Panamá regresa al mundo
- 03/02/2026 00:00
Tras cinco años de casi total ausencia, podemos decir, con satisfacción y esperanza, que Panamá vuelve a tener la presencia que le corresponde en la comunidad internacional, a pesar de la dificultad de los tiempos y de la geopolítica mundial.
Lo que parecía una calamidad permanente se ha transformado en una expectativa cumplida. De la misma manera que el general Omar Torrijos Herrera hizo de su política internacional la marca más sobresaliente de su régimen –gracias a los Tratados Torrijos-Carter-, el presidente José Raúl Mulino Quintero parece encaminarse por senda semejante, aunque en asuntos diferentes, al finalizar el primer cuarto del siglo XXI.
Desde hace muchos años, basado en el conocimiento de la historia de Panamá, reitero que, por nuestro tamaño geográfico y demográfico, dependemos, para nuestra seguridad y prosperidad, esencialmente del mundo exterior. Nuestro país, dotado por la geografía y la historia de una situación geoestratégica excepcional, debe conectarse con el resto del mundo de manera óptima. En consecuencia, debemos otorgar prioridad y recursos para fortalecer las relaciones con la comunidad internacional, comenzando por los verdaderos amigos, aquellos con los que compartimos los valores de la democracia y nos aliamos para transitar mejor por el complejo orden internacional naciente, cada vez más multipolar.
La conducción acertada de la política exterior tiene diversos participantes. Sobresale el jefe de Estado, con mayor beligerancia en todas partes. Los encuentros entre gobernantes han sido un rasgo distintivo desde hace más de medio siglo. Aquellos que critican dichos encuentros y los desplazamientos para hacerlo ignoran mucho del tema. Los viajes de los diplomáticos, comenzando en nuestro caso por el presidente de la República, no son gratos paseos turísticos. Son indispensables y requieren preparación, esfuerzo incesante y trabajo incansable para asegurar la promoción externa y eficaz del país. Todavía más cuando su destino se encuentra en otros continentes y hay que padecer el “jetlag”, las molestias causadas por el desfase horario, en viajes de pocos días.
¿Dónde estamos hoy en el mundo? Una mirada objetiva nos dice que el balance sobre política internacional, con 18 meses de la administración Mulino, es notable. Luego de 19 viajes presidenciales a países de América, Europa y Asia, con resultados concretos, hemos logrado un liderazgo panameño renovado, acuerdos de amistad y de cooperación, atraer nuevas inversiones, otras adhesiones al Protocolo del Tratado de Neutralidad Permanente del Canal y el ingreso de Panamá en el Mercosur, además de asegurar una presencia destacada en el Consejo de Seguridad de la ONU. Añadimos el Foro Económico de América Latina y el Caribe, que organizó en nuestra capital en enero de 2026, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) con el apoyo del Gobierno nacional, y la participación de importantes expertos y nueve mandatarios de la región, de diversos signos políticos e ideológicos, quienes compartieron ideas y reiteraron su solidaridad. Panamá actuó como un exitoso lugar de encuentros y convergencias, de América Latina y el Caribe, para enfrentar realidades geopolíticas más duras.
Mientras tanto, el presidente panameño ha sorteado, primero con sobresaltos, luego con paciencia y finalmente con eficacia, las amenazas contra el Canal de Panamá y la situación de la rivalidad entre los Estados Unidos y la República Popular China, conflicto geopolítico en el que podríamos ser una víctima colateral. Algunos no entienden esta situación, a pesar de lo que han visto recientemente en Caracas.
El Gobierno panameño prepara para el próximo mes de junio la celebración en nuestra capital de la Asamblea General de la OEA y, aún más relevante, la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, en conmemoración del Bicentenario del Congreso Anfictiónico de 1826. Por precaución y experiencia, debo ofrecer mi testimonio para evitar errores que empañaron el Congreso Internacional del Canal de Panamá de 1997. Antes de ocupar el cargo de vicecanciller propuse a Gabriel Lewis Galindo, desde 1994, la idea de dicho congreso. Renuncié a mi cargo en 1996 -año del fallecimiento del canciller Lewis- y advertí, desde afuera, los graves errores que terminaron con resultados del congreso alejados de las expectativas: un moderado triunfo técnico, pero un gran fracaso político-diplomático cuando solo tres jefes de Estado (México, Perú, Honduras) asistieron y la ONU retiró su apoyo. Sucedió porque, sin medir la realidad geopolítica, sus responsables privilegiaron la presencia del presidente de Taiwán, lo que provocó el boicot exitoso de la China Popular, gran potencia ascendente.
Panamá es una pequeña potencia geopolítica porque tiene el control de la llave del paso entre el Atlántico y el Pacífico en medio del continente, con la mayor plataforma regional de logística. Con ese activo debemos continuar trabajando para fortalecer la seguridad, el progreso y la estabilidad de Panamá, pero también de toda la región. Podemos reforzar nuestro pensamiento geoestratégico con mayor coherencia y mantener vigente nuestro compromiso con la democracia, para que verdaderamente regrese a Venezuela, Cuba y Nicaragua, e impedir que, si bien practican una democracia deficiente, se vea afectado el resto de nuestros países.
Debemos, además, seguir los consejos del Premio Nobel de Economía (2025), el francés Philippe Aghion, quien hizo en el mencionado Foro de la CAF el inventario de los obstáculos al crecimiento y desarrollo de América Latina y el Caribe: en síntesis, la corrupción impune, la insuficiente educación de calidad, la falta de competencia, de innovación y de protección de derechos, la excesiva burocracia y la débil institucionalidad. ¿Podremos combatir y superar esas fallas en Panamá para afianzar nuestro regreso al mundo?