Vetos trasnochados a proyectos de ley necesarios
- 05/07/2026 00:00
Decirles a los panameños qué alimentos son saludables no garantiza que hagan caso. En el mundo de la nutrición, pocas palabras generan tanta controversia como “saludable”. Expertos e influencers debaten constantemente si las grasas son peligrosas para el corazón, si los carbohidratos son buenos o malos para la figura y cuánta proteína necesita realmente una persona. Pero si identificar alimentos saludables no siempre es sencillo, consumirlos es una tarea aún más titánica.
Como experto en temas de alimentación y nutrición, sé que debo limitar mi consumo de sal y azúcar. Sin embargo, me cuesta lograrlo. La euforia momentánea que produce comer galletas Oreo Double Stuf es difícil de resistir en favor del beneficio a largo plazo de no aumentar algunas libras. Sin duda los panameños desean comer más sano, pero el hecho de que más del 70% de los adultos panameños tengan sobrepeso u obesidad subraya la magnitud de nuestro fracaso.
El desafío de mejorar la alimentación en el país quedó patente a mediados del mes de mayo, cuando el Ministerio de Salud publicó un mensaje de advertencia sobre la epidemia de enfermedades crónicas relacionadas con la mala alimentación, pero esa misma semana el Ejecutivo vetó el Proyecto de Ley No. 398-2025 que prohíbe las grasas trans por contravenir con el Reglamento Técnico Centroamericano y los estándares del Codex Alimentarius.
Según el documento explicativo, “aunque el objetivo es loable, la norma resulta inconveniente al intentar fijar detalles técnicos rígidos en una ley primaria en lugar de delegarlos a una reglamentación dinámica y especializada. La esencia para una regulación exitosa de las grasas trans radica en una debida coordinación intersectorial que garantice coherencia normativa, precisión científica y una transición operativa que no genere barreras técnicas injustificadas al comercio ni inseguridad jurídica”.
Todo esto augura un mal presagio para el gobierno de José Raúl Mulino. De hecho, durante los últimos años la Organización Mundial de Salud se ha centrado principalmente en brindar a los consumidores más información sobre los alimentos que consumen. Pero, sin embargo, no ha funcionado. Por eso es importante establecer medidas regulatorias y prohibir aquellos productos que se ha comprobado son perjudiciales a la salud, como es el caso de las grasas trans.
Brindar a los consumidores más información sobre lo que comen puede parecer obvio, pero cuando la política se inmiscuye en la práctica, a menudo no conduce a hábitos alimenticios más saludables. Desde 2017, existe una normativa que establece los alimentos prohibidos de los kioscos escolares; sin embargo, tras investigaciones realizadas todos los años hemos constatado consistentemente que esto no ha tenido un efecto en los alimentos que consumen los estudiantes. Si al menos una pequeña fracción de estos adoptará hábitos alimenticios más saludables, los beneficios económicos serían por el orden de los miles de millones de dólares en ahorro en gastos de salud.
Estos modestos cambios de hábitos y sus enormes efectos económicos subrayan que la salud no es la única prioridad que los consumidores consideran al comprar alimentos. Cuando la gente elige qué comer, todo indica que el precio, el sabor y la comodidad tienen mucho más peso que la salud. Y cuando le preguntamos a las autoridades sobre qué están haciendo para lograr que la población coma más sano, algunos hablaron vagamente de centrarse en la agroindustria y los subsidios que recibe del gobierno, y otros mencionaron la idea de gravar los alimentos poco saludables, como las sodas y la comida chatarra. Pero casi todos con los que hablé tuvieron dificultades para articular una solución definitiva para los problemas de la dieta en Panamá.
Para hacer que los panameños coman saludable, hay que empezar por lo básico y analizar cuáles son los factores que causan los problemas de obesidad en primer lugar. He advertido en innumerables ocasiones sobre los riesgos de los aceites vegetales de semillas; ni hablar de los colorantes sintéticos y edulcorantes artificiales; también he pedido que se promueva la producción de frutas y vegetales; y por supuesto he abogado por fomentar los alimentos naturales en las comidas escolares.
Cambiar los hábitos alimentarios requerirá que el gobierno aborde las razones subyacentes por las que la gente tiene dificultades para mantener una alimentación saludable. No todos sufren de la incapacidad de resistirse a las galletas Oreo Double Stuf, pero sí la mayoría considera que el costo de los alimentos saludables y la falta de tiempo para cocinar en casa son el mayor obstáculo para mejorar su dieta.
Si el gobierno de Mulino logra que personas como yo se preocupen lo suficiente por la alimentación saludable como para resistir los alimentos indulgentes que les brindan placer, o si encuentra la manera de que las familias con dificultades económicas que reciben asistencia pública rechacen los alimentos baratos y listos para consumir, habrá dado pasos importantes para que Panamá se convierta en un país saludable. Pero lograrlo requerirá promover leyes que regulen y prohíban ingredientes tóxicos que enferman y matan. Porque redactando vetos trasnochados a proyectos loables solo complica más las cosas.