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27 de Nov de 2020

Cultura

Pintado de eternidad

Alfredo Sinclair fue más que un maestro de las pintura panameña. Más que un pintor que se proyectó a nivel internacional. Más que un art...

Alfredo Sinclair fue más que un maestro de las pintura panameña. Más que un pintor que se proyectó a nivel internacional. Más que un artista que se debatió entre lo figurativo y lo abstracto. Hasta el día de su muerte, acaecida el pasado fin de semana, fue un patriarca. La cabeza de una de las familias de artistas más connotadas en el Istmo, que cuenta entre sus miembros a Olga Sinclair, tal vez la artista plástica más mediática de su generación.

En la residencia familiar, él y su mujer inculcaron la humildad, la disciplina y la tenacidad frente a todo. Además de enseñarle a sus hijos a apreciar la música, la pintura y las demás manifestaciones del arte.

Fue un pintor que se forjó a base de talento y mucho trabajo, sin apoyo estatal. El primer homenaje oficial que recibió fue póstumo. Se lo otorgó el Instituto Nacional de Cultura (INAC), el día de su funeral, al anunciar que el multimillonario proyecto de ‘La Ciudad de las artes’ será bautizado en su honor. Un tributo que para algunos ha sido demasiado tardío, insuficiente para celebrar una vida que estuvo por completo entregada a la familia y a la creación artística.

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