Panamá y el tesoro de Lima
- 18/01/2026 07:54
La enigmática y paradisíaca Isla del Coco en el Océano Pacífico, quinientos kilómetros frente a Costa Rica, aún encierra el fabuloso tesoro de Lima. La isla fue descubierta en 1526 por Juan Cabezas pero se mantuvo inhabitada. “En los siglos XVII y XVIII fue refugio para los piratas más notorios [...] entre ellos los legendarios capitanes Morgan, Edward Davies y William Thompson” (Martínez-Pinna,2021). Su abundancia de agua dulce y la proliferación de alimentos la convirtió en un punto de abastecimiento necesario para las propelías piratas más aún si se toma en cuenta “que entre la costa de Panamá y las islas Galápagos no había ningún otro sitio donde hacer escala” (Martínez-Pinna, 2015). Su belleza y forma habría inspirado a Robert Louis Stevenson para su novela “La isla del tesoro”.
El tesoro de Lima es considerado como uno de los más fabulosos de todos los tiempos constituido por los caudales del virreinato, así como por el oro y la plata de las iglesias de la capital peruana. En octubre de 1820, ante el empuje del ejército libertador de San Martín y el peligro de que el Tesoro del Perú cayese en manos de los independentistas, el virrey Joaquín de la Pezuela contrata el “Mary Dear” capitaneado por William Thompson con la misión de evacuar el tesoro y llevarlo a Panamá. El buque inglés zarpó de El Callao el 22 de aquel mes, sin embargo, pocas horas después Thompson y la codiciosa tripulación degolló a la guardia enrumbando hacia la isla del Coco donde enterraron el botín. Luego, confiados, se dirigieron a Panamá, pero a mitad de la travesía fueron interceptados por el “Peruvian” que había salido en su persecución. Uno a uno los tripulantes fueron interrogados y por su silencio cómplice, fueron fusilados. Los tres últimos piradas -Thompson entre ellos- decidieron confesar que el tesoro estaba en la isla (aunque sin precisar el lugar exacto) y fueron llevados a Panamá para ser procesados judicialmente. Desafortunadamente, una epidemia de gripe se había desatado en el istmo lo que diezmó a la tripulación española y permitió la fuga de los tres ingleses, dos nadaron hasta un ballenero estadounidense que se dirigía a Kona en las islas Sandwich en Oceanía mientras que Thompson de internó en la selva panameña y aquí difieren las historias; para unos, no se supo más de él llevándose el secreto a la tumba y, para otros, Thompson sobrevivió y llegó a La Habana donde, en 1844, le contó su historia a John Keating, primer oficial de un buque canadiense (Martínez-Pinna,2021).
Esta versión contradice aquella otra sostenida por García Montero (1965) que coincide en señalar que el virrey decidió salvar el Tesoro del Perú, pero difiere de la versión de Martínez-Pinna en el año y el momento. Las riquezas se embarcan en el “San Antonio” que es escoltado por las fragatas armadas “Piedad”, “Especulación” y “Alción”. El convoy zarpó rumbo a Guayaquil el 27 de diciembre de 1818. Al día siguiente el “San Antonio” es interceptado y saqueado por el pirata William Read al mando del “Mary Dear” quien entierra parte del botín en Ancón, en la costa peruana. Según el investigador peruano, el cargamento capturado comprendió: 144 barriles de oro y plata, 200 cofres de joyas, 273 espadas con incrustaciones preciosas, mil diamantes, 150 cálices religiosos, 113 estatuas de oro (Jaime Bedoya, Diario El Comercio,2017). “La más impresionante de ellas era de una Virgen María de siete pies de altura que lleva en brazos al Niño Jesús. Estaba hecha de oro puro, con un pectoral de esmeraldas y topacios en la corona. Read en sus escritos menciona el navío pirateado como el Antonio, a secas” (Jaime Bedoya, Diario El Comercio,2017).
El investigador costarricense Arias Sánchez (2025) afirma que “la leyenda del Tesoro de Lima adquiere una credibilidad preponderante gracias a una publicación aparecida en 1898 en periódicos de Canadá y Estados Unidos. Su autor, el marino irlandés Patrick Nicholas Fitzgerald, aseguraba haber conocido en Terranova a un hombre anciano y enfermo llamado John Keating, quien afirmaba haber descubierto la cueva del Tesoro de Lima en la Isla del Coco. Según Fitzgerald, Keating se convirtió en un hombre rico y conservaba en su casa varias monedas de oro que respaldaban su historia”. Dicho historiador sostiene que corroboró que una parte de las monedas de oro y alhajas fueron recuperadas por Keating -y su socio Boag- en 1841 (aunque Martínez-Pinna señala 1844) cuando expedicionaron en la isla y que algunas piezas permanecen en poder de la familia Boag (Diario La Nación de Costa Rica, 2025). Todo indica que el 2026 podría traer la sorpresa de un nuevo hallazgo en aquel mítico territorio si se ajustan las garantías necesarias para preservar el ecosistema de una isla considerada Patrimonio Natural de la Humanidad.