Pensar fuera de la caja y desafiar el ‘statu quo’

  • 28/06/2026 00:00

Los gobernantes deberían pensar más en cómo fomentar el tipo de cultura y crear el modelo de instituciones que se requieren para generar más innovación, más prosperidad y más paz para el mundo.

Una de mis mayores decepciones es la actitud de los gobiernos hacia la inmigración. Tiendo a ser algo libertario en lo que respecta a la inmigración. Quiero que la gente pueda migrar a través de las fronteras internacionales. No de forma totalmente ilimitada, pero sin duda con mucha más libertad de la que se tiene ahora. Por ejemplo, nos faltó visión como panameños para aprovechar a los miles de sirios que huyeron de la guerra civil en ese país. No se puede decir que no había espacio; hay espacio de sobra. Muchos de estos sirios tenían una buena educación y formación: ingenieros, farmacéuticos, médicos, etc. Estoy seguro de que aprenderían español con el tiempo. De verdad, debimos haberlos acogido y permitido su entrada.

Pero no lo hicimos. Porque nuestra actitud actual hacia el progreso es retrógrada y sobre todo contraproducente. Uno de los mayores errores que cometemos es mantener profesiones exclusivas para los panameños. Es totalmente absurdo. Deberíamos permitir que personas capacitadas, entrenadas y educadas puedan emigrar y trabajar en Panamá. Profesionales y técnicos que quieren aportar su experiencia y conocimiento, que quieren enviar a sus hijos a la universidad, y que pagarían impuestos y cotizaciones al Seguro Social.

En lugar de perseguirlos y deportarlos a lugares remotos, deberíamos como sociedad establecer una política para aprovecharlos. Y no somos solo nosotros. Sucede y en peor forma en Estados Unidos y muchos países de Europa donde existe un sentimiento generalizado en contra de los inmigrantes. Supongo que, en ese sentido, soy multiculturalista y me siento cómodo viviendo en un lugar donde la gente se ve diferente, habla diferente, come diferente. La mitad de las personas que viven en mi barrio habla hebreo o alguna de las diversas lenguas europeas. No me molesta en absoluto, incluso resulta agradable verlos caminar en familia hacia las sinagogas o en la cinta costera. No necesariamente tengo que invitarlos a comer en casa, pero podemos convivir juntos y de paso crear empleos.

La idea de que los inmigrantes cometen más delitos que los nacidos en el país es una completa falsedad. Todas las estadísticas muestran lo contrario. La mayoría pertenece a un segmento superior en ingresos, educación y cultura. Desde mi perspectiva, Panamá debería aprovechar mejor esta coyuntura con un orden legal adecuado. En muchos lugares, los inmigrantes contribuyen a mejorar la curva socioeconómica y el nivel de innovación, porque si intentas algo y fracasas, tienes que volver a empezar.

Los panameños cuando fracasan, lo primero que hacen es buscar culpables y pedir subsidio estatal. Y eso es un ancla para el progreso. Recuerdo haber leído hace años sobre una famosa entrevista que le hicieron a Thomas Edison cuando trabajaba en la bombilla incandescente. Un periodista le preguntó si había obtenido resultados, y él respondió: “Sí, he obtenido muchos resultados; conozco cinco mil cosas que no funcionan”. Se necesita una sociedad donde se permita a la gente fracasar.

Una de las razones por las que la Revolución Industrial triunfó en Inglaterra —no la única, quizás ni siquiera la más importante, pero sin duda una que contribuyó— es que, en Gran Bretaña, incluso si fracasabas, no te morías de hambre. Porque Gran Bretaña tenía una ley de beneficencia que estuvo vigente hasta 1834. Si parecía que ibas a morir de hambre, tu comunidad local, tu parroquia local, se encargaba de asegurarse de que no lo hicieras. Así que estabas más dispuesto a correr riesgos simplemente porque, si fracasabas, al menos tus hijos no morirían de hambre. Creo que ese es un componente realmente importante del dinamismo tecnológico: permitir que la gente fracase. Esa es una gran ventaja de la economía anglosajona, pero también lo es para muchos otros países asiáticos.

Y con la aceleración con que está cambiando el mundo es preocupante que no nos hayamos adecuado. En el pasado, a pesar que los cambios son rápidos, siempre fueron lo suficientemente lentos como para permitir que las instituciones se adaptaran. En cierto modo, esto guarda paralelismo con la teoría de la evolución, la cual básicamente plantea que los cambios en el entorno inducen la adaptación. Así, las especies pueden adaptarse a entornos cambiantes siempre que estos no sean abruptos. Si son muy abruptos y radicales, la especie se extingue. Cuando un asteroide impactó contra la Tierra, todos los dinosaurios se extinguieron porque el entorno cambió súbitamente y no hubo tiempo de reacción. Pero los mamíferos, incluyendo los seres humanos, en el período posterior se adaptaron a muchos entornos cambiantes y aquí estamos: vivos y coleando.