Panamá,25º

15 de Dec de 2019

Hípica

Veterano jinete de 74 años sigue ganando carreras

El aguerrido fusta, en una campaña de más de 5 décadas, a triunfado dentro y fuera de su terruño

La edad es el termómetro que al pasar de los años pone fin a la carrera de cualquier atleta debido al desgaste del tiempo y el duro brega r en cada una de las disciplinas en que desarrollen sus actividades, sin embargo algunos desafían el tiempo al mantenerse activos ante esta situación, tal es el caso del veterano jinete istmeño Dilio Long.

Long, a los 74 años y 56 en la delicada y arriesgada profesión de conducir ejemplares fina sangre de carreras, logró sumar otra victoria en su campaña el pasado sábado en la novena carrera con la norteamericana ‘Garotinha', en su tercer intento con la alazana defensora del Stud Marluna.

‘Dilio Long merece un homenaje de parte de la administración del Hipo Remón'

MANUEL NARBONA,

IMPORTADOR DE CABALLOS

Con motivo de ese hecho sin precedente en el hipismo panameño, la redacción deportiva de La Estrella de Panamá abordó al manos de sedas para una entrevista, a fin de conocer sobre su vida dentro de su profesión.

A esa edad y pese a que tres veces ha estado al borde la muerte, Dilio es todavía un hombre fuerte. Un hombre que pese a su pequeña estatura, ha luchado desde los 15 años – cuando pudo galopar por primera vez a la yegua Golden Moon, gracias a la confianza depositada en él por el desaparecido preparador Prudencio Pinillo Pérez.

Long, considerado como el jinete más viejo de Latinoamérica y quizás del mundo, se crió entre el ganado casi silvestre y los caballos, para posteriormente llegar la capital y el hipódromo.

‘Como que Dios puso a los caballos delante de mí', dice Dilio. ‘Yo no quería ir para la escuela y a los 11 años me venía para acá (al hipódromo) y dormía sobre los techos. Me hice a la brava, nadie me enseñó', acotó.

Cuando le autorizaron para entrar a pasear y montar los caballos al hipódromo tenía apenas 12 años.

El entrenador jamaicano Henry ‘Takeaway' White le brindó la oportunidad y le daba los caballos indóciles, pero al enfermar éste, Dilio tuvo que dejar el establo.

Después de ese primer galope en ‘Golden Moon' se fue dando a conocer y entonces durmió envuelto en plástico, tomó laxantes y dejó de comer para poder obtener la licencia de jockey.

Pero solo pudo bajar hasta 102 libras, 10 por encima de las reglamentarias, obteniendo aún así el documento y entonces llegó a su primera carrera en 1960 a lomo de ‘Sosiego' un caballo argentino con el que quedó en último lugar.

Decepcionado se aisló en Capira, pero nueve meses después al ver ganar a otros jinetes que aprendieron junto a él, decidió regresar.

A principios de 1961 ni bien regresó a la pista, llegó el triunfo. ‘Me dieron a la yegua chilena ‘Mi Gaita' y gané mi primera carrera Se la gané a uno de los mejores jinetes, el chileno Fernando Álvarez', cuenta Long.

LONG, RUMBO A MÉXICO

Ese año ganó entre 27 y 30 carreras, pero por el peso no pudo más. Al año siguiente, gracias a las gestiones del boxeador cubano-mexicano Ultiminio Ramos que vino a pelear a Panamá consiguió irse a un establo en México y allí debido al frío bajó de peso y montó como profesional. Dos años más tarde regresó a Panamá y ya figuraba en las ‘grandes ligas' de la hípica.

EL SIETE VIDAS

Dilio Long parece un hombre condenado a vivir, recuerda las tres veces que la muerte lo confrontó pero pasó de largo por su camino.

La primera vez que hubiese podido perder la vida cuando en el hipódromo a sus 10 u 11 años un hombre malintencionado le pidió que metiera la mano en una tina donde calentaba agua con electricidad para probar la temperatura. Con la inocencia propia de su edad lo hizo y la descarga eléctrica lo lanzó a varios metros de distancia, de ahí su miedo. En represalia le rompió al hombre todos los vidrios del carro y huyó.

La segunda vez, a principios de los años 70, durante una carrera le cayó un caballo encima y le afectó cuatro vértebras, dejándolo inválido. Los médicos lo desahuciaron y Long piensa que se curó él mismo gracias a la fuerza de voluntad que Dios le dio. Se enterraba en la arena caliente de la playa durante todo el día, trataba de nadar en un ojo de agua salada y finalmente un indígena de Darién empezó a visitarlo y aplicarle ungüentos en las piernas y la columna. ‘Unos seis meses después del accidente estaba encima de un caballo otra vez y cinco meses más tarde volví a correr en una yegua loca llamada ‘Nanay' y no dejé de hacerlo por varios años más', recuerda Long.

El tercer accidente fue en México, entre los años 1976 y 1977, durant e una carrera.

Acababan de salir los caballos de la gatera y el que Long montaba, al ver la puerta de la caballeriza abi erta quiso cambiar la dirección y al doblar intempestivamente frenó y lanzó al jinete por encima de su cabeza contra una pilastra.

El resultado: la cabeza rota, una clavícula y algunas costillas quebradas y un coma de 9 días. Después de 9 meses hospitalizado Long, tercamente, volvió a montar. Hoy cuenta con 33 fracturas en su anatomía y con 13 piezas artificiales.

UN GRAN RECUERDO DEL CABALLO ‘RIO CAUDALOSO'

Se considera un ‘jockey calculador'. ‘Mi carrera es atrás siempre, tranquilo, la carrera se gana solo cuando se pasa la meta', dice recordando momentos de gloria.

También recuerda al mejor caballo que ha montado. ‘Río Caudaloso', se llamaba', dice nostálgico. ‘Se acomodaba a cualquier distancia, éramos como una pareja, iba a la pista orgulloso y yo nunca llegué a pegarle', concluyó Long.