Temas Especiales

11 de Jul de 2020

Cultura

La emergencia de un presente perpetuo en la cultura

En esta tercera entrega nos dedicamos a mejorar la comprensión de la cultura individual, para relacionarla en el contexto social. Trataremos de desmenuzar las relaciones culturales que se han ido tejiendo en nuestra historia

Nos encontramos este lunes para seguir reflexionando sobre todo aquello que se ha ido acumulando, en lo que hoy conocemos como “El pensamiento contemporáneo”, explicando que el pernio central de nuestro desarrollo intelectual se caracteriza por una desarmonizada concepción del mundo, que ha puesto delante de nosotros la revisión de simples nociones como la identidad y la cultura, conocimientos que resultan ser fundamentales para comprender el desarrollo de la sociedad y sus relaciones.

La cultura se realza en los pueblos originarios.Archivo | La Estrella de Panamá

Es así que en nuestro anterior artículo nos dedicamos a mejorar la comprensión de la cultura individual, para relacionarla en el contexto social donde el sujeto va a participar, siendo el individuo uno que actúa como receptor o promotor dentro de las dinámicas que componen la sociedad. Tratando de sintetizar que cada individuo es portador de rasgos distintivos expresados a través de su educación intelectual, espiritual, material... como también su experiencia afectiva que provee características a un grupo social.

Acentuando (en el artículo anterior) la importancia de comprender esas individualidades en los cambios que una excelencia educativa deba acompañar.

Resalté la atención a la mala interpretación de un “relativismo cultural”, mezclado con un “populismo cultural”, creadoras de ángulos incomprensibles que ofuscan la vigorosidad de cualquier proceso, que entienda llevarnos hacia un colectivo avance social. Y sobre todo, en un proceso de relaciones interculturales.

Ahora los invito a que me acompañen al cuarto punto de mis apuntes privados que, en un post it me recuerda: “La emergencia de un presente perpetuo”, donde nos ocuparemos de desmenuzar –de manera simplificada y directa– los meandros que se han ido tejiendo alrededor de las relaciones culturales.

La emergencia de un presente perpetuo

De niño, ¿a quién no lo han sentado en un taburete y puesto a expurgar arroz en una gran batea? Esa operación consiste en quitar el churú y las piedritas que trae el arroz de segunda calidad. Pues así me siento en este momento, y así quiero que usted, amable lector, siga mi relato... quitando lo malo y dejando lo bueno, a la manera interiorana, en 'tiempo del Ñopo'.

Panamá es un país multiculturalArchivo | La Estrella de Panamá

A mi primera “maná de tiro de arroz” ... empiezo a expurgar.

Pienso –a manera de reflexión muy personal– que hemos creado un Ministerio de Cultura, pero con mucha franqueza, ¿sabemos realmente lo que es cultura?

Cuando hablamos de cultura no solo nos referimos a las disciplinas artísticas y literarias, pues son todas esas experiencias adquiridas que caracterizan una sociedad o un grupo social.

La manera de expresar sus pensamientos, sus propiedades materiales, intelectuales y espirituales. Son los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, es el sistema de valores, la tradición y sus creencias.

En síntesis, cultura es un conjunto de experiencias adquiridas, a través de la convivencia y la participación de una colectividad.

Vuelvo y tiro otra “maná de arroz” ... y sigo expurgando.

Durante mi estadía en Europa, los intelectuales no se han afanado por definir etimológicamente el término cultura (que procede del latín “cultivar”), ya que su experiencia milenaria, ha sedimentado sus propios valores en procedimientos dinámicos que han marcado sus diferentes pasajes, que a su vez componen su historia.

Ella se enriquece a través del proceder del tiempo, absorbiendo los cambios que la sociedad va imponiendo. Por ejemplo, en los derechos personales, de género, de credo y del individuo hacia el ambiente.

Para mis charlas en Europa traté de comprender las preocupaciones sobre hacia dónde se dirige el pensamiento contemporáneo, y noté una fuerte inclinación por los derechos personales, de la migración, del ambiente y, bajo este punto de vista, sobre la coexistencia de las personas en un mundo que tiende a ser cada día más globalizado.

Pues entendemos que la cultura es un proceso dinámico que absorbe la vivencia de los pueblos.

Tercera vigorosa “maná de arroz”

En nuestro continente latinoamericano, cuando hablamos de cultura, nos encontramos con la asidua preocupación por los problemas que giran en torno a la multi y pluriculturalidad. Una preocupación que exige una atenta compresión.

Muchos inician hablando de cultura, bajo el paraguas de la desigualdad social, recargando un valor de “instrumento” de liberación y solución a todos los problemas sociales. Como también el reconocimiento –por igual– a los derechos culturales de los pueblos originarios, para construir una sociedad más igualitaria.

Cuarta y rápida “maná de arroz” ... seguimos expurgando.

En Europa, entre los años 1700 y 1800 también se reflejó esta misma visión de cultura como “instrumento” para salir a la luz, llamado el periodo del iluminismo. Pues, lo que entendemos hoy como cultura, era llamada civilización, y todas las acciones educativas eran instrumentos para llevar a civilizar a los individuos, sacarlos de la obscuridad para que fueran iluminados por la sabiduría. A la vez, nacieron tesis que comprendían estas acciones como visión de cultura paternalista.

Pero históricamente, reactivaron los espacios necesarios para repensar las relaciones y valores existentes en la sociedad. Llevando a drásticos cambios sobre la igualdad, la fraternidad y la justicia entre los componentes de la sociedad.

El debate sobre las libertades personales tiene un peso muy especial en la historia del pensamiento humano. Cuenta con una innumerable cantidad de producción literaria y científica en sustento de la defensa de los derechos fundamentales del hombre. Y son el soporte del desarrollo cultural del “individuo” de cultura occidental.

Quinta “maná de arroz” ... casi terminando mi fatiga

El continente americano cuenta con una sociedad donde las diferencias sociales tienden a alargarse vertiginosamente, donde a franjas de poblaciones se les ha negado el derecho de conservación de su cultura, donde la educación desconoce los principios de las relaciones interculturales, sin indicaciones que lleven a transformar esas relaciones.

Esas desigualdades no aplican para todo el continente. Por ejemplo, hay países donde la mayoría de la población es indígena, donde se teorizan recorridos que enfocan el problema de la pluriculturalidad con el fin de obtener un recíproco reconocimiento en igualdad.

Es por esto que Panamá, en nuestro caso, siendo un país multicultural, el enfoque hacia esa riqueza de diversidades ha sido anestesiado por un sistema educativo distraído por intereses ajenos a esa democratización de nuestra sociedad.

La emergencia de un presente perpetuo

En mi batea yacen dos porciones: una de arroz limpio y otra de churú con piedritas. Es el alimento que ha sostenido desde tiempos inmemorables a nuestra nación, siempre nos hemos nutrido de lo mejor de él.

Recordándonos que también nos quedan partes que tenemos que descartar. Eliminar la subordinación de saberes, conocimientos y personas entre las culturas; reconocimiento a través del diálogo intercultural, en el reconocimiento mutuo entre culturas.

Sin perder el enfoque racional que justifique abiertamente los valores que entendamos sublimizar.

Interrogarnos sobre el proceso intercultural que queremos aplicar, es una constante acción que se debe inyectar en la población para que nuestros talentos desarrollen una visión más cercana a nuestros aconteceres, que aporten “valores justos”, que estimulen el sentido de pertenencia y de ser.

Nuestro arroz ha sido expurgado, nutrámonos de lo mejor que nos produce nuestra bendecida tierra... arroz con sabor panameño.