Veteranos y sociedades de socorro mutuo
- 02/08/2026 05:56
Cincuenta años después del día en que se inició la Guerra del Pacífico (1879-1883), el entonces Presidente Leguía organizó una romería y un acto conmemorativo en el que desfilaron los sobrevivientes de aquel conflicto. Los veteranos, hombres maduros de setenta u ochenta años en 1929, marcharon gallardamente por las calles y plazas recién construidas de la “Patria Nueva” que daban un toque afrancesado a la capital peruana.
Encabezaron la marcha Manuel Dávila, soldado de la Batería “Santa Rosa”; Hipólito Delgado, soldado del “Batallón Iquique”; Manuel Díaz, Sargento 1º de la Batería Nro. 2 del Este; Cesáreo Espinosa, Cabo 2º del Cañón de las Baterías Sur; Juan de Dios Flores, Cabo 1º de la Batería “La Ciudadela”; Leonardo Gonzáles, soldado de la “Columna Naval”; José Rodolfo Loayza, Oficial del “Cazadores de Piérola” Nro. 27; y, José Rosario, Cabo 2º del “Artesanos de Tacna” Nro. 29. Muchas de las fotografías de este episodio nacional que se conservan de aquel día fueron publicadas en la revista semanal “Mundial” (nro. 476, año IX, agosto 1929) y fueron registradas por el corresponsal panameño Dionisio Robles.
ego de los excombatientes hizo su aparición la Cruz Roja Peruana, institución que buscó salvar la vida de miles de heridos causados por la deflagración bélica de 1879-83. Fue la primera en surgir en Latinoamérica.
“El 30 de abril de 1880, el Consejo Federal Suizo decretó que el Perú quedase incorporado oficialmente en el Convenio e ingresase al Movimiento Internacional de la Cruz Roja” (Tejeda, 2026).A continuación, desfilaron las damas de las sociedades de socorros mutuos que nacieron como una respuesta espontánea de la ciudadanía para auxiliar a los inválidos de guerra.
Fue la contestación humanitaria de un país descalabrado por la contienda bélica y sus secuelas. Nacieron entre la clase media de Lima y de las principales ciudades de la costa peruana bajo inspiración de las madres, esposas, hermanas e hijas de los combatientes. Posteriormente se contó con la importante participación de sectores populares y/o trabajadores, hasta el punto de que algunas de ellas se denominaron sociedades de socorros mutuos de artesanos. Dato interesante es que a partir de la Gran Guerra (1914), las sociedades de socorro, sin olvidar su propósito inicial, añaden que “tienen por objeto aliviar la situación de sus individuos durante las enfermedades que les impidan dedicarse a sus trabajos” (Ruzafa, 2023), decisión que quizás fue adoptada como consecuencia de los movimientos obreros producto de la industrialización del país. Las sociedades de socorros mutuos cumplieron así un segundo propósito: fueron instrumento de respuesta o protección ante aquellas condiciones laborales que se degradaron en las tres primeras décadas del siglo XX y que se acentuarían con el crack de 1929. Una acción vanguardista fue adoptada por la Sociedad Feminil de Beneficencia Italiana (Itálica Gens), creada en 1925, que “brindó asistencia económica y moral a ciudadanos italianos y sus descendientes en el Perú en situación de vulnerabilidad” y planteó pensiones de vejez.
Otro dato anecdótico es que, siguiendo el modelo de instituciones similares españolas, establecieron que se exceptúan del socorro “las enfermedades siguientes: 1) Las venéreas; 2) Las provenientes de embriaguez; 3) Las originadas con motivo de festejos públicos, como son: corridas de toros, novilladas o carreras de caballos; y 4) Las ocasionadas de mano airada, en riña o tumultos públicos, cuando el interesado haya tomado parte directa en ellos” (Ruzafa, 2023). Las sociedades de socorro pioneras promovieron actuaciones respetables acordes con los valores humanitarios de sus orígenes durante varias décadas, sin embargo, muchas de ellas no sobrevivieron a las crisis económicas que azotaron el país hasta la primera mitad del siglo XX, momento en el que algunas optaron por transformarse en mutuales de ahorro (o cajas de ahorro como se les denomina hoy) dentro de un fenómeno social conocido como “mutualismo popular”.
Los primeros monumentos para recordar a los caídos en la guerra de 1879 se construyeron entre 1884 y 1905 debiendo destacarse que “en 1895 se inauguró el monumento a ‘Miguel Grau y los hijos de Matucana’ en la plaza Mayor de este distrito de la provincia de Huarochirí. En 1897 se erigieron otros tres: ‘Miguel Grau y los caídos en el combate de Angamos’ en la plaza Grau de El Callao, ‘Elías Aguirre y los hijos lambayecanos’ en la plaza Aguirre de Chiclayo y el ‘Arco Triunfal a los héroes de la Batalla de San Pablo’ al inicio del puente Independencia de Cajamarca. Además, a fines del XIX se proyectó alzar, en la intercepción de dos tramos de la avenida limeña Circunvalación, un monumento a ‘Francisco Bolognesi y los caídos en la batalla de Arica’, que fue inaugurado en 1905” (Monteverde, 2023). Sin embargo, en aquel 1929, la romería de los veteranos tuvo lugar en las flamantes plazas de San Martín y de Bolívar.
En la memoria colectiva, la posguerra del Pacífico, significó en la ciudadanía peruana, el desafío de responder a situaciones adversas con resiliencia, sentimiento humanitario y perseverancia.