Temas Especiales

07 de Apr de 2020

Cultura

Una hazaña inconclusa

M ientras millones de personas conteniendo la respiración seguían por televisión segundo a segundo el descenso del Apolo 11 en la superf...

M ientras millones de personas conteniendo la respiración seguían por televisión segundo a segundo el descenso del Apolo 11 en la superficie lunar el 20 de julio de 1969, en nombre de toda la humanidad tres hombres -Neil Armstrong, Edwin “Buzz” Aldrin y Michael Collins- esperaban ansiosos el instante único de colocar por prrmera vez el pie del hombre en la Luna.

Mañana se cumplen 40 años de aquella gran epopeya, una de la más grandes del siglo XX, que al decir de Jorge Luis Borges constituye “la hazaña capital de nuestro siglo, que tendemos a olvidar”.

Les tocó a Armstrong y Aldrin ser los primeros hombres en dejar su huella sobre la superficie lunar, mientras Michaell Collins se quedaba a bordo del módulo. Fue entonces cuando Armstrong pronunció su célebre frase: “Este es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”, con la cual se cumplía la promesa del presidente John F. Kennedy, poco después de llegar a la Casa Blanca en 1961, de llegar a la luna antes de que terminara la década.

Eran tiempos de la Guerra Fría y la locura recorría el planeta. La conquista del espacio constituía tan sólo la cara amable de otra competencia paralela -la armamentista- en la cual los Estados Unidos y la Unión Soviética se disputaban el predominio político, ideológico y cultural del mundo.

La delantera en la desenfrenada carrera espacial fue tomada por la Unión Soviética el 4 de octubre de 1957, cuando lanzó al espacio el satélite artificial Sputnik 1 y un mes después el Sputnik 2, con la famosa perra Laika a bordo. Los estadounidenses, que veían con recelo cómo perdían etapa tras etapa, finalmente reaccionaron con la creación del programa Apolo que 12 años después, ese 20 de julio de 1969, convertiría a Armstrong y Aldrin en los primeros héroes del espacio.

Terminada la Guerra Fría, la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (NASA) pasó a encabezar la exploración espacial con el consentimiento de la Unión Soviética, que se convirtió en un aliado. +2B

El desarrollo de la tecnología espacial se aceleró a pasos gigantescos y pronto comenzaron las misiones científicas a los planetas del sistema solar, a los asteroides y hasta los cometas que cruzan la galaxia.

¿VALIÓ LA PENA?

La exploración espacial que dió uno de sus pasos más significativos ese 20 de julio, no tuvo sin embargo el desarrollo y los resultados que muchos esperaban. Las tragedias y tropiezos que ha sufrido en estas cuatro décadas, le auguraron un camino incierto desde sus primeros pasos.

El primer revés ocurrió el 27 de enero de 1967 cuando tres astronautas perecieron en un incendio desatado durante los ensayos de lo que debía ser la primera misión de las cápsulas Apolo.

El 28 de enero de 1986, siete tripulantes del transbordador Challenger murieron cuando la nave estalló 73 segundos después de su lanzamiento desde el Centro Espacial Kennedy, en la Florida.

El drama volvió a sacudir a la NASA el 1 de febrero de 2003, al desintegrarse el transbordador Columbia cuando regresaba de lo que había sido una exitosa misión científica. En esa ocasión también murieron sus siete tripulantes y la investigación, que determinó que una de las alas de la nave había sido perforada por un trozo aislante en el despegue, alteró los planes de la NASA para sus transbordadores, que serán retirados de servicio el próximo año.

A esas tragedias se suma el enorme costo de la exploración espacial que, según muchos legisladores y científicos, supera con creces los beneficios.

Las voces críticas señalan, como ejemplo, que está muy lejos el día en que se logre traer muestras del suelo para demostrar que alguna vez hubo vida en Marte, uno de los principales objetivos de los vehículos exploradores y orbitadores enviados a ese planeta.

Para Alan Stern, administrador científico de la NASA hasta marzo de este año, cuando renunció en protesta por lo que consideraba gastos excesivos de la agencia espacial, este propósito es un sueño imposible. "Se desprecia el control de costos y no creo que alguna vez ocurra eso de traer muestras de Marte", manifestó.

Una voz menos crítica es la de Sushil K. Atreya, científico de la Universidad de Michigan y miembro del Consejo de Investigación Nacional, que evaluó el programa de la NASA el año pasado. "Tenemos que aceptar el hecho de que se superarán los presupuestos y es necesario buscar la forma de mitigarlos", señaló.

El presupuesto fiscal del gobierno norteamericano fue de 2,9 billones de dólares en 2008 y un 0,6 por ciento de ese total fue asignado a la NASA. Debora Wolfenbarger, del Programa de Innovaciones del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), busca acallar las críticas y señala que las miles de aplicaciones tecnológicas surgidas desde el comienzo de la era espacial "bien han valido la pena".

