26 de Feb de 2020

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La odisea de jugar fútbol y trabajar

PANAMÁ. A las 7:00 de la noche llega a un lujoso hotel ubicado en el centro de la ciudad capital, con un elegante traje que lo identifi...

PANAMÁ. A las 7:00 de la noche llega a un lujoso hotel ubicado en el centro de la ciudad capital, con un elegante traje que lo identifica como uno de los empleados. Se llama Williams Aguilar y su sueño siempre ha sido jugar fútbol en un club profesional.

El fútbol en Panamá no es 'profesional y eso, lo ha obligado a tener otro empleo para poder balancear su economía.

A sus 26 años, ha desfilado por varios equipos de la Anaprof, como el Tauro, Plaza Amador, Árabe Unido. También ha sido convocado en varias ocasiones a la selección.

Aún vive con sus padres, pero pronto espera tener su casa propia. A Williams, le toca atender a los huéspedes y estacionar los autos.

Se cuida mucho de hacerlo bien, porque si llega a chocar alguno, eso sería un gran problema. pero a veces se queda unas horas más apoyando a algún compañero que lo necesite.

La rutina más pesada es en la noche. Afortunadamente, en los cinco meses que lleva laborando en el hotel, no ha tenido problemas, porque puede ajustar su horarios para que no choque con los entrenamientos.

Comienza a caer la noche y cada vez llegan más autos. Es una clara señal, que la actividad comienza a incrementarse en el hotel.

Las luces y el sonido del casino, son una tentación para los turistas que esperan fuera del hotel. Espera un momento dice Williams". Llega un automóvil y con la velocidad que lo caracteriza en el fútbol, aborda el auto y lo estaciona.

Al regresar, recuerda que el año pasado, tuvo que abandonar el trabajo que tenía, porque el club en donde militaba, le había prometido un buen contrato.

Por algún motivo, el club no pudo cumplir su promesa y quedó sin empleo y sin equipo. Ahora juega para el Plaza Amador. El trabajo es exigente y requiere dedicación. Aguilar prefiere no arriesgar la confianza que tiene con sus jefes y faltar a los entrenos.

El tiempo perdido, trata de recuperarlo asistiendo a un gimnasio.

A pesar del esfuerzo, el rendimiento dentro de la cancha, no es el mejor y él lo sabe. Ahí está la diferencia entre un jugador profesional y uno que no lo es. Luego de la rutina del trabajo y los entrenamientos, llega a su casa a las 9:00 de la noche. Al menos, tiene unas horas para compartir con su familia y su hija de tres años.

Los fines de semana le toca partido y luego, debe regresar al trabajo.

Fue día de entrenamiento. Aguilar está agotado, pero debe regresar al trabajo.

Llega otro auto y se apresura a estacionarlo. Así termina un día de rutina para este talentoso jugador.

DOS AMIGOS CON ALGO EN COMÚN

Cuando Johny Ruiz se enteró que había sido invitado a la selección nacional se llenó de felicidad. Fue como un sueño echo realidad y el premio a su esfuerzo.

Los seis goles que ha anotado con el Chorrillo, le valieron para Gary Stempel lo convocara.

A pesar de todo, algo le preocupa, su trabajo en el Ministerio de Educación, específicamente en el Fondo de Equidad y Calidad de la Educación (FECE), entrenar con su club y con la selección, exigirá una mejor organización en su vida.

Desde los cinco años, comenzó a jugar. A medida que iba creciendo, se fue dando cuenta de que jugar fútbol en Panamá, es un martirio y no una satisfacción.

A pesar de todo, el fútbol lo es todo para él, Pero primero, está empeñado en resolver algunos asuntos para obtener su casa propia. Por el momento, él, su mujer y su pequeña hija de tres años, viven con sus padres.

Johny se levanta a las cuatro de la mañana, y debe estar a las ocho en su empleo. Salir de Chorrillito en Arraiján, es toda una odisea. La misma que viven miles y miles de panameños todos los días.

"No importa. Vale la pena. Es el sacrifico que uno debe hacer si le gusta el fútbol. También lo hago por mi y por mi familia", asegura Ruiz.

Ser un funcionario estatal, le facilitado un poco las cosas. Además, los jefes ven con buenos ojos lo que hace....Pero, antes de salir a entrenar, primero debe dejar todo en orden. Esas son las reglas.

Angel Lombardo, es buen amigo de Johny Ruiz y compañero de equipo.

En el año 2002, Lombardo comenzó a jugar en el fútbol de la Anaprof, pero al año siguiente, tuvo que buscar un empleo, porque se dio cuenta que sus finanzas no cuadraban.

Necesitaba otra entrada adicional para solventar sus gastos.

Está unido con su novia, pero ya no vive con sus padres.

Su trabajo tiene que ver mucho con el fútbol y el deporte. Lombardo labora en la Junta Comunal de San Felipe como coordinador deportivo y allí comparte sus conocimientos con los niños.

Para él, es el trabajo ideal. San Felipe es uno de los barrios con una alta criminalidad.

“Cuando estaba pequeño, siempre trataba de aprender todo lo que me enseñaban. En la escuela, era lo mismo. Ahora tengo la oportunidad de enseñar a otros”, sostiene Lombardo.

La historia de Williams Aguilar, Angel Lombardo y Johny Ruiz, es la de muchos futbolistas panameños, quienes deben sacrificar parte de su vida y de su familia para jugar.

Lo que si tienen claro, es que el fútbol es su pasión y no están dispuestos a dejarlo por nada. Prefieren hacer un sacrificio ahora y esperar que en un futuro, el fútbol les proporcione suficientes ingresos para vivir, mantener a sus familias y vivir sin ningún tipo de preocupación.