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08 de Dec de 2019

Cultura

La vida que fluye más allá de la audición

Alcanzar una rutina normal con plena integración social y laboral parece ser una utopía para la comunidad de sordos en Panamá. Resta estructurar y articular nuevos esfuerzos que permitan visibilizar las dificultades reales que enfrentan quienes viven tras la cortina del silencio

Según la OMS, unos 466 millones de personas padecen pérdida de la audición discapacitante.Shutterstock

Hay realidades que parecen casi invisibles. Aunque no paralizan, son una pieza rocosa en el trayecto del caminante sordo. En Panamá, la falta de empatía, educación y comprensión del mundo que muchos enfrentan en silencio deja un largo trecho que recorrer, en la búsqueda de la autonomía personal e inclusión de esta comunidad.

Una hipótesis que sustenta Oscar Sittón, director General de la Secretaría Nacional de Discapacidad (Senadis). “Existe una miopía social acerca de las personas con discapacidad” que dificulta el logro de sus metas como seres con derechos humanos; “en especial las personas sordas que se enfrentan a una limitación comunicacional y a enormes desafíos que el mundo oyente no comprende y se niega a educarse”.

El análisis es propicio y se enmarca en la Semana Internacional de la Persona Sorda, un evento mundial celebrado anualmente durante la última semana de septiembre, además de la reciente conmemoración del Día Internacional de las Lenguas de Señas, el 23 de septiembre.

“Existe una miopía social acerca de las personas con discapacidad”,
OSCAR SITTÓN
DIRECTOR GENERAL DE SENADIS

De acuerdo con Sittón, la cotidianidad de las personas oyentes puede representar limitaciones significativas para las personas sordas, debido a que la sociedad carece de las adecuaciones tecnológicas y la accesibilidad que les permita tener la autonomía personal requerida .

Una realidad en la que, según comenta, “la comunidad en general y el trabajo que las asociaciones de personas sordas pueden realizar es clave” y representa una de las herramientas para ayudar a hacer frente a estos obstáculos y proporcionarles el apoyo que demandan “para lograr la participación plena y la equiparación de oportunidades”.

Por otra parte, explica, la comunidad sorda en Panamá se enfrenta a la soledad y el aislamiento social; “es necesario que las familias, los amigos, los grupos y la sociedad en general se eduquen en la forma de tratar a una persona sorda”.

La vida que fluye más allá de la audición

“Los medios de comunicación social deben aportar más y deben existir segmentos exclusivos para personas sordas en los noticieros y en otros medios que incluyan programas de recreación, participación en actos de cultura, deportes, actividades religiosas, etc.”, enfatiza.

“El mayor desafío es, sin dudas, el mundo del trabajo, por ser este la única posibilidad de redención social que tienen las personas con discapacidad, y en este caso las personas sordas viven en muchos casos en pobreza dimensional”, recalca.

“Encontrar un empleo digno es un reto que transforma vidas en las personas con discapacidad auditiva”, señala, y la mayor dificultad es lograr programas de formación e inserción laboral para las personas sordas, así como “la presencia de servidores públicos y empresas privadas que les abran las puertas y reconozcan sus potencialidades y capacidades”.

“Necesitamos el respaldo de toda la sociedad, elementos de cultura, libros en lengua de señas, guías, páginas web, señalética y otras acciones que las familias y la sociedad puedan desarrollar para garantizar el éxito psicosocial de las personas sordas. Preguntémonos qué pasaría si tenemos un hijo o un nieto sordo en la familia, ¿cómo nos gustaría que lo trataran?”, anota.

Sobre los entornos educativos, indica que “en Panamá seguimos aún con ambientes escolares tradicionales, no se cuenta con el servicio de intérpretes en los colegios, escuelas y muy poco en las universidades, lo que limita que alcancen grados académicos del tercer nivel de educación”.

“Si enseñamos a los niños a aceptar la diversidad como algo normal, no sería necesario hablar de la inclusión, sino de la convivencia; la inclusión educativa trata de lograr un enfoque más humanista de la discapacidad, entenderla como una enseñanza que moviliza condiciones metodológicas, estrategias didácticas, principios de enseñanza aprendizaje y atención a estudiantes con y sin discapacidad”, añade.

Historias

Pese a este escenario, hay talentos con espíritu resiliente como el de Irving Jiménez, que bien saben encarar las tempestades. Diagnosticado con sordera a los seis meses de nacido, hoy funge como Director Nacional de Administración y Finanzas del Instituto Panameño de Habilitación Especial (IPHE).

