Vuelve Trump con sus mentiras
- 07/07/2026 00:00
Donald Trump acaba de llegar a su mentira o falsedad No. 50 mil, pronunciadas durante sus dos mandatos al frente de la presidencia de su país. Para ello recicló, con la falta de creatividad que lo caracteriza, lo que en decenas de veces ha dicho, que el Canal fue vendido a Panamá por $1 durante la gestión presidencial del demócrata Jimmy Carter.
Además, volvió a repetir que jamás permitirá que China se tome el Canal de Panamá. Ya en el pasado hasta había llegado a decir que los puertos de Panama Ports, propiedad de la empresa de Hong Kong, CK Hutchinson, eran custodiados por supuestos soldados chinos, existentes solo en su creativa imaginación, porque nunca ningún panameño ha visto a soldado alguno chino cuidando absolutamente nada en Panamá.
Las declaraciones de Trump se produjeron en un contexto interno y externo sumamente negativo para él, lo que comenté en uno de mis mensajes por la red social X, por lo que nuevamente incluya el tema del Canal de Panamá para desviar la atención, sobre todo ante la pérdida de sus votantes, que cada vez resultan menos.
El fracaso de la guerra en Irán y los miles de millones que ha costado a su país y al mundo, no solo por los daños ocasionados al país agredido y a sus vecinos, sino por lo que costado para el comercio marítimo mundial el cierre del Estrecho de Ormuz, ha provocado que hasta dirigentes de su propio partido le estén dando la espalda, situación que lo ha llevado a gritarse en público con algunos senadores republicanos.
Si bien se aplaudió el 3 de enero la extracción de Caracas del dictador Nicolás Maduro y su esposa, lo ocurrido seis meses después, de mantener en el poder al mismo régimen, le está pasando factura dentro de su propia gente y de los mismos venezolanos que ven que Trump, importándole un bledo la democracia venezolana, solo tiene sus ojos en el petróleo venezolano.
Trump, al hablar del tema Venezuela, difícilmente pronuncia la palabra “democracia”. Todo ha sido peor cuando llegó a decir que, aparte del terremoto, los venezolanos estaban contentos, dándole un espaldarazo a la dictadora interina, que tantas críticas ha recibido por el manejo político y totalmente delictivo que ha dado a las contribuciones recibidas tras los terremotos y que tiene una popularidad casi nula.
Lo mismo ha pasado con Cuba, país al que ha pretendido estrangular con todo tipo de sanciones, creando una crisis humanitaria profunda, equivocando sus técnicas, porque el caso cubano no tiene parecido al de Venezuela y no se podrá “extraer” a nadie como se hizo con Maduro, para pretender cambiar un régimen con casi 70 años en el poder.
En el campo interno, en estos mismos días, consecuencia de la presentación anual de sus ingresos, el pueblo estadounidense se ha percatado de los $1,400 millones que ha tenido de aumento el patrimonio de Trump en este último mandato que lleva menos de año y medio, sin contar, con los miles de millones que suman los beneficios obtenidos por sus hijos, yerno y amigos, aprovechándose de la relación con él. Hasta los indultos otorgados han tenido precio. Peor aún, paralelamente, se ha conocido que Trump inscribió en los registros comerciales de Venezuela las marcas que distinguen sus productos, días antes de la extracción de Maduro de su país. Pareciera que lo único que quiere en Venezuela es hacer negocios.
Trump ha sufrido varios reveses judiciales a nivel de la Corte Suprema de su país, cancelando su pretensión de restringir la nacionalidad estadounidense a gente nacida en su país, pero de padres extranjeros, así como aquella que pretendía evitar el pago de $5 millones a una periodista que lo acusó de acoso sexual.
Frente a esa realidad, en su lógica mediática resulta positivo cambiar de objetivo. Por ello vuelve con Panamá y el cuento del Canal y que los chinos tienen interés en apoderarse del mismo. Ante ello, cabría preguntarse: ¿Qué quiere Trump de Panamá? ¿Qué busca con repetir siempre las mismas mentiras sobre situaciones que para la mayoría no tienen ni un ápice de veracidad? Es por ello que se hace necesario que gobernantes y gobernados estemos conscientes de los peligros que nos acechan, lastimosamente echados a un lado por las peleas internas tan sin sentido como la que acaba de terminar con la elección en la Asamblea Nacional. Como si ese fuese el único problema que tiene el país.