19 de Ago de 2022

Cultura

La falta de certeza ante la muerte

La gente sabe que se va a morir, pero no lo cree. Por eso desperdician segundos de vida

H ay tantas cosas sobre las que quiero escribir. Tal vez aproveche Semana Santa. No lo sé. Sé, sí, que de mis cuadernos de apuntes podría hacer no solo cientos de columnas, sino libros, muchos libros. Por ejemplo, en la libreta que dice ‘Mayo 2014’, encuentro, en la primera página: ‘Escribir sobre Mario Levrero y su obra, específicamente sobre su ‘novela luminosa’; amigos uruguayos, si voy a su país y me encuentro con el hecho de que poca gente conoce los libros de Levrero, me confirmarán lo miserable que somos todos los que escribimos, de la inmensa soledad que implica escribir’.

A Mario Levrero lo conocí en mi viaje a Uruguay, en mayo de 2013, por supuesto, durante una gira musical. Nunca he escrito nada serio sobre Mario Levrero. Ni lo haré, creo. Lo único que puedo decirles, lectores, es: lean a Levrero. ¿Por qué? Pues, porque es cabronamente bueno. Un escritor del que sí es posible que escriba es de Brendan Behan, escritor dipsómano admirado por Enrique Vila-Matas. Behan, según un artículo de Vila-Matas, decía ‘soy un alcohólico con problemas de escritura’.

A veces de mí creo que podría decir que soy un mujeriego con problemas de escritura y canto. En otra libreta, de fecha incierta, apunté lo siguiente: ‘¿Por qué no hay una expresión para cuando la gente tose y en cambio sí para cuando la gente estornuda?’. Tonterías como esa, sin trascendencia alguna, me gusta apuntar en mis libretas de apuntes. No lo sé, tal vez algún día les encuentre algún destino a esa palabras sueltas, a esas ideas que me salen en el calor, en el sexo, en la soledad, en el baile, en la pereza y la guerra.

Por último, en una libreta que tampoco lleva fecha (la mayoría de ellas no tienen fecha, pues en realidad no creo en la camisa de fuerza del tiempo, de los días, la prisión, la eterna prisión del implacable cronos de la puta madre que lo parió), encuentro el siguiente parrafito: ‘¿Por qué la gente anda tan cabreada? Podríamos decir que es por la construcción del metro, el alza de la canasta básica familiar, el tráfico, el calor (o la calor), etc. Pero creo que es simplemente porque la gente no sabe que se va a morir. Es decir, lo sabe, pero no lo creen, entonces desperdician segundos de vida en sentirse como desechos’.

Sí, la gente no sabe que se va a morir. Eso me recuerda también a la señora Javiera Otín viuda de Ruiz, una doña amiga mía que tiene 103 años de edad de quien hablaré a fondo en otro espacio y de quien por ahora solo diré que tiene la mente tan clara como el agua. La señora Javiera, pues, me dijo una vez: ‘Mis hijas quieren que me vaya a vivir a España con ellas. Pero yo no quiero. ¿Qué voy a hacer yo a la Madre Patria a estas alturas? Ya todas mis amigas están muertas. No voy a estar visitando cementerios, mijo. ¿Ves?, vivir muchos años no es tan bueno como la gente cree’. Yo le pregunté: ‘Entonces, ¿se quiere morir, señora Javiera?’. ‘¡Ay, no!, ¡cómo crees, mijito, ni loca! ¡Lejos con la muerte, lejos!’. Muy sabia, la señora Javiera, muy sabia.

JAVIER MEDINA BERNAL