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16 de Jan de 2021

Planeta

“Chico” Méndez en Copenhague

La destrucción creadora que menciona Schumpeter es un proceso continuo que sucede en la economía, donde los recursos escasos son asignad...

La destrucción creadora que menciona Schumpeter es un proceso continuo que sucede en la economía, donde los recursos escasos son asignados por los precios del mercado: cuando colapsan los precios del caucho en la década del 60.

En la Amazonía la destrucción creadora significó que miles de personas debían vender sus tierras y cambiar de empleo.

Se trataba de un ajuste forzado por los precios, que “Chico” Méndez combatió. No existen los cuentos de hadas académicos: no se puede suponer que todas las economías tienen la misma adaptabilidad ante cambios en los precios. El caso hubiera sido distinto si en vez de campesinos pobres y analfabetos se hubiera tratado de empresas con acceso al crédito internacional.

¿Qué se supone que iban a hacer los campesinos si no estaban capacitados para nada más que recolectar caucho? Estos conflictos nacionales que ponen a los gobiernos en una encrucijada para que decidan entre una industria naciente y prometedora, o una industria en declive, son completamente artificiales.

Continuando con el ejemplo de Brasil en los tiempos de “Chico” Méndez, el gobierno tenía que decidir entre otorgar los permisos para comprar y vender tierras en el Amazonas, que serían dedicadas a la ganadería, o proteger la industria del caucho, que era el sustento de miles de personas y su impacto ambiental era menor.

El problema es artificial por dos razones muy importantes: primeramente, con la masiva deforestación necesaria para la ganadería, es de esperar que en el futuro el impacto ambiental sea grande, y se necesiten gastos sociales mayores para remediarlo (gasto que no pagará el comprador internacional).

En segundo lugar, al privar a miles de personas de trabajo, en el corto plazo todo ese capital humano se desperdicia, con lo que estamos nuevamente frente a un gasto social alto, sin mencionar la catástrofe humanitaria.

Es decir, que el gobierno no está respondiendo o minimizando un gasto, sino que simplemente lo transfiere en el tiempo: lo pagamos temprano con el desperdicio de la vida de miles de personas, o lo pagamos tarde con el impacto ambiental de la deforestación.

Hay que utilizar las formas eficientes de reducir el impacto ambiental y social de la economía mundial como una totalidad, y para eso debemos deshacernos de las prácticas industriales que son particularmente intensivas en el uso de recursos. No hay otra salida que cambiar nuestros hábitos alimenticios, y hacer más eficientes los procesos de producción y consumo.

El cuento de hadas económico que dice que los países salen de la pobreza y esto los hace más eficientes, es pura retórica improvisada. En este momento, los líderes mundiales las negociaciones para la conferencia climática de las Naciones Unidas en Copenhague, y deberíamos estar alerta porque el debate no sea sólo en cifras: las estadísticas pueden ser modificadas fácilmente.

Lo que necesitamos es que se incluya un cambio inducido por los países en los hábitos de producción y consumo. Un buen lugar para comenzar es en nuestras ciudades con sus medios de transporte obsoletos y reglamentación edilicia desfasada.