La misión de las universidades públicas y los ‘rankings’

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  • 01/07/2026 00:00

Siete universidades de Centroamérica figuran entre las mejores del mundo, aunque todavía muy lejos de las posiciones de liderazgo, en el QS University Rankings 2027. Sin embargo, no deberíamos caer en la trampa de asumir que ese debe ser el principal objetivo de nuestras universidades públicas.

Las universidades públicas son financiadas con los impuestos de toda la sociedad. Su éxito debería reflejarse en la calidad de los profesionales que forman, en las soluciones que aportan a los problemas nacionales, en la innovación que generan, en su impacto sobre las comunidades y en la conservación del patrimonio natural y cultural. Un campesino, una ama de casa o un pequeño empresario difícilmente esperan con entusiasmo la noticia de que la universidad publicó otro artículo en una revista científica internacional. Lo que esperan es que esa universidad contribuya a mejorar sus vidas.

La investigación científica es indispensable. El conocimiento no tiene fronteras y el progreso de la humanidad depende de que los descubrimientos se compartan, se contrasten y se construyan colectivamente. Las universidades deben investigar con estándares internacionales, publicar donde corresponda y participar activamente en la generación del conocimiento universal.

Pero tampoco debemos caer en la idea de que estamos solos en el mundo y que cada innovación que desarrollamos será única. La ciencia avanza gracias al trabajo acumulativo de miles de investigadores. Publicar es importante porque permite validar, compartir y mejorar el conocimiento, no simplemente porque aumente el prestigio institucional o la posición en un ranking.

También vale la pena preguntarnos por qué, si la universidad tiene tres misiones fundamentales: docencia, investigación y extensión, una de ellas termina acaparando gran parte de la visibilidad y del reconocimiento institucional. Cuando celebramos mucho más una publicación científica que una innovación en la enseñanza, un programa exitoso de extensión o un proyecto que transforma una comunidad, enviamos el mensaje de que esas otras misiones valen menos. Y no es así. Sin una docencia de excelencia no formamos profesionales de calidad; sin una extensión vigorosa, la universidad pierde su vínculo con la sociedad.

Conozco un ejemplo que ilustra muy bien ese equilibrio. La Dra. Indra Candanedo no solo publica para la comunidad científica nacional e internacional. También se calza las botas para caminar en el lodazal del Humedal de Matusagaratí, navega en cayuco y se reúne con las comunidades para dialogar sobre cómo conservar ese invaluable ecosistema para las generaciones presentes y futuras. Convoca a científicos, campesinos, grandes propietarios de tierras, pueblos indígenas, ganaderos, madereros y autoridades locales alrededor de un objetivo común. Esa también es universidad. Esa también es excelencia académica. Es investigación que sale de los laboratorios, se encuentra con la gente y regresa enriquecida por el conocimiento y la realidad del territorio. Es la Universidad Tecnológica de Panamá cumpliendo una auténtica misión de país.

Y sin embargo, este tipo de trabajo, que transforma realidades y que representa el alma de la extensión universitaria, es prácticamente invisible para los grandes rankings internacionales. El QS, por ejemplo, apenas mide el impacto en comunidades, la transferencia de conocimiento a la sociedad, los programas de educación continua, el trabajo con gobiernos locales, la conservación ambiental, el desarrollo comunitario, la cultura y el patrimonio, o la vinculación con organizaciones sociales. Es decir, un profesor que dedica cientos de horas al año a trabajar con comunidades rurales, pescadores, agricultores o pueblos indígenas puede tener un impacto extraordinario para el país, pero ese esfuerzo apenas influye, o no influye en absoluto, en la posición de su universidad en el QS.

Pero el problema no es solo del ranking. Es también nuestro, de las propias universidades. Porque un profesor que dedica miles de horas al año a hacer monitoreo, educación ambiental, giras y contacto permanente con las comunidades para proteger un delfín, un jaguar o un ecosistema crítico como los bosques nubosos o el corredor biológico del Caribe o la integridad de la Reserva de la Biosfera La Amistad, tiene un peso marginal o nulo en el sistema universitario tal como está concebido. Ese esfuerzo heroico y silencioso, que demanda una logística enorme, que construye confianza con la gente y que genera conocimiento aplicado en el territorio, es ignorado tanto por el QS como por las métricas internas con las que evaluamos el desempeño académico. No suma puntos significativos para ascensos, no se cuenta como producción de alto valor, no se celebra en los informes institucionales. Y así, sin quererlo, las universidades desincentivan aquello que deberían estar promoviendo con mayor entusiasmo.

Quizás esta tendencia responde a que es mucho más fácil medir y exhibir indicadores de investigación que evaluar el impacto de la docencia y la extensión. O quizás hemos terminado aceptando que los rankings internacionales premian sobre todo la producción científica, mientras relegan a un segundo plano las otras funciones esenciales de la universidad.

Sí creo en las evaluaciones. Pero, sobre todo, en evaluaciones construidas desde nuestras propias prioridades, que nos permitan medir cada año si estamos formando mejores profesionales, fortaleciendo la docencia, generando investigación de calidad, impulsando la innovación, realizando una extensión universitaria efectiva y respondiendo a los desafíos del país.

Los rankings pueden ser una referencia. Nunca deberían convertirse en la razón de ser de una universidad pública. El verdadero éxito de una universidad no está en el lugar que ocupa en una clasificación internacional, sino en el equilibrio con que cumple sus tres grandes misiones: enseñar, investigar y servir a la sociedad.

Termino preguntando, dónde está el ranking de nuestras universidades en calidad docente y de extensión? Ser buen docente no implica ser buen investigador y buen extensionista y viceversa, aunque aspiremos a tener los profesores con las tres competencias bien desarrolladas.

* Universidad de Panamá y Proyecto Primates Panamá