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10 de Apr de 2021

Planeta

Agua potable, un derecho que aún no llega a todos por igual

Aunque la ANAM asegura que Panamá cuenta con suficiente recurso para abastecer al país, organismos internacionales advierten sobre escasez.

Agua potable, un derecho que aún no llega a todos por igual
En Panamá, el agua se desperdicia por las rupturas de hidrantes y tuberías accidentales.

El agua es el principal e imprescindible componente del cuerpo humano. El ser humano no puede estar sin beberla más de cinco o seis días, sin poner en peligro su vida. El cuerpo humano tiene un 75% de agua al nacer y cerca del 60% en la edad adulta. Aproximadamente, el 60% se encuentra en el interior de las células (agua intracelular). El resto (extracelular) circula en la sangre y baña los tejidos. 


Tanto su carencia como su abundancia nos afectan de forma trascendental, ya que muchos de los fenómenos naturales y otras manifestaciones producto del cambio climático se asocian de alguna forma al agua; y a pesar de las advertencias sobre su escasez todavía hay quienes la derrochan, mientras otros ni siquiera pueden obtener un recurso de calidad. 


De los 7 mil millones de habitantes que hay en el planeta, cerca de 1 millón 100 mil de personas, es decir, el 18% de la población mundial no tiene acceso a fuentes de agua potable seguras. 


En Panamá, por ejemplo, el líquido se pierde por roturas de las redes del acueducto o tuberías, por los bajos índices de micromedición o simplemente porque los usuarios hacen mal uso del recurso. 


Un informe de la Asociación de Entes Reguladores de Agua Potable y Saneamiento de las Américas (ADERASA) de 2012 detalla que Panamá es considerado el país latino que más agua potable produce y consume en la región. Y aunque la Asociación Nacional del Ambiente (ANAM) asegura que ‘hay recursos para rato’ y niegan que haya problemas por falta de abastecimiento porque los niveles de precipitación pluvial y las recargas de las cuencas garantizan el abastecimiento, según el Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento (FCAS), en 2010, de los 3.5 millones de habitantes que hay en este país, cerca de 270 mil carecen del recurso. De esta cifra un 8% no tiene un servicio adecuado y en las comarcas indígenas esa cifra supera el 55%. 


Por su parte, la Asociación de Servicios Públicos, (ASEP) señala que las provincias donde se registra un mayor consumo son Panamá y Colón; específicamente en El Chorrillo, Calidonia, Barraza y los edificios del Banco Hipotecario. Sólo en los distritos de Panamá y San Miguelito, las pérdidas superan los 43 mil 200 millones de galones; aproximadamente un 43% se pierde. El porcentaje está por encima del promedio de consumo en la región, que es 42%. 


¿CUÁNTA AGUA NOS QUEDA Y CUÁNTA USAMOS? 


En general, Panamá dispone de 148 Km3 de agua potable por año, suficiente para atender los requerimientos productivos y de consumo de agua en el país. De la cantidad de agua disponible, un 70% es para uso agrícola, un 28% es de uso doméstico y un 2% es de uso industrial. 


Según datos de la ANAM para el 2007, los principales usos del agua para todo el país, en orden descendente son: producción de energía hidroeléctrica (9.86 Km3/año), navegación interoceánica (2,6 Km3/año), riego (0.99 Km3/año) y consumo humano (0.3 Km3/año). 


‘Se estima que el capital hídrico del país es de 51 mil 600 m3/p/yr y la extracción o uso es de unos 575 m3/p/yr. Esto quiere decir que habría disponibles 14 millones de galones por persona al año y que sólo se está explotando un 1% del capital hídrico del país’, explicó Juan Antonio Ducruet, ex director del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN). 


Sin embargo, aclaró que ‘es necesario desarrollar una mayor cultura y técnicas de extracción y explotación de nuestras fuentes de aguas subterráneas, porque cada vez más se ven comprometidas por la degradación de las cuencas, debido a la acción antropogénica como lo es la destrucción de los bosques de galería’. 


Estudios de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estiman que uno de cada cinco países en vías de desarrollo tendrá problemas de escasez de agua antes de 2030; en esos países es vital un menor gasto de agua en la agricultura, modernizando los sistemas de riego.