Notas sobre la diplomacia panameña

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  • 20/10/2026 00:00

Después de más de medio siglo dedicado al estudio de la geografía, de la historia y a la política exterior de Panamá, adelanto una breve reflexión sobre algunos aspectos de la diplomacia panameña. El 4 de noviembre de 1903 se creó la Secretaría de Relaciones Exteriores. Durante décadas el servicio exterior, con algunas legaciones y consulados en el extranjero, era un botín de la diminuta oligarquía municipal. Eran los tiempos de lo que he bautizado como la “república de los primos” que también se repartieron los escasos cargos en el exterior. Con poca gente educada para ocuparlos había que ofrecer posibilidades a los parientes de diversos gobernantes para establecerse en Norteamérica y Europa, particularmente para facilitar la educación de su prole. Ese sistema sobrevivió, muy ampliado, más de un siglo.

En 1941 de Secretaría pasamos al Ministerio de Relaciones Exteriores y en 1957 se estableció la carrera diplomática y consular cuando era canciller Aquilino Boyd con Ernesto Castillero Pimentel como vicecanciller.

En la década de 1970 Panamá, después del trabajo arduo de un grupo multi profesional y el liderazgo del general Omar Torrijos Herrera, obtiene el mayor triunfo diplomático de su historia al firmarse en 1977 y finalmente poner en vigor en 1979 los Tratados Torrijos-Carter que resuelven nuestro problema existencial. Sucedió con un cuerpo de asesores del Órgano Ejecutivo Nacional en el Ministerio de Relaciones Exteriores, compuesto cuando era canciller Juan Antonio Tack, de funcionarios experimentados, políticos, juristas, científicos sociales, ingenieros y diplomáticos, como Galileo Solís, Ignacio Molino, Juan Antonio Stagg, Julio Noriega, César Martans, Carlos López Guevara, Simón Quirós Guardia, Jorge Illueca, Diógenes de la Rosa, Boris Blanco y Omar Jaén Suárez. Después se añadieron Julio Yau, Flavio Velásquez, Xavier Gorostiaga y Ricardo Arosemena. Desde nuestra embajada en la ONU colaboraba Aquilino Boyd, artífice del Consejo de Seguridad en Panamá en 1973, que fue jefe negociador en 1976. Lo completó en 1977 el equipo negociador presidido por Rómulo Escobar y Aristides Royo.

Los consulados de marina mercante que más dinero producían a sus titulares, y algunas embajadas, seguían siendo coto privado de personajes de la cúpula política. Se nombraba afuera más gente por influencia que por aptitud. Aunque era un cuerpo de funcionarios relativamente privilegiado, el servicio exterior no contaba con protección social en el extranjero y, salvo muestras Embajadas en Washington (bilateral y OEA), no teníamos inmuebles propios.

Cuando llegamos a la Cancillería Gabriel Lewis Galindo y mi persona, decidimos trabajar por su modernización y mejorar el servicio exterior. Antes de tomar posesión del cargo de vicecanciller, en 1994 viajé a Ecuador y Brasil para conocer sus Ministerios de Relaciones Exteriores. Estuve en “Itamaraty”, Brasilia, donde admiré la mejor cancillería del continente. En su Instituto Rio Branco eran reclutados los aspirantes, mediante un procedimiento de selección rigurosa; solo los excelentes eran aceptados y triunfaban. Me explicaron, además, que los fondos recaudados en los consulados se dedicaban a la adquisición y mantenimiento de inmuebles diplomáticos de Brasil en el exterior, los mejores de países de América Latina y el Caribe, y que sólo había un embajador de origen político.

El modelo también nos inspiró para preparar una nueva ley orgánica de Relaciones Exteriores y modernizar, según los estándares de la ONU, el reclutamiento, los emolumentos, y las prestaciones sociales del servicio diplomático y consular panameño. Queríamos promover más a Panamá y crear una verdadera Academia Diplomática en la Cancillería (con una rica biblioteca-archivo) para formar a los diplomáticos de carrera, durante al menos un año, seleccionados rigurosamente. La enfermedad del canciller Lewis, su fallecimiento en 1996 y mi renuncia al cargo de vicecanciller liquidaron ese proyecto. Sólo sobrevivió el programa para la nueva sede del Palacio Bolívar con varios millones que dejamos para iniciarlo y los principales entes que creamos: el Viceministerio de Asuntos Multilaterales y Cooperación y Propanama.

Finalmente, en 1999 se adoptó una Ley Orgánica del Ministerio de Relaciones Exteriores, que otorgaba exclusividad en el reclutamiento para la carrera diplomática a los graduados en relaciones internacionales, desconociendo la evolución de la diplomacia que demandaba desde hacía décadas un reclutamiento profesional mucho más amplio y de calidad. Con una realidad geopolítica más compleja, también se necesitaban economistas, abogados, geógrafos, científicos, ingenieros, historiadores y sociólogos egresados de las mejores universidades del mundo.

Hemos tenido un progreso relativo cuando cada vez más miembros de nuestro servicio exterior son diplomáticos de carrera, hasta embajadores, y que algunos jefes de misión, profesionales nombrados por motivos políticos funcionan perfectamente, incluso mejor, pero igualmente hay lo contrario. Una institucionalidad fortalecida, sin corrupción, crea más confianza también afuera. En verdad, queda un largo camino por recorrer para mejorar todo el sistema y explicar más a la opinión pública panameña la realidad geopolítica y diplomática del mundo de hoy.

Todavía hay gente, inclusive educada, que no comprende que necesitamos un fuerte aparato diplomático más profesional y que entre las responsabilidades cimeras de los presidentes de la República está visitar otros países e instituciones internacionales, frecuentar más colegas extranjeros, promocionar los atractivos de Panamá y otorgar prioridad a las relaciones con el resto del mundo. Un país como el nuestro, que por su tamaño y su posición estratégica depende esencialmente del exterior para su seguridad y su bienestar, necesita esa visión y acción proyectada desde la más alta autoridad, como sucede ahora con el presidente Mulino apoyado por el canciller Martínez-Acha.

Creo que la diplomacia en manos de profesionales con capacidades comprobadas, que actúan en un escenario de tanta competencia internacional, es una actividad esencial para la supervivencia, el desarrollo y la prosperidad de Panamá.

* El autor es geógrafo, historiador y diplomático