¿Tiene futuro la región de América Latina y el Caribe?

Archivo | La Estrella de Panamá
  • 22/09/2026 00:00

¿Pregunta impertinente? Como geógrafo debo constatar que la subregión de América Latina y el Caribe está repleta de recursos cada vez más valiosos (agua, alimentos, minerales), con una población que enfrenta grandes desafíos demográficos, económicos, educativos, ambientales e institucionales. Se añaden los retos externos relativos a la evolución de la geopolítica regional y global.

¿Qué es la América Latina y el Caribe? Es un conjunto de 33 Estados soberanos con 672 millones de habitantes que envejecen rápidamente, con una edad mediana de 32 años que llega a 35 años en Brasil, 33 en Colombia y en Argentina y 30 en México. La tasa de reemplazo demográfico de 2,1 hijos por mujer, que es la de Panamá (0,6% de la población regional) no se alcanza en los 9 países más poblados que suman 77% de habitantes subregionales: Brasil (1,6), México (1,9), Argentina (1,5), Colombia (1,6), Perú (1,9), Venezuela (2), Ecuador (1,9) y Chile (1,1). Proyectamos un estancamiento poblacional a largo plazo y advertimos una tasa mayor de crecimiento demográfico en los grupos menos educados y más pobres.

Los desafíos económicos son también notables. Se estimaba que el producto interno bruto (PIB) real de la región América Latina y el Caribe, con desarrollo mediano a nivel mundial, crecería en promedio 2,2% en 2025 y 2,3% en 2026, manteniendo las modestas tasas registradas en 2023 y 2024. Sin embargo, las desigualdades son marcadas, pero también las disparidades regionales. Aparte la excepcionalidad petrolera de Guyana (19%), desde el 6,6% de crecimiento del PIB en 2025 de Paraguay, 4,9% de Nicaragua, 4.6% de Costa Rica, 4,4% de Panamá y de Argentina, y 3,4% de Perú, caemos al fondo con -2,7% de Haití, -1,6% de Bolivia y -1,1% de Cuba. Estancados quedaron México con 0,6% y Venezuela con 1,6%.

En educación, la América Latina y el Caribe ocupan un lugar mediocre en el “ranking” mundial. Entre 91 países-economías que participaron de las pruebas PISA en 2025, los mejores de nuestra región por puntaje total fueron: Chile con el primer lugar, número 45, Uruguay 48, más lejos Costa Rica, 56, México, 61, Colombia, 65 y Brasil, 66. Pero nos derrumbamos con República Dominicana en el sitio 83, Paraguay 84 y Guatemala 86. Solo participaron 13 países de la región, mientras que los demás, que incluyen a Panamá, simplemente se ausentaron, decisión lamentable que impide conocer sus debilidades para corregirlas. Ese temor no lo encontramos en los países-economías que deberían inspirarnos: del Lejano Oriente, sobresaliendo China (puestos 1-4-8), Singapur (2), Taiwán (3), Japón (5) y Corea del Sur (6); la mayoría de los países de Europa (entre 7 y 37); Nueva Zelanda (10), Australia (13), y Turquía (21), mientras que en América descuella Canadá (11) y después está Estados Unidos (16).

El principal talón de Aquiles de la región latinoamericana-caribeña es la debilidad de la educación. Comienza con la flaqueza de sus universidades cuando la mejor calificada, la Universidad de Buenos Aires, ocupa el lugar 84 del mundo, la de São Paulo 104, la Pontificia Universidad Católica de Chile 116 y la Universidad Autónoma de México 136. Cerca de nosotros, la Universidad Nacional de Colombia es la número 259, la Pontificia Universidad Javeriana, de Bogotá, 371, y la Universidad de Costa Rica, 499. Mientras que la mejor de Panamá, la Universidad Tecnológica, ocupa un lugar de cola entre 1.400 clasificadas. ¡Las demás, lastradas por la liviandad académica y el mal uso de abultados presupuestos, sencillamente no existen!

Los desafíos institucionales y ambientales de América Latina y el Caribe son considerables. Destacan la pobreza y la violación de derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Además, hay nudos críticos para el desarrollo como las transformaciones tecnológicas, las migraciones, los impactos de los desastres naturales y el cambio climático. En la región más violenta del planeta hay países (Ecuador, Haití, Jamaica, Pequeñas Antillas, Venezuela, Colombia, Honduras) entre los de mayores índices mundiales de homicidios, pero El Salvador está entre los menores; Panamá, en lugar intermedio. La falta de democracia plena, la corrupción pública y el populismo afectan negativamente a la subregión.

Aunque la subregión es considerada la más democrática del mundo en desarrollo (80% de personas viven en democracias), persisten debilidades estructurales. Hay preocupación por la situación de El Salvador autoritario; Nicaragua, dictadura fascista, Venezuela, empobrecida por una dictadura corrupta, y Cuba, arruinada por un arcaico sistema totalitario. Más de diez millones de personas insatisfechas huyeron de esos tres países en la última década.

En la subregión hay desigualdad económica, falta de derechos suficientes de grupos minoritarios y deterioro de instituciones políticas, fundamentalmente de partidos políticos, algunos aliados del crimen organizado, así como lo es de ciertos gobiernos, la justicia y la seguridad pública. Es evidente la impunidad de políticos nefastos amparados por fueros como en nuestra Asamblea Nacional y en el Parlacen. Vivimos en países con desigualdades patrocinadas por gobiernos cómplices mediante privilegios exorbitantes para muchos miembros de instituciones públicas, civiles y militares-policiales.

En conclusión, no podemos prever claramente el futuro de América Latina y el Caribe que finalmente está en manos de sus élites intelectuales, políticas, económicas y sociales que deciden el rumbo de sus sociedades. Pero también depende del contexto inestable de la comunidad internacional y, en consecuencia, de la geopolítica en la que el actor más poderoso, vecino de la subregión, tiene un lugar preponderante, ahora con un gobierno más agresivo y depredador.

Si Panamá, con sus preciadas ventajas (Canal, recursos logísticos, hídricos, minerales, biodiversidad) y con fuerte voluntad política resolviera su debilidad institucional y educativa podría encabezar el mejor futuro de la región latinoamericana-caribeña.

* El autor es geógrafo, historiador y diplomático