La OEA lanza la Iniciativa del Sector Privado de las Américas

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  • 07/07/2026 00:00

Desde el año 2005, ya en el contexto de la suspensión de las conversaciones para la suscripción de un Acuerdo de Libre Comercio en las Américas, no se había impulsado una iniciativa que fomentara el multilateralismo y la integración de nuestras economías, como el vehículo esencial para atender los graves problemas estructurales de la región.

Desde ese entonces, con un hemisferio segmentado bajo bloques económicos (Mercosur, SIECA, Caricom, Comunidad Andina, Corredor T-MEC), el proceso de consolidación de las cadenas de valor encontró más obstáculos que oportunidades, en donde la noción teórica de facilitación al comercio finalmente respaldada desde la Organización Mundial del Comercio (con la aprobación del Acuerdo de Facilitación al Comercio - AFC – que entró en vigor el 22 de febrero de 2017), priorizó el suministro de materias primas más que el desarrollo de reales conglomerados productivos.

Y es que, América Latina es probablemente la región menos integrada del mundo, ya que el nivel de intercambios comerciales entre los países del hemisferio es hasta 4 veces menor que el de otras zonas de libre comercio, lo cual se explica precisamente en la profundización de los procesos de integración subregionales, experimentados en los últimos 20 años. La Unión Europea, en contraposición, comercializa hasta un 60% de lo que produce entre sus Estados miembros, lo cual en sí mismo es una fortaleza importante, y el mejor vehículo para consolidar sus cadenas de valor.

Es por ello que el reciente lanzamiento de la Iniciativa del Sector Privado de las Américas, en el marco de la 56ª Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), es un espaldarazo a la visión de un hemisferio unido en la persecución de los objetivos de desarrollo, paz y la prosperidad. Según se ha anunciado, la iniciativa “abordará los altos niveles de informalidad que persisten en la región, el acceso al crédito y bancarización, la necesidad de crear conglomerados para la generación de valor agregado en torno a industrias regionales, así como la necesidad de eliminar las barreras innecesarias que afectan el crecimiento y la competitividad empresarial, promoviendo soluciones prácticas en áreas como la atracción de inversiones, la logística, la modernización aduanera, y la infraestructura, donde la colaboración público-privada puede generar resultados concretos y un impacto económico significativo”.

El secretario general de la OEA, Albert Ramdin, señaló en el contexto del discurso de lanzamiento de la iniciativa que “el crecimiento proyectado de las Américas de un 2.3% para 2026 es insuficiente para cerrar las brechas estructurales que enfrenta nuestra región. Indicó que la capacidad de generar empleo y prosperidad por el sector privado crece cuando los gobiernos garantizan estabilidad, certeza jurídica y buenas prácticas de gobernanza”.

En este contexto, aplaudimos la decisión de la OEA. La acción llega en momentos críticos. En el reciente informe de perspectivas económicas publicado por La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), se recoge una fractura en la economía mundial, que ya habría anticipado en abril de este año, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva. Ambos organismos coinciden en el diagnóstico: el conflicto en oriente próximo ha sido un disparador de riesgo sistémico y de una desaceleración sincronizada de la economía global, en el que destacan como mecanismos de transmisión: el desempleo al alza, un marcado deterioro de la inversión y con ello el rebrote de las tensiones inflacionistas que en el escenario más adverso, para los países miembros de la OCDE escalaría 0,4 puntos adicionales en 2026, hasta el 4,7%, y otros 1,3 puntos en 2027, hasta el 4,3%. Un hemisferio unido explorando sus mejores capacidades, es el remedio natural e inmediato ante los retos que se plantean.

* El autor es socio Fundador de ITAS y asesor en políticas públicas, comercio exterior