25 de Feb de 2020

Ciencia

30 años de evolución natural

¿Qué pasa con los árboles y animales cuando no tienen contacto con la raza humana? Esto investigan dos grupos en Barro Colorado

Al bajar de la lancha nos aúllan los monos a la distancia, se oye el llamado de la oropéndola y la guía nos sugiere acomodarnos las medias por encima del pantalón largo.

En una pequeña introducción, aprendemos que en la isla de Barro Colorado hay 1369 especies de plantas, 120 de mamíferos (74 de los cuales son murciélagos), 335 de aves, 35 de anfibios y que las de insectos son demasiadas para enumerar (aunque 100 son de cucaracha).

Llegar hasta aquí no es fácil, pues la isla es un área natural protegida. Esto la hace un sitio ideal para el estudio de los bosques y sus especies cuando no han sentido el impacto de la huella humana.

Jackie Giacalone Willis y Richard Condit son científicos del Smithsonian que han aprovechado esta característica de la isla para liderar dos estudios a largo plazo.

El primero busca entender, a través de los años, el comportamiento de los mamíferos en su hábitat natural y el segundo el de los árboles en el bosque tropical. Este último se trata de un proyecto pionero que se inició en Panamá y ahora se replica alrededor del mundo.

LAS CÁMARAS TRAMPA

El estudio de Willis se puede apreciar a lo largo de los 42 kilómetros de sendero que los visitantes recorren.

Se trata de 27 cámaras con sensores de movimiento, ubicadas en distintos puntos de las sendas, que detectan y fotografían a los animales durante todo el año.

El objetivo del estudio es entender cómo, a largo plazo, cambian las poblaciones de mamíferos dentro de un entorno imperturbado.

‘Cada año, alrededor de septiembre, les cambiamos las baterías, sacamos la tarjeta de memoria y cargamos la información a una base de datos que es muy moderna', explica Willis. ‘Me permite clasificar las fotos e identificar los animales rápidamente, con fecha, hora y lugar, para que sea fácil de analizar'.

Además de fotografiar a los mamíferos, cada enero el equipo hace un censo caminando. ‘Caminamos los senderos por 3.5 semanas, son 120 kilómetros', agrega Willis. ‘Anotamos todos los mamíferos que vemos y su ubicación... al menos los que podemos ver durante el día. Las cámaras nos ayudan a detectar a los animales nocturnos, como los ocelotes'.

El censo a pie se ha llevado a cabo desde 1982, y con las cámaras desde 1994, cuando empezaron a surgir. ‘En ese tiempo eran cámaras de rollo, así que solo podíamos tomar entre 24 y 36 fotografías a la vez... ahora con las tarjetas de memoria podemos guardar miles de fotos'.

Y, ¿por qué en los senderos? ‘La mayoría de los animales utilizan las veredas humanas con frecuencia, porque son fáciles de navegar', señala la científica.

Una vez se tiene la información en la base de datos, se hacen estimados de las poblaciones de mamíferos, para determinar si están en aumento o disminuyendo.

Este proyecto les ha permitido determinar las fluctuaciones en las poblaciones de mamíferos en el trópico.

‘Se solía pensar que, por no tener un invierno, las poblaciones de mamíferos en el trópico se mantenían estables', indica Willis. ‘Pero no es así, usualmente varían mucho... nos hemos dado cuenta de que hay una conexión entre los cambios poblacionales y la disponibilidad de las frutas... cuando El Niño tiene un impacto en los árboles frutales, se ven grandes cambios en la población de los mamíferos que dependen de ellos'.

En cuanto a las poblaciones de ocelotes, uno de sus grandes intereses, Willis destaca que, cuando viven al margen de los cazadores, se observan altos números de felinos que conviven armoniosamente.

‘Sin embargo, en tierra firme, donde no hay ningún control sobre la cacería, las poblaciones de estos animales son muy bajas', subraya.

50 HECTÁREAS VÍRGENES

En el ‘bosque viejo' de la isla de Barro Colorado, donde terminan los senderos, se encuentra una parcela de 50 hectáreas que fue establecida en 1980 por los científicos Stephen Hubbell y Robin Foster.

Ese año se llevó a cabo un primer censo de todas las especies de árboles en el área, incluyendo su diámetro y su ubicación. El segundo censo se hizo en 1985 y, a partir de allí, cada cinco años.

Actualmente, se está haciendo el noveno censo de la parcela, el cual se inició durante los meses de verano y culmina en noviembre.

Hoy en día el proyecto lo lidera el Dr. Richard Condit, con un equipo de panameños, entre ellos Rolando Pérez y Salomón Aguilar, los botánicos principales de la investigación.

El propósito del estudio es entender la dinámica natural de las poblaciones de árboles en el bosque tropical.

Lo que no muchos saben es que esta manera de estudiar el bosque a largo plazo, con una parcela tan extensa en un solo sitio, se hizo por primera vez en Panamá. ‘En el pasado había muchas parcelas pequeñas', señala Condit. ‘Barro Colorado fue la primera parcela así de grande en un solo sitio... ahora en todos los continentes hay'.

En el caso de Barro Colorado, al adentrarnos en la parcela, vemos que cada árbol, arbusto o palmera con un diámetro mayor de 1cm (a la altura de 1.30 m), está identificado por especie, mapeado y marcado con una placa de aluminio enumerada.

En cada censo se visita a todos los árboles que han sido identificados en el pasado y son vueltos a medir. Cada especie se identifica fácilmente gracias a un mapa y la placa enumerada.

El mapa divide la parcela en cuadrantes de 20x20 metros, y estos a su vez, en cuadrantes de 5x5 metros. La ubicación de cada especie aparece señalada como un puntito dentro de esa área.

A los censistas también les corresponde encontrar los nuevos individuos que han surgido en los últimos cinco años, mapearlos, medirlos, identificarlos por especie (si la conocen) y ponerles una placa enumerada.

Además, le atan una cinta de color para que luego Rolando o Salomón revisiten los nuevos árboles y confirmen la especie.

A su vez, hacen anotaciones en caso de encontrar problemas, como plantas mal identificadas, placas perdidas, si se rompió el tallo principal o si el individuo no se pudo medir a 1.30m por deformidades en el tronco.

En este caso se les ata igualmente una cinta de color, para que los botánicos verifiquen y hagan las correcciones necesarias.

Una vez todo ha sido revisado, ‘dos personas introducen los datos al sistema por separado, y eso se compara para evitar errores', indica Pérez. ‘Si algo no encaja tenemos que revisarlo en el campo'.

En noviembre deben haber terminado el censo. ‘Entonces ya le corresponde al Dr. Condit, con esa base de datos hacer los análisis, para publicar con base en ellos'.

A lo largo de los años no ha cambiado la metodología, pero se han hecho pequeños ajustes, tanto para conseguir nuevos datos como para disminuir los costos.

‘Tratamos de ahorrar dinero, pero haciendo el trabajo bien... para eso se tiene que tener mucha experiencia', expresa Pérez, quien en ocasión entrena a científicos que están estableciendo parcelas similares en otros países.

La información de este estudio a largo plazo ayuda a entender el funcionamiento del bosque tropical, lo cual es valioso para el establecimiento de políticas ambientales o programas de conservación.

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‘Barro Colorado fue la primera parcela así de grande en un solo sitio... ahora en todos los continentes hay'

RICHARD CONDIT

CIENTÍFICO DE SMITHSONIAN