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02 de Mar de 2021

Cultura

¿Célibe = pederasta?

El pasado 16 de abril, el Papa Benedicto XVI cumplió 83, en medio del mayor escándalo de la historia reciente en el seno de la Iglesia C...

El pasado 16 de abril, el Papa Benedicto XVI cumplió 83, en medio del mayor escándalo de la historia reciente en el seno de la Iglesia Católica, por los casos de pederastia cometidos por sacerdotes en ejercicio. Tres días después, el lunes 19, el pontífice celebró también el quinto aniversario de su entronización como rector de los destinos de la Iglesia Católica, en medio de revelaciones de nuevos casos contra sacerdotes en Brasil, Chile y México.

Cada día son más las voces voces que piden la renuncia del líder del catolicismo, acusándolo no solo de encubrir estas prácticas, sino de ser cómplice de ellas. Las declaraciones de altos prelados de distintos países del mundo tratando de justificar los hechos no han conseguido más que producir el efecto contrario, enredar más las cosas y enfrentar a importantes grupos de la sociedad con la iglesia.

La controversia ha reabierto una vez más la polémica sobre hasta dónde el celibato al que están obligados los sacerdotes católicos, los inclina hacia la pedofilia. Para obtener algunas luces sobre el tema, FACETAS entrevistó a varios especialistas panameños que analizaron el fenómeno desde el punto de vista de la siquiatría, la sicología y la sexología.

Los expertos consultados coinciden en que no existe relación entre celibato y pedofilia. Para el siquiatra forense Alejandro Pérez, el sacerdote católico sabe de antemano que una de las exigencias de su profesión es la ausencia de actividad sexual, lo cual no necesariamente tiene que generar un trastorno, toda vez que esta necesidad puede “ser canalizada por acciones altruistas, entrega total a su fe o reemplazada por un trabajo de cualquier tipo”.

Sin embargo, Alejandro Cantón, doctor en sicología clínica, considera que ante la necesidad sexual insatisfecha hay quienes buscan satisfacción con personas vulnerables, “incurriendo en estupro, donde el abusador se aprovecha de su posición de mayor jerarquía, en perjuicio de un menor”.

La sicóloga Geraldine Emiliani explica que el servicio del sacerdocio es una opción voluntaria tomada “después de conocer la verdad de lo que se está por asumir”. Emiliani recuerda que los postulantes disponen del tiempo necesario para tomar sus decisiones, gozan de todo tipo de información al respecto y lo más importante es que tienen siempre la oportunidad de renunciar a ser sacerdotes antes de ser consagrados como tales.

Aunque no existe un perfil único para describir al pederasta, los especialistas señalan que suelen ser personas inseguras, con poca autoestima e incapaces de afrontar una relación sexual en términos de igualdad. Actúan conscientemente y su proceder no se debe a que padezcan algún tipo de trastorno siquiátrico grave, aunque pueden ser personas que han sufrido a su vez de maltrato y abuso físico, sexual o emocional que tienden a repetir en su edad adulta en el rol de agresor. “Su cerebro no funciona de manera normal”, advierte la sicóloga Geraldine Emiliani. Un estudio de la Universidad de Maastricht en Holanda, citado por esta profesional, detectó en el año 2000 que la acción de la serotonina -un neurotransmisor involucrado en la regulación de la conducta sexual- suele estar alterada en los pederastas, y también padecen lo que en términos de salud mental se conoce como falta de control de impulsos.

Según Emiliani, los pedófilos o paidófilos –que son quienes cometen pederastia – “pertenecen a cualquier clase social, los hay listos y los hay tontos, en la mayoría de los casos se trata de adultos de 20 a 50 años, y más del 90% son varones”. El sexólogo Alvaro Gómez Prado refuerza la tesis de que no es el celibato ni el sacerdocio los que hacen proclive al individuo a la pederastia, porque ésta tiene sus orígenes en la historia del individuo y no en su profesión y la prueba está en que existen muchos paidófilos que no son sacerdotes.

El pediatra Xavier Saez-Llorens, conocido por su postura crítica hacia la iglesia católica, coincide con Álvaro Gómez, y advierte que muchos paidófilos eligen profesiones como entrenadores deportivos, maestros, pediatras y policías, porque su oficio los acerca a sus víctimas, es decir prefieren todo contexto social que implique poder, contacto con niños, espacio cautivo e impunidad. Aunque para Gómez eso “no significa, naturalmente, que todas las personas con estas profesiones actúen de esa manera”.

Pese a que está claro que no necesariamente esta desviación sexual inclina a los individuos al sacerdocio, según varios expertos muchos postulantes se acercan al mismo en busca de refugio y protección. De acuerdo con Emiliani, es una aberración pensar que la Iglesia apoye o estimule esta conducta, pero puede ocurrir que los pederastas se refugien en el sacerdocio para protegerse de la inclinación hacia ese tipo de comportamiento. Álvaro Gómez comparte esta teoría y asegura que muchos paidófilos o individuos con problemas en su sexualidad se incorporan al sacerdocio en busca de un control externo para su mal, fracasando en el intento porque lo que ellos necesitan es un control interno.

En su opinión esto se evitaría con un control más riguroso de las características sico-sociales de los postulantes e incluyendo especialistas que no pertenezcan a la iglesia católica para realizar las evaluaciones.

Para Saez - Llorens allí (en la iglesia) encuentran un camino más allanado para practicar la pedofilia “particularmente si se encubre y no se castiga”y porque se trata de una institución cerrada en la cual sus integrantes tienen un poder moral sobre los menores. En la iglesia todavía subsiste la creencia de que si miras a otro lado, los problemas desaparecerán. Por lo menos ésa es la experiencia del sexólogo Álvaro Gómez, quien se ha enfrentado al hermetismo dentro de la institución al intentar que se revalúe por parte de las autoridades eclesiásticas a pacientes suyos con problemas de sexualidad que son candidatos al sacerdocio. “La iglesia funciona con un pensamiento bien concreto que no permite que otras ciencias intervengan en sus asuntos”, concluye Gómez.

De acuerdo con la mayoría de los especialistas consultados no existe una cura para este mal. Solo el siquiatra Alejandro Pérez opina que se puede curar “siempre y cuando el individuo desee el cambio y cumpla con la terapia”. Se han desarrollado programas de tratamiento de agresores sexuales que incluyen sicoterapia y fármacos y hay técnicas cognitivo – conductuales, pero la mayoría está destinada a minimizar el problema, es decir a que el pederasta no cometa más abusos. “El pederasta lo será toda la vida, es un estado crónico”, señala Emiliani, pero “lo que si se puede hacer es prevenir sus aberraciones, alejándolos de sus víctimas y castigando sus depravaciones”, contrapone Saez - Llorens

El problema radica en el encubrimiento de estos hechos por parte de la iglesia, a juicio de Saez - Llorens, quien considera que “cuando se investiguen de forma rigurosa, saldrá mucha mugre de debajo de la alfombra santa”.