Mayer: Gobernar no es castigar al que piensa distinto

Roberto Barrios | La Estrella de Panamá
  • 29/09/2026 00:00

Cuando el presidente Guillermo Endara me designó como alcalde de la ciudad de Panamá en diciembre de 1989, no tenía la menor idea de lo que significaba aceptar ese reto. Sabía lo que había aprendido en la escuela: era el jefe del municipio o distrito.

Tenía que aprender de cero porque, aunque tenía 5 años en la Asamblea Legislativa, la experiencia municipal terminaría siendo muy diferente a la nacional. Lo primero que hice fue contratar al mejor municipalista que había en esos tiempos, el profesor Héctor Pinilla, hombre organizado que sabía cuáles eran los límites del alcalde. Meses después, le pedí al contralor Rubén Darío “Chinchorro” Carles que estableciera mecanismos de control porque, con lo que encontré al llegar, el alcalde podía hacer con los recursos de la ciudad lo que le diera la gana. Al final de la dictadura, la tesorería municipal terminó siendo la caja chica del gobierno nacional y por eso varios habían ido a parar presos.

Promoví el mejor clima de respeto y discusión con los miembros del Concejo Municipal, ya que sin ellos ninguna gestión podía ser fructífera. Entre ellos había personas muy exigentes e independientes, aunque fueran miembros de mi mismo partido político. La periodista Migdalia Fuentes de Pineda en Pueblo Nuevo, Luis Eduardo Camacho en Calidonia, la profesora Nelly de Figueroa en Bella Vista, el sindicalista Poli Flores en Parque Lefevre y la activista social Astrid Wolf en San Francisco, por mencionar algunos, unidos al alcalde con discusiones y debates francos y directos.

Siempre privó el respeto y las puertas del despacho de la Alcaldía estuvieron abiertas para cada uno de ellos. Hicimos, en los 15 meses que estuve en el cargo, una gestión que se sintió ya que al inicio encontramos todo prácticamente destrozado por el desgreño de la dictadura en sus últimos días de vida y los incalculables daños causados por la intervención norteamericana.

Procuré hacer nombramientos independientes, como cuando reemplazamos al ingeniero municipal, le pedí a la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA) que presentara una terna de los mejores profesionales del municipio para de allí escoger al nuevo ingeniero municipal. La secretaria ejecutiva del despacho principal fue recomendada por una agencia de empleos especiales.

Hoy me preocupa lo que se ve en el municipio capitalino. Voté e hice campaña por Mayer Mizrachi, creyendo que, con humildad y su don de gente, podía hacer un buen trabajo con su juventud y las innovaciones que prometía llevar a la ciudad. Su perfecto balance fue su vicealcalde, Roberto Ruiz Díaz quien, como abogado especialista en administración pública, guiaba a la nueva Alcaldía por senderos de legalidad. Eso desapareció muy temprano por las desavenencias que tuvieron ambos por el manejo irregular que en algunas áreas se produjo y la ausencia de intenciones para corregirlas.

En la actualidad esa preocupación aumenta cuando vemos que el alcalde echa totalmente a un lado al representante de Parque Lefevre, Rody Rodríguez Olmos, simplemente porque no se suma al tambor batiente con que otros concejales le aprueban sin discusión todo lo que propone, como fue lo de la Policía Municipal, tan cuestionada hasta por el propio presidente Mulino. El único que no lo apoyó en esa aventura fue precisamente Rodríguez, quien, como en otras ocasiones pedía mayor discusión de la propuesta.

Mayer ha llegado al extremo de sacarlo del grupo de WhatsApp de los concejales como si Parque Lefevre no fuese un corregimiento del distrito capital, ignorando todas las peticiones que hace y recortándole los recursos que debería disponer, en igualdad de condiciones con los demás concejales. Como si la hubiese agarrado, no con Rodríguez, sin contra todos los residentes del popular corregimiento capitalino.

Opino que en los dos años y medio que quedan de su mandato, Mayer Mizrachi tiene la posibilidad de corregir esa particular manera de actuar, no solo por su bien personal, sino también por el de todos los que vivimos en esta ciudad. Errar es de humanos. Corregir es de sabios. Trabajando juntos se logra mucho más.

* El autor es analista político