribunales de su país. Cuarto, se destaca la construcción de una relación de estabilidad estratégica entre ambas naciones que fortalece la paz mundial, con sus importantes implicaciones geopolíticas.
Más allá de las inútiles especulaciones sobre el triunfador de este encuentro bilateral en el cual China Popular es reconocida como una gran potencia mundial, el nuevo clima de entendimientos entre los presidentes Trump y Jinping hace que los panameños nos hagamos preguntas inevitables: ¿significa que la rivalidad entre las potencias dejará de manifestarse con tanta virulencia en nuestra región en donde hemos sido, hasta cierto punto, víctimas colaterales? ¿Terminará el hostigamiento del gobierno de la República Popular China a la flota con bandera panameña y ese poderoso Estado se adherirá finalmente al Protocolo del Tratado de Neutralidad Permanente del Canal de Panamá, tal como está sucediendo con otras potencias de América, Europa y Asia? Esperemos que la atmósfera de distensión geopolítica inaugurada entre Estados Unidos y China Popular pueda disminuir los conflictos internacionales y manifestarse en todo el mundo, incluso en nuestra región y en Panamá.