EL APORTE A LA CIENCIA

Desde el momento en que Armstrong se convirtió con su "pequeño paso" en el primer hombre en dejar su huella en la Luna, los saltos de la ciencia espacial han sido gigantescos. Muchas de sus aplicaciones han ingresado en la vida cotidiana de los habitantes de los distintos lugares del planeta y han entrado en la cadena comercial, en ocasiones sin que alguien se percate de ello.

Desde los días del programa Apolo que llevó a Armstrong a la Luna, en una noche estrellada se puedan ver cruzar el cielo, en algunos casos a simple vista, satélites científicos, meteorológicos y de comunicaciones, que transmiten imágenes a todo el mundo.

La información de los satélites meteorológicos se ha convertido en un elemento vital para pronosticar los huracanes y el estado del tiempo de manera precisa incluso con días de anticipación. Esos mismos satélites son los que han determinado el deshielo de los polos causado por el calentamiento global, así como el grado de contaminación que sufre el planeta.

Para los científicos, la aplicación más importante de la ciencia espacial ha sido el Sistema de Posicionamiento Global (GPS por sus siglas en inglés), que permite ubicar con precisión un punto en cualquier lugar del planeta con la ayuda de satélites.

Según la NASA, detrás de la simplicidad del GPS existe un cúmulo enorme de conocimiento científico sobre los movimientos y los cambios permanentes que se registran en la Tierra.

El sistema, integrante habitual del equipo de un automóvil y hasta de un teléfono celular, tiene aplicaciones científicas relevantes al permitir ubicar los movimientos de las placas tectónicas, medir el aumento de los niveles marinos y, sobre todo, hacer mucho más segura la navegación aérea.

La lista de las aplicaciones de la era espacial a la vida diaria es prácticamente interminable. Incluye los sensores infrarrojos designados para medir las ondas calóricas de los planetas y las estrellas, ahora incorporados a los termómetros sin mercurio; los instrumentos inalámbricos derivados de la taladradora con la que Armstrong perforó las piedras lunares que trajo a la Tierra; los monitores cardíacos para controlar la salud de los astronautas que son hoy de uso corriente en los hospitales; así como los lentes de contacto desarrollados para proteger a los navegantes del espacio de la luz ultravioleta. Otros inventos son el teflón para proteger a los cohetes, los alimentos deshidratados, y los nuevos tubos de pasta dentífrica, similares a los que contenían los alimentos de los astronautas en la ingravidez del espacio.

El último de los avances de la era espacial es un sistema de conversión de la orina en agua potable, que ya se usa en los transbordadores y en la Estación Espacial Internacional, aunque todavía no ha llegado a los terrícolas.

¿QUÉ SE LOGRÓ?

Para los expertos el mayor logro ha sido la Estación Espacial Internacional (EEI) -en inglés International Space Station (ISS)- un centro de investigación que está siendo construido en la órbita terrestre. Concebida en 1990 tras el colapso de la Unión Soviética, es un proyecto en el cual participan cinco agencias del espacio: la NASA (Estados Unidos), la Agencia Espacial federal Rusa (Rusia), la Agencia Japonesa de Exploración Espacial (Japón), la Agencia Espacial Canadiense (Canadá) y la Agencia Espacial Europea (ESA).

El proyecto, la mayor empresa tecnológica internacional de la historia con un costo inicial de 100.000 millones de dólares, comenzó a tomar forma a finales de 1998 cuando se unieron sus dos primeras piezas en una órbita a casi 400 kilómetros de la Tierra.

Uno tras otro, las naves rusas Mir y Soyuz y la flotilla de transbordadores de Estados Unidos siguieron agregando módulos al complejo, habitado de forma permanente desde noviembre de 2000.

EL FUTURO

La exploración lunar tuvo su clímax entre 1969 y 1972, cuando el satélite recibió la visita de trece astronautas. Desde entonces, no ha recibido visita humana. Ahora hay un renacido interés, cuyo primer paso ocurrió el pasado mes de junio, cuando se colocó en la órbita lunar la nave robótica Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO)

La LRO, que ya ha empezado a enviar imágenes a la Tierra, explorará los cráteres más profundos de la luna, sus regiones bajo la luz del Sol y las que están permanentemente en la sombra y los efectos de la radiación sobre los seres humanos. También tratará de confirmar la presencia de agua y de elementos minerales que pudieran sustentar durante un tiempo prolongado la presencia del hombre en la Luna.

El propósito de una aventura tan costosa -unos 105.000 millones de dólares- es la explotación de los recursos naturales que los científicos creen que allí existen, y el establecimiento de un trampolín para los viajes a Marte. La continuación de la aventura humana más allá de la Tierra y hacia Marte requerirá que los astronautas sobrevivan de uno a tres años en sus naves, sin gravedad. Una base en la Luna, acortaría los tiempos de permanencia en las naves y podría constituir el punto de partida para continuar la anhelada conquista del espacio.

Con información de EFE, Reuters y AP