Tony Noriega y Jimmy Carter
- 23/06/2026 00:00
Durante las investigaciones sobre el tema de lavado de activos de mi más reciente libro Dinero Sucio; Crónicas de Lavado de dinero y corrupción entre presidentes, empresarios y narcos me topé con el Bank of Credit & Commerce International, el célebre BCCI, uno de los bancos que en Panamá más dinero lavó de los cárteles de la droga en la década de 1980.
El fundador del BCCI y su presidente hasta 1986 fue Agha Hassan Abedi, pakistaní que con capital árabe creó el banco en 1972, logrando inscribirse como tal en los registros del Bank of England, exigente entidad regulatoria bancaria británica, lo cual le dio mucho prestigio al banco y, en poco tiempo, se convirtió en el séptimo internacional del mundo. Tenía sus sedes principales en Karachi, Pakistán y en Londres. Cuando en 1991 explotó el escándalo mundial que puso fin a las actividades de ese banco, el Bank of England fue muy criticado por no haber investigado exhaustivamente al BCCI.
El propósito de su fundador Abedi era crear un banco de “tercer mundo” para atender a países en desarrollo que los grandes bancos ignoraban. Creció rapidísimo, llegando a tener 400 sucursales en 73 países, incluyendo a Panamá. Su primer oficial bancario panameño fue Daniel González quien, al dejar el banco escribió Los Reyes del Lavado de Dinero, obra en la que relata con escalofriantes detalles sus experiencias allí, que también he analizado en mi nuevo libro.
Manuel Antonio Noriega, siendo jefe de la inteligencia militar panameña, el temido G-2, se empató con ese banquero desde que llegó a Panamá. Al cabo de los años, Abedi termina siendo conocido como “el banquero de Noriega”. Se llegó a decir que el general tuvo allí depósitos por $25 millones, de repente donados por Abedi, además de una tarjeta de crédito familiar ilimitada del BCCI Londres. También se decía que Noriega obtenía “premios” por los clientes que le recomendaba al banco.
Fue vox populi que el BCCI fue uno de los bancos que más dinero lavó en Panamá hasta que en 1986 el lavado de activos se incluyó como delito en nuestra legislación penal, tiempos en que yo era diputado. Aviones llegaban a Tocumen de madrugada con maletas atiborradas de dinero en efectivo para descargarlas en las oficinas del BCCI dentro de los jardines del Hotel Panamá frente a la Vía España. Allí, estudiantes de la Universidad de Panamá se ganaban el camarón de contar tantos billetes. La operación era dirigida por efectivos de la Guardia Nacional desde Tocumen hasta el banco. Resultaba prácticamente imposible que el general Torrijos y posteriormente el coronel Flores y el general Paredes, sus sucesores como jefes militares tras su muerte, no supieran de la grandísima lavadora de dinero en que Noriega había convertido a nuestro aeropuerto internacional.
Se preguntarán: ¿Dónde sale el nombre del querido expresidente Carter en todo este embrollo? Resulta que cuando Abedi decide extender sus operaciones en los Estados Unidos se busca como enlace a Brett Lance, amigo y vecino de Carter en Plains, Georgia, quien ocupó en su gobierno por breve tiempo la poderosa Oficina de Planeamiento y Presupuesto, lo cual le abrió muchas puertas en Washington. Aunque Carter admite que Lance le presentó a Abedi mientras era presidente, su estrecha relación se desarrolla después de que deja la presidencia. Durante su campaña de reelección en 1980, la cual pierde contra Ronald Reagan como consecuencia de su apoyo a los tratados del Canal, el BCCI le presta $3 millones que, aunque sin las debidas garantías, debo imaginarme que fue cancelado en su totalidad.
Cuando se funda el Centro Carter, donde cada expresidente centra una exposición de su legado, el principal donante lo fue Abedi y el BCCI. Es allí donde se estrecha la relación entre ambos, convirtiéndose Abedi en donante permanente de sus actividades caritativas y acompañante de Carter en muchas de sus visitas al exterior donde lleva a cabo las actividades sociales que caracterizaron su vida en países subdesarrollados. Así fue como Abedi accede a sentarse junto a Carter en la recepción de Estado que el primer ministro chino, Deng Xiaoping le ofrece. Igual ocurre cuando el Rey de Tailandia le recibe. Por supuesto que el interés de Abedi era aprovechar esas conexiones para ampliar más sus turbios negocios.
Según Carter, Abedi “fue la persona más singular que conoció”. Cuando Abedi se enferma del corazón en Londres, además de enviarle a su médico personal, le visita en el hospital.
Cuando explota todo el escándalo del BCCI, Carter argumenta que la CIA nunca le informó de nada de lo que pasaba. Pobre excusa porque ya las noticias revelaban lo que estaba ocurriendo allí. Sin embargo, quizás la CIA no le informó de nada porque en ese banco, al igual que la Mossad, depositaban los fondos de sus operaciones encubiertas. Así terminaron unidos Noriega y Carter.