Propuesta de reactivación de la Academia de la Historia de Panamá
- 07/04/2026 00:00
La Academia de la Historia de Panamá fue creada el 16 de mayo de 1921 mediante su acta de constitución firmada por Ricardo J. Alfaro, Octavio Méndez Pereira y Enrique J. Arce. Ella existe, pero ha estado inactiva desde hace varias décadas. Sus estatutos dictaban que, al morir un miembro de número, su junta directiva convocaría una reunión de los miembros sobrevivientes para proceder a la elección del miembro titular que ocuparía el sillón del fallecido. Eso no ocurrió en esas décadas y, después de perder a numerosos académicos, incluidos su presidente y secretario, solo quedamos dos: el doctor Alfredo Castillero Calvo y yo.
Desde hace varios años he estado proponiendo públicamente subsanar esa situación y, finalmente, la ministra de Cultura ha respondido a mi inquietud. De tal manera, la ministra María Eugenia Herrera me invitó hace unos días a conversar sobre el tema. Allí, presentó una propuesta de resolución ministerial para reorganizar la Academia de la Historia de Panamá, preparada por la burocracia ministerial (que me compartió anteriormente por correo electrónico), que, según la opinión de historiadores y grandes juristas, desconocía el espíritu de las normas antiguas y la larga tradición de su funcionamiento autónomo. Por ello, le presenté por escrito una contrapropuesta de reactivación de dicha academia que solucionaba esos problemas, la cual aceptó gustosamente.
Mi propuesta, tal como lo entendí, se convirtió en la de la ministra Herrera, contemplaba la constitución de una Comisión de Reactivación, que ella presidiría. Como las normas de los estatutos de la Academia relativas a la elección de nuevos académicos no se pueden cumplir por falta de académicos de número suficientes, se propuso que los dos académicos supervivientes que lo desearan nombrasen a los nuevos académicos de número. Así, los nuevos académicos tendrían plena legitimidad legal, intelectual y moral. Estos, a su vez, nombrarían a los académicos correspondientes, entre los que se escogería, en el momento del fallecimiento de alguno, a los nuevos académicos de número. Todo esto con la intención de reactivar una verdadera Academia de la Historia, y no simplemente una asociación de “amiguetes” como a veces sucede en Panamá.
He propuesto, como académicos de número, en atención a su elevada formación en ciencias sociales, su importante obra sobre asuntos de historia, sus méritos y su intachable y dilatada trayectoria profesional en Panamá, a las siguientes personalidades: los doctores Alfredo Figueroa Navarro, Celestino Andrés Araúz Monfante, Mario Molina Castillo, Patricia Pizzurno Gelós, Carlos Cuestas Gómez, Ana Elena Porras Guizado, Stanley Heckadon Moreno y al eminente jurista e historiador Óscar Vargas Velarde. Todos, en realidad, debieron haber sido elegidos hace ya décadas. Todos son cargos ad honorem, por supuesto.
Los nuevos académicos de número, junto con los dos académicos supervivientes, elegirán su Junta Directiva y designarán otros académicos de número que estimen convenientes para completar, si así lo desean, veinte. Luego, la Academia completa, como ente autónomo, procedería a reorganizarse y a elegir a los miembros correspondientes. Finalmente, anunciaría con prioridad su reactivación a las demás academias de historia de Hispanoamérica, algunas de las cuales también son de Geografía e Historia (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, El Salvador, Uruguay y Venezuela) y a la Real Academia de la Historia de España.
También propuse lo que mereció la aprobación entusiasta de la ministra Herrera, que el Ministerio de Cultura brindara apoyo especializado a la Comisión Reactivadora, dentro del marco de sus competencias, así como facilitar espacios físicos e infraestructura, proporcionar personal de apoyo (secretaría, archivo, logística), aportar documentación y expedientes históricos, elaborar informes administrativos, presupuestarios o legales cuando la Comisión Reactivadora lo solicitara, y garantizar el acceso a los archivos y fondos documentales custodiados por el Ministerio.
Quedaba pendiente el asunto de los recursos, pues la Academia había perdido su sede, su mobiliario, sus archivos y su biblioteca, que se encontraban en el Palacio Municipal del Distrito de Panamá. Así se propuso que el Ministerio de Cultura, de acuerdo con sus fines, recursos y funciones, brindaría a la reactivada Academia Panameña de la Historia facilidades temporales para su funcionamiento, como locales y personal de secretaría, biblioteca y sala de reuniones, hasta que el Estado le proporcione un inmueble y recursos apropiados y dignos de su importancia. La ministra Herrera, siempre atenta a la promoción del conocimiento de la historia, barajó varias alternativas interesantes.
La celebración del bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá en nuestra capital este año, que reunirá también a representantes de otras academias de la historia, particularmente de los países bolivarianos, nos ha movido a proponer nuevamente la adopción de esta decisión indispensable e histórica que considera los mejores intereses de la República de Panamá y renovará la vida académica de nuestra ilustre y centenaria institución que hace ya varias décadas tratamos de reactivar, lamentablemente sin éxito, los académicos Jorge Conte Porras, Diógenes de la Rosa, Roberto de la Guardia, Carlos A. Mendoza y Omar Jaén Suárez. Confiamos en que ahora el Gobierno nacional, bajo la presidencia de José Raúl Mulino Quintero, también lector asiduo de la historia panameña, con el apoyo de la ministra Maruja Herrera Correa, pueda hacer realidad la correcta reactivación de la Academia Panameña de la Historia y contribuir poderosamente a dotar al país de una institución rejuvenecida.