No llores por mí... Venezuela
- 17/02/2026 00:00
Titular mi artículo parafraseando un discurso de Eva Perón de hace ochenta años, para referirme al estado de Venezuela este martes de Carnaval, no es una casualidad. El día de máximo jolgorio, cuando la mayoría de la gente está ocupada en otra actividad ajena a las letras y a los periódicos, puede parecer una paradoja. Sin embargo, constato una realidad que aún algunos ven con alegre ánimo teatral o con rechazo, pues conviene a su concepción ideológica vital, lo único que les permite justificar su limitada integridad existencial.
Aprehender violentamente y llevar a un tribunal de Nueva York al jefe de Estado (ilegítimo, por supuesto) de Venezuela, junto con su esposa, acusados de graves delitos, es, para muchos, un acto de justicia y, para otros, uno de indebida injerencia externa a la luz del derecho internacional. Sorprende el resultado imperfecto de descabezar un régimen inmundo que cuenta con menos del 10% de la aprobación del electorado según las últimas elecciones nacionales (que el mismo régimen abyecto ejecutó), cuyos datos en su mayoría se encuentran en actas depositadas en la bóveda del Banco Nacional de Panamá, sin incluir en ellas a los ciudadanos venezolanos adultos entre los más de ocho millones que han emigrado, un cuarto de la población total, huyendo de la tiranía y de la miseria que ese régimen ha provocado, y a quienes se les impidió votar.
El resultado imperfecto aparece cuando siguen gobernando los mismos responsables del gran desastre de un país que ha padecido durante el primer cuarto del siglo XXI, una pantomima siniestra de respeto por la democracia representativa, ahora vendidos a los más poderosos, codiciosos e implacables mercaderes del petróleo, insensibles a la falta de democracia de los venezolanos.
Sigue gobernando de facto en Venezuela, sin una pizca de legitimidad, una verdadera pandilla que controla todos los órganos del Estado: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Pandilla sustentada por un ejército corrupto y grupos especializados de cubanos enviados a esa función y pagados con el petróleo venezolano, por un Estado totalitario, que también ha sometido por la fuerza y la brutalidad (con el pretexto, desde hace décadas, ya poco creíble, del embargo estadounidense), durante más de sesenta años, a lo que fue la isla más próspera y avanzada de todo el Caribe y que, de haber seguido su proyección, con una verdadera democracia representativa y libertad auténtica, sería hoy una de las naciones más desarrolladas de toda la región y del mundo. Una Cuba que, en la práctica, es un Estado fallido por la persistencia de un sistema perverso y arcaico, con la mayoría de la población sumida en la más terrible miseria, careciendo de libertad y de esperanza.
Se trata de una Cuba que es uno de los pocos países que aún no han comprendido los resultados del derrumbe del bloque soviético a finales de la década de 1980, cuyos estados satélites contaban con élites y poblaciones mejor dispuestas que adoptaron de manera inmediata la democracia liberal en Europa Oriental, mientras que una Rusia ahora nuevamente autocrática y oligárquica ha adoptado la economía de libre mercado, el capitalismo, para recuperar la potencia que le ha permitido hacer la guerra ilegal e inmoral a Ucrania y amenazar a toda Europa. Una Cuba cuyos dirigentes ni siquiera comprendieron que lo que han hecho Vietnam y la República Popular China, Estados asiáticos aún bajo regímenes totalitarios de partido único, que han adoptado igualmente el capitalismo, el mejor medio para enriquecer a su población y sacarla de la miseria y encaminarla a engrandecer sus naciones, para convertir a China, por ejemplo, en una gran potencia más moderna. Una Cuba que, por el contrario, con la infame complicidad de los dirigentes venezolanos en el poder, Chávez y luego Maduro y sus camarillas, exportó a Venezuela el error y el atraso colectivos.
Panamá, aun cuando cuenta con una democracia imperfecta, corroída por la corrupción pública y un pueblo sometido a una educación de muy baja calidad, por fortuna todavía sigue apoyando al pueblo venezolano y su aspiración, inmensamente mayoritaria, por acceder a una auténtica democracia y a la verdadera libertad, sin presos ni perseguidos políticos, con el reconocimiento pleno de sus autoridades elegidas por abrumadora mayoría, las legítimas, el presidente Edmundo González Urrutia y su líder política indiscutible, María Corina Machado. Es la posición del presidente José Raúl Mulino al mismo tiempo que sigue esforzándose por colocarnos cada vez más en el ámbito internacional, complejo, amenazante y cambiante, del que habíamos desaparecido en la práctica. ¡Aunque sea martes de Carnaval, no debemos olvidarlo!