25 de Sep de 2022

Cultura

El ataque de las cintitas inconscientes

El tema de la columna de hoy llega a destiempo, sinceramente. Lo tuve en agenda para Octubre, pero se me hizo corto el mes. Tiene que ve...

El tema de la columna de hoy llega a destiempo, sinceramente. Lo tuve en agenda para Octubre, pero se me hizo corto el mes. Tiene que ver con la campaña de la cinta rosada y celeste, para la prevención del cáncer de mama y próstata; iniciativa que si bien tiene un trasfondo positivo, me hace mucho ruido.

El tema del cáncer es serio y los índices son cada vez más altos. No hace falta guiarse tan solo por las frías estadísticas oficiales. En mi caso al menos, en los últimos años es cada vez más común enterarme que algún familiar, amigo o conocido padece la enfermedad y/o ha muerto a causa de ella, lamentablemente. ¿A usted no le pasa? La cercanía y frecuencia de estos casos se ha convertido en un indicador mucho más real y poderoso que cualquier reporte del Ministerio de Salud.

Ahora bien, ¿qué estamos haciendo al respecto? Una campaña masiva y mediática a nivel nacional. Listo, no es mala idea, pero además de que termina siendo insuficiente ante el problema sobre el que desea crear conciencia, acaba siendo sádica y cruel de alguna forma. ¿De qué vale advertir sobre la importancia de hacerse los exámenes preventivos, diciendo que el cáncer de mama y próstata va en aumento y ya están entre las principales causas de muerte en Panamá, si los hospitales públicos no cuentan con los equipos suficientes para atender masivamente a quienes quieran examinarse? Resulta algo verdaderamente horrible.

Es que no tiene nombre. Ser testigo de toda esa plata gastada año tras año en las luces, cintitas, camisetas y todas las decoraciones de edificios de entidades públicas y privadas; amén de los muchos eventos sociales y cócteles de lanzamiento que no sirven más que para marketing y decir públicamente que son ‘socialmente responsables’; y saber, al mismo tiempo, que en algunas provincias solo hay uno o dos mamógrafos funcionando. O peor, que ni siquiera hay suficientes médicos especialistas para tratar a los pacientes. ¿Entonces de qué estamos hablando? Todo ese recurso y energía que invierten las personas y empresas que dicen estar preocupadas por el tema –y no lo dudo- sería mejor enfocarlo en lo que realmente hace falta para combatir el cáncer.

La campaña termina siendo otro acto de caridad superficial, con el que mucha gente se siente bien pensando que están apoyando una buena causa. Eso o realmente lo que se quiere es asustar a la gente para que todos vayan a las clínicas privadas a hacerse los exámenes. O sea, una campaña publicitaria. Cuando le pidan ponerse la cintita, piense si no sería mejor apostarle también al mejoramiento del sistema de salud pública. Los hospitales públicos se han convertido en trampas de muerte. Los administradores del estado dicen que no hay suficiente dinero y que los equipos son caros, pero gastan nuestros impuestos en armas y carreteras de asfalto. También en cintas rosadas y celestes. ¡Qué casualidad!

COLUMNISTA