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31 de Mar de 2020

Destino Estrella

La travesía incaica a Panamá

El historiador Del Busto afirma que, en 1513, cuando Vasco Núñez de Balboa llegó al Mar del Sur, hacía aproximadamente 48 años que Túpac Yupanqui había visitado el Golfo de San Miguel y Terarequí

Bartolomé De las Casas en su obra “Historia de las Indias” brinda un indicio interesante sobre la presencia inca en el Istmo: que la travesía a Panamá, tocando o no las islas Galápagos, era tan conocida por los mercaderes navegantes manteños como desconocida para Túpac Yupanqui, El Resplandeciente, y sus huestes incaicas. De las Casas añade algo más, que los indígenas panameños del Golfo de San Miguel se ufanaban de haber visto los “navíos o barcos (…) con velas y remos” provenientes del sur y afirmaban que allí vivían “otras gentes (…) que tenían grandes vasos de oro en que comían y bebían”. Eran, según manifestaban, “las gentes y riquezas del Perú”. Lo significativo en este caso es identificar que Túpac Yupanqui, aún Hatun Auqui o príncipe heredero, habría llegado con su gran flota de balsas a Terarequí (territorio insular panameño) o Isla de las Flores, llamada así por los españoles de la primera mitad del siglo XVI.

El historiador Del Busto afirma que, en 1513, cuando Vasco Núñez de Balboa y su lugarteniente Francisco Pizarro llegaron al Mar del Sur, hacía aproximadamente 48 años que Túpac Yupanqui había visitado el Golfo de San Miguel y Terarequí en particular, lugar ya conocido por los mercaderes de balsa procedentes del litoral ecuatoriano. Indica el historiador que el Hatun Auqui cusqueño podría haber capturado a melanesios de tez muy oscura que llevó como trofeos para ostentación de su triunfo al Cuzco. La gente de raza negra no existió en el Tahuantinsuyo por lo que el vocablo quechua para definirlos es “yana” y negrura “yanacay”. El cronista López de Gómara menciona a los “negros” de Cuarecuá cuando Núñez de Balboa llegó a esa región en 1513, pero los hombres que ambos exploradores -el Inca y el español- encontraron fueron melanesios procedentes de Oceanía de color pardo achocolatado que se habrían instalado en el Golfo de San Miguel desde hace muchos siglos como parte del proceso migratorio natural que se experimentó entre los dos continentes.

Sobre la ruta de retorno que Túpac Yupanqui y su flota tomaron se especula que, si seguimos a Del Busto, orillaron el Chocó, bajaron la costa de Barbacoas, Cali y Popayán, cruzaron la boca del Esmeraldas, para finalmente entrar al mar de Manabí, provincia actualmente ecuatoriana cuya ciudad de Manta fue el posible punto de partida y arribo de la expedición. Extrañamente Túpac Yupanqui no trajo perlas de su exploración marítima a Terarequí pero sí metales preciosos en apreciable cantidad de los litorales panameño, colombiano y ecuatoriano, particularmente de la localidad de Coaque que resultó muy rica en oro fino. Del Busto, en su biografía sobre “Francisco Pizarro, el Marqués Gobernador”, afirma que el futuro conquistador del Perú halló allí un botín en oro por valor de quince mil pesos. La posible travesía de regreso no debió ser fácil a juzgar por lo que afirma la crónica de Agustín de Zárate ya que siempre se tiene el viento en contra y la mayor parte del año, también la corriente.

Túpac Yupanqui fue el décimo Inca del Cuzco y segundo Emperador del Tahuantinsuyo, su padre Pachacútec y su abuelo Huiracocha fueron los Incas organizadores de este imperio, tocaba entonces que el joven príncipe heredero lo consolidase y expandiese. Así, en su calidad de Apuquispay o general en jefe del ejército incaico extendió los límites territoriales del Tahuantinsuyo desde Quito al Maule y desde el Océano Pacífico al Beni. Su espíritu aventurero lo llevó a conquistar el mar y a decir del cronista Sarmiento de Gamboa su gobierno significó progreso y felicidad.