Recuerda que durante su niñez fue víctima de bullying, pero siguió adelante. “Gracias a Dios lo logré, fui a la universidad y me gradué como sigma lambda”.

Comparte que aunque Panamá carece de una cultura inclusiva, este año se dio un impulso con la designación del viceministro de Cultura, Gabriel González, “es un ejemplo, ambos somos profesionales y le damos todo el empeño con mucho esmero al trabajo. Ojalá que todas las instituciones gubernamentales permitan el ingreso a personas con discapacidad a trabajar, darles la oportunidad que ellos también merecen”.

Fermina Gough también compartió su experiencia con este diario. Luego de nacer “como una niña normal”, perdió la audición al cumplir los 13 años a consecuencia de una meningitis, algo que no le impidió continuar con su formación profesional y actualmente se desempeña en el campo contable.

“En 2009 me acerque a la comunidad de sordos, donde aprendí la Lengua de Señas Panameña (LSP), lo que me ayudó a ampliar la comunicación con los del entorno”, afirma.

“La LSP me abrió puertas a una vida social plena. Soy activista en derechos humanos de personas con discapacidad y miembro fundador de Meledis (Mesa de Análisis de Leyes y Políticas Públicas de Discapacidad)”.

El contexto

Según el Censo de 2010, en Panamá existían aproximadamente 15,191 personas con discapacidad auditiva (INEC 2010). Las cifras ofrecidas por la Asociación Nacional de Sordos Panamá (Anspa) y recogidas en el Informe 2008 de la Federación Mundial de Sordos (WFD&SNAD 2008:15) hablan de 9,000 personas sordas en Panamá. Será la Segunda Encuesta Nacional de Discapacidad (ENDIS 2), programada para el 2020, el instrumento que brinde los datos reales de las personas con discapacidad.

El director de Senadis puntualiza que “tenemos un subregistro y carecemos de indicadores reales y oportunos, desglosados por tipo de discapacidad como los viene solicitando el Objetivo de Desarrollo Sostenible N° 17 y el propio artículo 31 de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad”.

La pérdida de la audición se manifiesta cuando el sujeto no es capaz de oír tan bien como una persona cuyo sentido del oído es normal; es decir, cuyo umbral de audición en ambos oídos es igual o superior a 25 dB. La pérdida de audición puede ser leve, moderada, grave o profunda. Afecta a uno o ambos oídos y entraña dificultades para oír una conversación o sonidos fuertes.

Datos de la Organización Mundial de la Salud indican que unos 466 millones de personas padecen pérdida de la audición discapacitante. De estas, 34 millones son niños y se calcula, que, en 2050, más de 900 millones de personas sufrirá una pérdida de audición discapacitante.

En Panamá, el Instituto Panameño de Habilitación Especial, Senadis y la Asociación de Sordos de Panamá ofrecen instrucción para el aprendizaje del lenguaje de señas.

Alba Quintana, presidenta de la Anspa, comenta que “los sordos cuentan, como miembros de la especie humana, con condiciones para la adquisición espontánea de un sistema verbal”.

Y la manera de aprovechar esta facultad es hallando el potencial de las comunidades humanas para “producir” lenguas ajustadas a sus características. “No se trata de una lengua que se constituya por medios auditivo-orales, sino de una lengua que recurre a un canal de organización viso-espacial”.

“La lengua de señas representa, en este sentido, el vehículo natural en el cual los sordos pueden actualizar un sistema verbal y, eventualmente, puede conducir a sostener un marco de identificación social y cultural, al convertirse en un sistema privilegiado de comunicación, funcionamiento cognitivo y estructuración psicológica”, cita.

Quintana destaca que de acuerdo con un estudio longitudinal realizado entre 2016 y 2018 por Aysha Castillero, especialista en la educación del sordo, en Panamá no hay recursos para los niños sordos, los maestros no saben lenguaje de señas, no se contrata a intérpretes en las escuelas y no hay mentores sordos contratados como modelos lingüísticos en los centros de salud para atender a los niños de 0 a 2 años.

Quintana asegura que las empresas no cumplen con el 2% reglamentario para incluir a personas con discapacidad y menos a personas sordas, y en los medios de comunicación no hay suficientes intérpretes en la pantalla.

Lo cierto es que, para la presidenta de Anspa, “uno de los elementos del éxito psicosocial de las personas sordas es adquirir una forma de comunicación que no lo frustre ni le genere irritabilidad o depresión al no poder comunicarse. El éxito está basado en el respeto a nuestra lengua”.