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26 de Oct de 2020

Ciencia

Medicina biológica, un futuro por descubrir

Un vistazo al proceso de producción de los biomedicamentos, lo que son los biosimilares y sus implicaciones clínicas

El Instituto Nacional para Investigación y Entrenamiento en Bioprocesamiento (NIBRT, por sus signals en inglés), es un centro basado en Dublin, Irlanda, cuyo papel principal es impulsar el crecimiento de la industria biofarmacéutica, a través de sus programas de investigación, entrenamiento y educación.

El año pasado, más de 3,300 personas pasaron por sus programas, entre farmacéuticas, agencias reguladoras, estudiantes, investigadores y asociaciones de pacientes. En días pasados, NIBRT organizó en colaboración con Abbvie, un taller para periodistas de 22 países, que incluyó a La Estrella de Panamá como representante local.

El enfoque del programa era no solo comprender la ciencia tras los medicamentos biológicos, sino también la diferencia entre los biofarmacéuticos originales y los biosimilares, tanto para el sistema inmune, como en el ámbito regulador y las implicaciones clínicas.

DESDE EL INICIO

Un medicamento biológico es un producto médico derivado de fuentes biológicas, ya sea una célula humana, animal o de microorganismo. Desde que llegaron al mercado, han revolucionado el tratamiento y la prevención de muchas condiciones crónicas e incapacitantes como el cáncer, la artritis, enfermedades inflamatorias del sistema digestivo y la psoriasis.

Su proceso de creación es complejo, si se compara con un producto tradicional hecho químicamente en el laboratorio. Hacer un biomedicamento implica una serie de pasos que se inician con modificar genéticamente una célula para que esta produzca, en grandes cantidades, una proteína (molécula o droga) específica con las propiedades terapéuticas deseadas.

Para empezar, encontrar la célula ideal y manipular su ADN para que produzca la proteína deseada puede tomar muchos años. Esta célula genéticamente modificada es la propiedad –o la tecnología – de la compañía que la diseñó.

Una vez diseñada, se establecen bancos de estas células, ‘la materia prima más importante en todo el proceso', según el Dr. John Milne, Director de Entrenamiento en Bioprocesamiento de NIBRT. Estas se utilizan en los siguientes pasos de producción del biomedicamento.

Primero, se reproducen en grandes proporciones dentro de recipientes llamados biorreactores que contienen un ‘medium' –un líquido nutritivo–, al tiempo que van expresando la proteína de interés.

Seguido, las células se separan dejando atrás el líquido que contiene la proteína de interés, pero aún mezclada con miles de otros contaminantes. Entonces, a través de distintos procedimientos, se purifica la molécula para que su utilización sea segura. La última etapa es la formulación final, en que la proteína se vierte en frascos o jeringas.

A diferencia de los medicamentos tradicionales; por ejemplo, la aspirina, una proteína es una molécula mucho más grande, compleja y frágil. Tampoco se pueden ingerir, pues no sobrevivirían al paso por el sistema gastrointestinal y su proceso de producción requiere instalaciones de alta gama para prevenir contaminación, pues es una droga que va directamente al torrente sanguíneo.

BIOSIMILARES NO SON GENÉRICOS

Los biosimilares son medicamentos biológicos altamente similares a un medicamento innovador ya aprobado y establecido en el mercado.

Las compañías que desarrollan biosimilares toman primero el producto innovador, estudian la estructura y las cualidades de la molécula y utilizan la ingeniería reversa para llegar a su objetivo.

Aunque se logre un producto final que trabaje de manera similar al original, no se les puede llamar ‘genéricos' o ‘bioidénticos', pues es biológicamente imposible.

Primero, porque se utiliza una célula distinta (hay que recordar que cada compañía es dueña de su propia célula genéticamente modificada). Las condiciones del bioreactor y el ‘medium' utilizado varía. Por otra parte, al estar trabajando con células y proteínas, a diferencia de elementos químicos, se dan muchas variaciones —pequeñas mutaciones, adición de azúcares, isoformas (distintas formas de una misma proteína—. Finalmente, la proteína o droga que se produce es una molécula compleja, compuesta de varios aminoácidos que se pliegan en una configuración específica que las hace ‘activarse'. Este proceso se ve afectado por el entorno de la molécula, algo que no puede controlarse entre dos productos.

