Neira de Calvo y el Perú
- 22/04/2026 08:17
“Creo que el futuro nos depara la oportunidad de trabajar con la Liga de Mujeres Votantes para la realización de ideales comunes a las mujeres de América del Norte y del Sur” (Esther Neira de Calvo, delegada panameña en la primera CPM, 1922).
Marcilhacy (2026) señala que la Primera Guerra Mundial constituyó un parteaguas en la historia de las mujeres y de los movimientos feministas en América Latina. “En la década de 1920 acontecieron los primeros congresos panamericanos especialmente dedicados al tema de la condición femenina, celebrándose cinco con este carácter a lo largo de la década”: Baltimore (1922), Lima (1924), Washington (1925), Panamá (1926) y La Habana (1928).
Acaban de cumplirse cien años de la Segunda Conferencia Panamericana de Mujeres (CPM) celebrada en Lima del 21 de diciembre de 1924 al 6 de enero de 1925 en la que participaron las delegadas de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Estados Unidos de América, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. La presidencia del encuentro recayó en la limeña Mercedes Gallagher de Parks quien “fue una figura clave en la vida cultural peruana de la primera mitad del siglo XX. Participó activamente en diversas instituciones: fundó el Consejo Nacional de Mujeres en 1923, fue vicepresidenta de la Sociedad Filarmónica de Lima entre 1928 y 1930, integró la fundación de la Sociedad Peruana de Filosofía y lideró el Comité Ejecutivo de la Obra Vocacional Franciscana [...] y desde el Consejo Nacional de Mujeres promovió el diálogo entre diversas corrientes del feminismo peruano” (Portal Congreso Nacional, 2025).
La primera secretaria general de la conferencia fue otra limeña, Amparo Ayarza de Gálvez recayendo en la arequipeña María Manuela Zevallos de Ramírez la conducción de la delegación peruana de la que formó parte otra poderosa representante del movimiento feminista la escritora Elvira García y García. Otras delegadas peruanas fueron Margarita Alayza, secretaria general alterna, la poeta Amalia Puga de Lozada, Francisca Paz Soldán, Luisa Dammert de la Sociedad Auxiliadora de la Infancia, María Dibós Dammert, nieta de la educadora Juana Alarco de Dammert, y María Maguil (Revista Mundial, Edición Especial para los Departamentos de Cuzco y Arequipa, diciembre 1928). La delegada panameña fue Esther Neira de Calvo quien ya había participado en la primera CPM celebrada dos años antes.
“El Acta Final de la Segunda Conferencia fue firmada por las delegadas de [...] Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Perú, Uruguay. Las delegadas de Cuba, del Paraguay y de los Estados Unidos expresaron verbalmente su aprobación del Acta, aunque no pudieron firmarla, por haberse retirado temprano de la Conferencia” (Vertua, 2026).
Según Marcilhacy (2026), Esther Neira de Calvo, pedagoga formada en Bélgica e identificada con “el ala liberal moderada del feminismo continental, tuvo un destacado protagonismo que reflejaba el progreso del movimiento feminista en el istmo”.
El antecedente de esta reunión fue la primera Conferencia Panamericana de Mujeres que se llevó a cabo hace 104 años en Baltimore, Estados Unidos, del 22 al 29 de abril de 1922, “congregando a delegadas de 32 países y de dos provincias de Canadá. Además, hubo 23 delegadas de organizaciones extranjeras, ocho delegadas personales de países extranjeros y varias delegadas personales de Estados Unidos” (Vertua, 2026). En aquella ocasión Esther Neira de Calvo representó a Panamá mientras que el Perú tuvo a la escritora y traductora Carmen de Pinillos acompañada por Margarita Conroy, Zerla Antay y Laura Meneses del Carpio.
La primera conferencia “creó la Asociación Panamericana Permanente para el Progreso Femenil, conocida subsecuentemente con el nombre de ‘Unión Interamericana de Mujeres’, organización que ya no funciona. Además, se discutieron durante las sesiones varios temas, entre ellos, bienestar del niño; igualdad jurídica y política de los sexos; horas de trabajo; condiciones de vida” (Vertua, 2026).
Regresando a la figura de Esther Neira de Calvo, Marcilhacy (2026) afirma que su “idea era aprovechar el centenario del Congreso Anfictiónico para activar las conexiones ya establecidas con mujeres de varios países americanos comprometidas en la cuestión femenina” para llevar a cabo el Congreso Interamericano de Mujeres de 1926 que, finalmente, se realizó del 17 al 26 de junio de ese año siendo “las delegaciones de Panamá, Cuba y Perú, las más activas en aquella asamblea”. La presidencia recayó en la joven boliviana Ana Rosa Tornero, con 19 años, “pero cuya trayectoria feminista ya era más que apreciable, al haber fundado la revista Ideal Femenino (1922) y participado en la primera asociación feminista de Bolivia, el Ateneo Femenino (1923)” (Revista La Moderna, 1926). La conferencia cerró con un té danzante organizado por Neira de Calvo en el Palacio de España en honor de las sesenta y siete delegadas donde se rindió tributo a la pollera panameña (Estrella de Panamá, 26 junio 1926).
La magnitud del Congreso Interamericano de Mujeres de Panamá se midió por su legado de nuevas voces políticas y demostró que las feministas latinoamericanas podían estar a la vanguardia del combate por los derechos de la mujer.