Temas Especiales

16 de May de 2022

Cultura

La dama del folclor

La luz que entra por la claraboya pierde intensidad. Las vibrantes formas que pueblan los lienzos que cuelgan de la pared se van desdibu...

La luz que entra por la claraboya pierde intensidad. Las vibrantes formas que pueblan los lienzos que cuelgan de la pared se van desdibujando en la creciente penumbra. Menguan también las facciones esculpidas del rostro de Loraine Chavarria de Sinclair, el color pardo de sus ojos y el tono azul de los diseños de la pollera que cuidadosamente extiende sobre un sofá. ‘Es una obra de arte. Se me hace muy difícil que exista otro traje que tenga un nivel de trabajo tan grande como éste. Todo se ve corrido, no puedes tener ni siquiera un hilo en la parte de atrás. La costura tiene que ser perfecta’, expresa quien meses atrás fuera seleccionada como la ‘Dama Nacional de la Pollera’, mientras sus manos recorren el fino acabado de la vestimenta que le permitió alzarse con este galardón.

Sentada en un sillón de su residencia ubicada en Bethania, Loraine se remonta a su juventud, específicamente a la época en que tenía 19 años, cuando vistió una pollera por primera vez. Asegura que, a pesar del paso del tiempo, la sensación no varía. ‘Te sientes como la mujer más bella del mundo. Nunca he visto una empollerada fea’, asevera la abogada especializada en derecho bancario.

UN ASUNTO DE FAMILIA

La sala en la que nos encontramos está adornada con pinturas de su cuñada Olga Sinclair, su suegro, el maestro Alfredo Sinclair y de Miguel Sinclair, el otro hermano de su esposo, el doctor Jorge Sinclair. En su residencia el arte tradicional de la pollera convive con el arte más abstracto y vanguardista de las pinturas creadas por su familia política.

El intenso color castaño de la mirada y los cabellos de esta chiricana contrastan con el blanco y negro de las fotografías antiguas que me va enseñando. En una se aprecia a su abuela, Felicia De Puy Romero, vistiendo una pollera marcada, de la misma clase que aquella con la que Loraine obtuvo el primer lugar en la edición del año 2010 del Festival Nacional de la Pollera y la Camisilla ‘Margarita Escala’. Junto a su abuela, comparten el escenario del Club David su progenitora, Enith Romero de Chavarria (ganadora de cuatro concursos de pollera), su hermana, Marta Chavarría y su sobrina, Marta Halwany. ‘Hay cuatro generaciones de empolleradas en esa foto. En mi familia hay cinco polleras actualmente. Todas son de San José de Las Tablas. Eso sí, al César lo que es del César’, destaca.

Además del traje típico con la que concursó y ganó en el ‘Margarita Escala’, Loraine atesora celosamente varias joyas de su abuela, entre las que se encuentran un medallón de oro que tiene grabada la fecha de 1848, cadenas, ‘pajuelas’, brazaletes, etc. Recuerda que en 1983, cuando todavía residía en Chiriquí junto a su familia, a doña Felicia le robaron dos juegos completos de prendas, que incluían mosquetas, medallas, hebillas para zapatos, etc.

Entre sus posesiones más apreciadas se encuentra también la Medalla Malena Nicosia (Q.E.P.D), que lleva el nombre de la hija de Margarita Escala y que forma parte del premio que se le otorgó en noviembre pasado, además de 500 dólares en metálico. ‘Margarita Escala me recuerda a mi abuela. Eran personas muy valiosas, que tratan de hacer patria a su manera’, afirma.

ALGO MÁS QUE UN CETRO

Siguiendo los pasos de su abuela y de Margarita Escala, que fue una embajadora del folclor panameño en el extranjero, Loraine anhela convertirse en una promotora de las tradiciones autóctonas. Comenta que planea solicitar el apoyo del Instituto Nacional de Cultura (INAC), entidad que organiza el Festival Nacional de la Pollera y la Camisilla ‘Margarita Escala’, y de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE) para así poder ‘darle su lugar al traje típico’. Considera que la ‘Dama Nacional de la Pollera’ debe tener un papel más activo ‘en el realce del folclor y de las tradiciones’, no sólo durante el mes de noviembre, que es cuando debe ceder su cetro a una nueva ganadora del certamen, sino a lo largo de todo el año.

‘No sé si estamos inculcando estos valores a nuestros hijos. En la escuela a los niños les dicen que el traje típico de Panamá es la pollera y el montuno y ya pasan la página (del texto escolar)’, advierte la madre de seis hijos, a quienes les han enseñado a valorar todo lo que su familia ha hecho por mantener y cultivar las tradiciones folclóricas. Es una tarea que quisiera llevar más allá del seno de su hogar. Sabe que no será una labor sencilla pero siente que es una de las responsabilidades que se desprenden de su título como ‘Dama Nacional de la Pollera’. Después de todo, afirma no sentirse como ‘una reina sino como una dama que está luciendo su pollera, con mucha gracia, donaire y orgullo’.