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21 de Jan de 2020

Cultura

Maltrato

Esta primera columna del año va por los indefensos, por los que tienen cerradas las puertas, por aquellos de los que no se habla

Comienza un nuevo año y ya tenemos servida la primera polémica, un señor de ochenta y tres años se defiende a manotazos de una mujer que trata de contagiarse de Su Santidad. Y ahí vamos, como caballitos trapicheros dando vueltas al mismo recorrido. Que si fue maltrato, que si fue defensa.

Que existe el maltrato es incuestionable, que es una odiosa lacra es innegable, pero que no estamos viendo el panorama completo también es una verdad como un templo.

Que una persona ose levantarle la mano a otra aprovechándose de su superioridad física o de su dominio es asqueroso, pero el problema es que últimamente solo nos estamos centrando en eso, en el maltrato físico.

Y hay cosas igual de crueles que un guantazo. Les cuento, hace varios años, en las fiestas patronales de un pueblo del interior un hombre se me declaró, después de entonar loas a mi belleza, me describió la buena vida que iba a tener con él, me desglosó cantidad de hectáreas y cultivos, número de cabezas de ganado que poseía, y lo más importante, me dijo que él trataba bien a sus mujeres, que las llevaba al supermercado y que 'les dejaba comprar lo que ellas quisieran' Ojo ahí, lo que ellas quisieran. Yo rehusé amablemente la propuesta, a pesar de que era tentadora.

Pero después de la risa viene la reflexión, eso también es maltrato.

Mujeres que han vivido durante años dependiendo de una cuenta de banco de la otra persona, que no tienen dinero propio, que saben que, si se van, pierden absolutamente todo, ¿quién va a ayudarlas? ¿Dónde conseguirá trabajo una mujer de más de mediana edad? ¿Y el seguro social? ¿Cómo puede atenderse si se enferma? Ya, todos sabemos que existen alternativas sanitarias semigratuitas, pero todos sabemos cómo funcionan y todos sabemos que, si no tienes palanca, es complicado para cualquiera. ¿Y cuando ya no pueda trabajar ni siquiera limpiando escaleras? ¿con $120 a los 70 podrá sobrevivir? Mientras tanto, el marido sabe que la tiene bien agarrada por los pelos, él provee de todo lo que ella necesita, ¿qué más quiere?

Hay miles de madres extranjeras casadas con panameños en este país. Madres extranjeras que saben que seguramente perderían a sus hijos si se les ocurre hacer amago de rebelarse. Porque las cosas son así y porque todos sabemos que en este país todo se compra y la justicia se vende. Madres que saben que se arriesgan a quedarse en la calle, sin familia, sin dinero y sin ningún apoyo.

El maltrato psicológico es brutal y silencioso. No se ven moratones, no hay labios partidos, ni gritos, en muchos casos ni la mujer tiene claro que está siendo maltratada. Quizás se pase toda la vida en esa muerte en vida, en ese no tener opciones, no saber dónde ir.

Mientras hablamos de violaciones y de asesinatos, cientos, miles de mujeres están encerradas en una cárcel terrible, y este año que está empezando para ellas no será más que más de lo mismo.

¿Quién habla por ellas? ¿Quién baila por ellas? ¿Quién propone apoyos, ayudas? ¿Dónde les decimos que pueden ir? ¿Cómo las liberamos?

Esta primera columna del año va por los indefensos, por los que tienen cerradas las puertas, por aquellos de los que no se habla, de los que no se baila, a los que no se ve.

Este aullido quiere llamar la atención acerca de las formas que tienen los que manejan los hilos de hacer que nos fijemos en lo que a ellos les interesa, olvidando, en el camino, cosas igual de importantes pero menos impactantes.

Columnista