Para ser aprobados, los biosimilares deben mostrar información distinta a la que es requerida por un medicamento innovador.

‘Los innovadores, por ser tecnología nueva que no ha sido sometida a prueba en la población, requiere muchos ensayos clínicos grandes y costosos,' explicaba el Dr. Stephen Quinn, Entrenador en Bioprocesamiento de NIBRT. ‘Para el biosimilar, como ya se tiene información sobre un producto parecido, se necesitan más pruebas analíticas'.

El objetivo principal es probar que el nuevo medicamento es seguro y eficaz, aunque existe el desafío de que cada compañía, con el pasar del tiempo, vaya evolucionando sus procesos de producción, lo cual puede modificar ligeramente el producto final.

‘A lo largo del tiempo, los productos innovadores y sus biosimilares aprobados pueden ser cada vez menos parecidos a lo que fueron inicialmente', señalaba Quinn.

DESAFÍOS POR TRABAJAR

Algunos de los retos a los que se enfrentan los entes reguladores tienen que ver con la manera en que se aprueban los biosimilares, ¿cómo demostrar que se pueden prescribir para las mismas indicaciones que el producto original?

Comprobarlo requiere de una serie de pasos que incluye análisis a nivel estructural de la molécula, estudios biológicos, animales y a nivel clínico.

‘Uno de los aspectos más importantes para determinar la seguridad del producto, es su inmunogenicidad', puntualizaba el Dr. Partha Roy, Director de PARAEL Consulting y otro de los exponentes del taller de NIBRT. Esta es la respuesta inmune que puede producir una proteína terapéutica, como hipersensibilidad, disminución de la eficacia de la droga o inducción de procesos inmunitarios. ‘Sin embargo, aún no tenemos un buen modelo para predecirla'.

Para el Dr. Vipul Jairath, exponente por parte del University of Oxford Hospitals NHS Foundation TrustKey, otra área clave a la hora de prescribir biomedicamentos o biosimilares es la capacidad de vigilancia sobre los posibles efectos secundarios que puedan generar. Esto se convierte en un desafío si el medicamento se cambia sin supervisión médica, a nivel de farmacia.

En meses pasados también se realizó un taller a nivel nacional sobre el tema, a cargo del Dr. Gilberto Castañeda, investigador en farmacología del Instituto Politécnico Nacional, México, D.F.

Durante su ponencia, destacó que aparte de los biosimilares, han ido apareciendo unos productos llamados ‘intento de copia', que no cuentan con datos clínicos y solo requieren de un registro sanitario para ingresar en el país. Estos ‘no tienen estudios que avalen su eficacia y su seguridad', por lo que representan un riesgo para el paciente.

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BIOMEDICAMENTOS

Desde una perspectiva local

Enma Pinzón es miembro de la Asociación de Pacientes con Artritis y de la biored CAC (Centro América y Caribe), una iniciativa para compartir las experiencias con biomedicamentos entre los países de la región. Pinzón ha tenido artritis reumatoide por 23 años y desde hace ocho se inició con los biomedicamentos. Cuando hizo el cambio, ya tenía deformaciones en algunas de sus articulaciones y arrastraba los pies, mas la nueva terapia logró detener el avance de la enfermedad. ‘Me preocupa muchísimo que un día yo no pueda tener acceso a ellos, porque son muy costosos y yo dependo del seguro social'. El Dr. Carlos Rettally, gastroenterólogo del Hospital Punta Pacífica señala que aunque estudios demuestran los beneficios de iniciar el manejo de pacientes con biológicos, por múltiples razones, aún se reservan como segunda línea.

Otro de los desafíos que podrían enfrentar los pacientes es la sustitución de biológicos. En este sentido, el Dr. Jose Antonio Herrera, gerente de inmunología de Janssen, explica que todavía hay dudas acerca de la reacción del paciente si se le cambia el medicamento biológico, pues se trata de proteínas diferentes que podrían provocar efectos inmunogénicos. Lo fundamental, para él, es que cada medicamento tenga un buen respaldo científico que garantice la seguridad del paciente.