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21 de Jan de 2020

Cultura

José Polo: el amor por San Miguelito

Doce y treinta del día. El astro rey está en su máxima expresión, castigando sin piedad a la ciudad de Panamá y sus periferias. El calor...

Doce y treinta del día. El astro rey está en su máxima expresión, castigando sin piedad a la ciudad de Panamá y sus periferias. El calor veraniego es sofocante y, justo después del clásico almuerzo de arroz, carne y menestras, cuando la modorra ataca a muchos provocando incontenibles deseos de echarse una reparadora siestecita, una treintena de jóvenes mujeres, algunas de ellas con sus pequeños hijos en brazos, caminan aprisa y sudorosas hacia la Iglesia Cristo Rompe las Cadenas de Cerro Cocobolo, en la barriada Roberto Durán, del distrito de San Miguelito.

Una en punto de la tarde. En la puerta del templo - donde se acaba de encender el acondicionador de aire del salón principal, en un intento por refrescar el ambiente - miembros de la Organización No Gubernamental ‘Dame una oportunidad’ reciben a las mujeres con entusiasmo, poco antes de iniciar una jornada más de la capacitación que les permitirá optar por una plaza de trabajo digno. Al menos será así para quienes sean perseverantes y culminen los dos meses de entrenamiento: de ellas depende que sus esfuerzos no sean en vano.

Dos en punto de la tarde. Una trabajadora social del área orienta a las estudiantes para que mejoren su autoestima y, a la vez, valoren la oportunidad que se les presenta de salir adelante. Cada vez menos temerosas, las jóvenes comparten, a través de diversas dinámicas, sus expectativas y motivaciones. Esta es la primera etapa del curso en el que - con el apoyo del Ministerio de Trabajo - posteriormente serán instruidas para desempeñarse en diversos empleos relacionados con el sector turístico.

Hace dos semanas que escenas como ésta se repiten día tras días en Cerro Cocobolo, gracias a las gestiones de diversas personas, pero en especial de José Polo, líder comunitario que, después de haber pasado por todo tipo de vicisitudes desde temprana edad, no ha perdido las esperanzas de que las personas con quienes convive tengan la fortaleza para hacer un cambio radical y mejorar las comunidades donde se desenvuelven.

El Presidente de ‘Dame una oportunidad’ admite haber cometido muchos errores en el pasado, algunos que pusieron en peligro su vida. Sin embargo, gracias a la ayuda de muchos que creyeron en él, pudo cambiar cuando, a los 18 años, se encontró solo, con una pequeña hija a quien mantener y sin un centavo en el bolsillo.

El camino no ha sido fácil. Pero contra viento y marea, y tras superar innumerables tentaciones y presiones, pudo librarse de un futuro poco promisorio y hoy, a sus 30 años, está decidido a culminar sus estudios de Derecho y dedica su vida a la labor social con gran pasión y un optimismo envidiable.

GUARDIÁN DE LOS TRABAJADORES SOCIALES

Transitar por calles y barriadas de las denominadas ‘zonas rojas’ donde actúan las casi 50 pandillas que operan en San Miguelito no es ni seguro ni fácil, y menos para quienes intentan resocializar a sus miembros y evitar que otros jóvenes ingresen a sus filas.

Por ello personas como José resultan de incalculable valor para organismos como el Programa de Seguridad Integral (PROSI), que requieren el apoyo de personas que no sean miradas con desconfianza en las comunidades, que brinden algo de seguridad a sus colaboradores y que puedan ser consideradas modelos a seguir.

De hecho, gracias al trabajo de intermediación de este líder y de quienes se han unido a su causa, el PROSI mejoró las canchas deportivas Chago Morales y Chamaco Córdoba, y la de El Valle y Vallecito, localizadas en el corregimiento Arnulfo Arias, que se han convertido en puntos de encuentro donde se gestiona la pacificación de los jóvenes.

AYUDA PARA TODOS

‘Nosotros nos manejamos a nivel de los nueve corregimientos de San Miguelito, pero en estas semanas nuestra faena se centra en Cerro Cocobolo. Acá siempre ha existido un proceso de paz, no obstante, como últimamente varios jóvenes que no están de acuerdo con nuestra visión salieron de la cárcel, se formó una balacera donde falleció una persona y el temor ha vuelto a cundir en el barrio, dificultando nuestra tarea de rescate’, afirma José con momentáneo desánimo.

Sin embargo, pese a que estas circunstancias se repiten con frecuencia, su carisma y empeño suelen imponerse y surgen siempre manos amigas que apoyan sus iniciativas para beneficio de los desprotegidos.

Así sucedió días antes de carnavales cuando, tras tocar muchas puertas, pudo conseguir la colaboración necesaria para trasladar a jóvenes del sector a Chiriquí, donde pasaron cinco días divirtiéndose sanamente y lejos del peligro, como era su intención.

Adolescentes, jóvenes madres solteras, adultos mayores, pandilleros, ex pandilleros, todos reciben una voz de aliento de Polo, y en numerosas ocasiones, la promesa de un auxilio concreto. Al verlo pasear por las estrechas calles de las barriadas de Cerro Cocobolo se palpa la confianza y cariño que inspira en la gente, y se comprueba una vez más que ‘de lo que siembras cosecharás’.