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16 de Nov de 2019

Cultura

Mitterrand y la obsesión por evitar la sangre

La caída del muro de Berlín no pilló de sorpresa en el Palacio del Elíseo. El presidente francés François Mitterrand llevaba años trabajando en la hipótesis del fin del bloque soviético

La primera ministra británica, Margaret Thatcher; el canciller alemán, Helmut Kohl (c), y el presidente francés, François Mitterrand.EFE

La caída del muro de Berlín no pilló de sorpresa en el Palacio del Elíseo. El presidente francés François Mitterrand llevaba años trabajando en la hipótesis del fin del bloque soviético y obsesionado con que su colapso fuera pacífico y no frenara la construcción europea, según reconocen ahora sus colaboradores.

Durante años, esa prudencia del entonces inquilino del Elíseo fue interpretada como una oposición a la reunificación alemana, una tesis que rechazan los defensores de la memoria del primer presidente socialista del país.

"Para nosotros la a caída del muro no fue un hecho extraordinario, hacía años que trabajábamos en la idea de la caída de la Unión Soviética", recuerda ahora Hubert Vedrine portavoz entonces del presidente, antes de convertirse en su mano derecha en los últimos años de su mandato y, posteriormente, dirigir la diplomacia francesa entre 1997 y 2002.

CALMA FRENTE A LA EMOCIÓN

El exministro, hoy uno de los más respetados analistas de la política internacional en Francia, se niega a hablar de "caída" del muro y habla de una "apertura" de mayor valor simbólico que real, la cual aceleró un proceso iniciado años antes.

"En los centros de poder, la situación se vivió de forma diferente a la reacción emotiva que tuvieron la opinión pública y los medios (...) Si les preguntas a los polacos o a los húngaros la apertura había sido anterior", asegura Vedrine, que considera que el auténtico hecho importante fue el fin de la Unión Soviética en 1991.

Muy cerca de Mitterrand también estaba entonces Jack Lang, ministro de Cultura, amigo y confidente del presidente, que rememora cómo, desde años antes, utilizaron todos los instrumentos a su alcance para minar al bloque comunista.

"Militábamos por la liberación de los países sometidos a la tutela soviética. Fuimos a cada uno de esos países para apoyar a los disidentes", afirma el ahora presidente del Instituto del Mundo Árabe de París.

La imagen de Mitterrand desayunando en Praga con Vaclav Havel pocos días antes de su arresto fue un acicate a la contestación del férreo control comunista en esos países, como también lo fue la visita a París de otros líderes como el polaco Lech Walesa, señala Lang.

A diferencia de Vedrine, el exministro de Cultura opina que "nadie pensaba que el muro podía caer" de forma tan sencilla, lo que alimentó discursos eufóricos.

La prioridad de París, sostienen ambos, pasaba por que la eclosión del bloque soviético no degenerara en un sangriento enfrentamiento, que se desarrollara de forma democrática y que no debilitara la construcción europea.

Esas fueron las directrices que marcó Mitterrand, hasta el punto de que muchos de sus detractores consideraron tibia su postura, sobre todo de cara a la reunificación alemana.

CONDICIONES A LA REUNIFICACIÓN

Tanto Vedrine como Lang rechazan que el entonces presidente francés se opusiera a la fusión de las dos Alemanias, aunque reconocen que puso sus condiciones.

"Para él era prioritario que Alemania reconociera sus fronteras, en particular con Polonia, porque recordaba que habían sido una de las fuentes de la Segunda Guerra Mundial", asegura Lang.

Vedrine agrega que también era importante para el presidente francés que la reunificación no frenara la construcción europea, en un momento en el que París presidía la Comunidad Económica Europea (CEE) y que comenzaba a hablarse de moneda única.

De esas condiciones, considera el exministro de Exteriores, la derecha y la extrema derecha alemana crearon el "mito" de que Mitterrand se oponía a la reunificación, algo que considera "absurdo y sin fundamento".

"No podía oponerse a un fenómeno así, pero desde el inicio trató de que no fuera trágico", asegura Vedrine, que recuerda que en suelo de la República Democrática Alemana había más de 300.000 soldados soviéticos.

Esa polémica fue recuperada por la derecha francesa, deseosa de debilitar a un presidente que acababa de renovar su mandato. "Unos decían que Mitterrand estaba en contra (de la reunificación alemana) y otros que no estaba suficientemente en contra, que una Alemania unida sería demasiado poderosa", dice el excanciller.

"Yo creo que Mitterrand era más favorable a la reunificación que el propio (Helmut) Kohl (canciller de la República Federal Alemana), que era más prudente, se imaginaba un periodo de transición más largo", asegura Lang.

FRENESÍ DIPLOMÁTICO

Vedrine alaba el comportamiento de quien fuera su jefe en el Elíseo en aquellos años convulsos, en los que los acontecimientos se aceleraron y donde los diferentes líderes multiplicaron los encuentros ante el nuevo panorama que se vislumbraba.

"Creo que nunca ha habido tantas cumbres en tan poco tiempo", asegura el exjefe de la diplomacia gala, que asegura que la altura de líderes como Miterrand, George Bush, Margaret Thatcher y, sobre todo, Mijail Gorbachov, hicieron que el desmantelamiento del bloque soviético "se controlara bien".

En cambio, Vedrine cree que Occidente no supo adaptarse a la nueva situación creada tras la caída del telón de acero y cuyas consecuencias, señala, siguen presentes en la actualidad.

Lang recuerda la euforia que siguió a la apertura del muro y él mismo aseguró entonces, en un discurso de conmemoración del bicentenario de la Revolución Francesa, que "se abría un mundo nuevo, el de la libertad".

"Era la visión que había en Occidente, muy angelical. Se pensaba que era el final de los conflictos", afirma Vedrine, que la contrasta con la posición de vencedores que predominó en Estados Unidos.

En cualquier caso, el diplomático cree que no se supo entender el verdadero sentido de lo que estaba sucediendo hasta que una década más tarde se produjeron los atentados del 11-S, cuando Occidente se dio cuenta de que en ausencia del enemigo histórico había otras amenazas.

"Frente a quienes pensaban en el final de la historia, la historia volvió a avanzar y aparecieron nuevos polos. Ahora nos encontramos en una situación de caos, pero eso no quiere decir que sea de guerra. El mundo no es más peligroso. Es más imprevisible, más inestable. Los europeos tenemos que poner los pies en el suelo", afirma Vedrine.