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21 de Jan de 2021

Planeta

Agua, entre crisis y opciones

PANAMÁ. Los ríos que cruzan la ciudad de Panamá y el agua que transportan hacia el mar han sufrido muchos cambios a través de los años. ...

PANAMÁ. Los ríos que cruzan la ciudad de Panamá y el agua que transportan hacia el mar han sufrido muchos cambios a través de los años. En las décadas 50 y 60, la gente podía sacar camarones y pequeños peces en Bethania, donde nacen algunos afluentes del Matasnillo; otros pescaban en Juan Díaz tanto a la altura de Villalobos como bajo el puente sobre la vía España, donde además la gente se bañaba los fines de semana.

Muchas de las industrias establecidas localmente, lo han hecho junto a estos cauces, al igual que el crecimiento ha plantado urbanizaciones que son vecinas de estas fuentes. Tanto unas como otras han coincidido en que las vías fluviales se han convertido en el vertedero de sus residuos. El resultado es que el agua se ha tornado turbia, colorida, maloliente y contaminada y, lleva lastre a la bahía.

Este escenario no es único en el país. Cualquier sociedad donde se presenta el crecimiento irregular de su economía, su urbanismo y los índices de pobreza junto al desarrollo, va a forjar una dinámica que impacta este recurso y otros, en detrimento de las condiciones generales del ambiente y de los espacios donde se desarrollan las actividades humanas.

Estas condiciones y panorama son las que estimularon a las Naciones Unidas (ONU) a formular hace exactamente veinte años una fecha dedicada al agua, el Día Mundial del Agua. No por casualidad fue durante la Cumbre sobre Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro, porque se pudo concebir la importancia del recurso para la humanidad.

Cinco años antes, en 1987, la Comisión mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, conocida como Brundtland, advirtió que la contaminación del agua era una realidad y que la relación entre suministro y necesidades, estaba en una relación de inequidad con perjuicio para los sectores más vulnerables de la población.

En la segunda década del siglo XXI, las condiciones son alarmantes con un desmejoramiento del bienestar humano y su salud.

Paradójicamente este cuadro se produce, según Naciones Unidas, porque ‘los ecosistemas están sufriendo en muchos lugares por causa de los cambios del ciclo del agua, causados en su mayor parte por las presiones humanas’.

Un breve esquema estadístico puede ilustrar sobre la realidad de las condiciones del agua y su vinculación con la sociedad. Toda la masa oceánica constituye el 97.5% del recurso existente. Solo un 2.5% es dulce. De esta pequeña cantidad, un 68.7% corresponde a glaciares; las subterráneas, son el 30.1%; el permafrost (congelada permanentemente), 1.8% y la existente en la superficie y atmósfera —que es la que entra en contacto con el consumo humano— el 0.4%.

EL CONTACTO CON EL LÍQUIDO

Esta ínfima cantidad, que pareciera que no se va a acabar nunca –al menos eso era lo que decían los abuelos— ha entrado en crisis porque el crecimiento, la dinámica productiva en una forma específica de desarrollo económico y el cambio en los ciclos, han puesto en una situación crecientemente comprometida a las fuentes de agua dulce y el cauce de ríos y otros sitios de donde surge el recurso. La ONU considera que cuatro son los factores que han contribuido a este panorama crítico en el medio ambiente acuático. Son ellos, el cambio climático, el uso de los recursos y de los ecosistemas acuáticos y la sobre explotación de las poblaciones de peces. Parece un ciclo vicioso.

Todos ellos están mediados por la acción humana y van a parar en la situación de las sociedades. Los saldos en materia de salud son elocuentes a escala global. Tres millones de personas mueren cada año en países en desarrollo. En muchos casos, es creciente el suministro de agua a las poblaciones, pero la calidad tiene un nivel desigual.

Recientemente, en la cumbre del Agua en Marsella, Francia, los ministros de ambiente resaltaron esta situación y emitieron una resolución que llama la atención hacia estos riesgos.

En Panamá, existe un suministro de agua que supera el 90%, uno de los más altos de Centroamérica. Sin embargo, hay una creciente situación de contaminación en los ríos del país. La Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), realizó un monitoreo a 280 puntos en 95 ríos en 2011. Los balances nos muestran, que de éste total, un punto estaba no contaminado y 121 en nivel aceptable. Sin embargo, 74 puntos estaban en las categorías contaminados y poco contaminados. Quiere decir esto que uno de cada cuatro puntos de 95 ríos específicos del país, tiene algún grado de contaminación.

Los recursos hídricos son estratégicos en la actualidad porque su gestión está ligada a un conjunto de actividades. En particular, ‘la salud, la producción y la seguridad alimentaria, el abastecimiento doméstico de agua, la navegación, el saneamiento, la energía, la industria y el funcionamiento de los ecosistemas’, según consideraciones de la ANAM.

Existen por tanto un conjunto de retos que impone el uso, usufructo y manejo de los recursos hídricos. El fundamental de ellos, como lo establece la ONU, ‘el equilibrio entre el medio ambiente y las necesidades del desarrollo’. Para alcanzar un uso racional, se requiere un conjunto de estrategias, que implican un cambio mental, un mejor sistema de distribución y sobre todo políticas definidas que descansen en un amplio sistema de valores.