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27 de Jan de 2021

Economía

Nacionalización se expande en la UE

MADRID. La vorágine nacionalizadora no tiene fin. Desde Londres a Berlín, buena parte de los gobiernos europeos han entrado en el capi...

MADRID. La vorágine nacionalizadora no tiene fin. Desde Londres a Berlín, buena parte de los gobiernos europeos han entrado en el capital de sus bancos para recapitalizarlos y tomar las riendas de su gestión.

En tres meses, 10 países han desembolsado 164,252 millones de dólares, según Thomson Reuters y otras instituciones. Las entidades españolas denuncian que estas ayudas suponen competencia desleal. Reino Unido, Irlanda, Alemania, Bélgica, Holanda y Luxemburgo toman el control de sus sistemas financieros.

En menos de 100 días, algunas de las economías más poderosas del Viejo Continente han nacionalizado buena parte de su sistema financiero. El pistoletazo de salida para las nacionalizaciones tuvo lugar con la quiebra de Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008. La desaparición del cuarto banco de inversión de Wall Street desencadenó una onda expansiva de desconfianza que nadie había previsto.

El Banco Central Europeo (BCE) bombeó fondos a un ritmo nunca visto. Aún así, estas medidas quedaron cortas y los gobiernos recurrieron a la última bala de la recámara: comprar acciones (o títulos asimilabas) de entidades financieras para recapitalizarlas y garantizar su continuidad.

Los primeros en abrir la veda fueron los países del Benelux. Fortis atravesaba momentos difíciles. Al único gran banco paneuropeo (por su accionariado y su presencia) se la había atragantado la operación ABN Amro y su alto nivel de apalancamiento había mermado su solvencia.

En una acción conjunta, Holanda, Bélgica y Luxemburgo desembolsaron 14,511 millones de dólares para tomar el control del grupo. Después de Fortis, llegaron los casos de Dexia y de la banca islandesa en grupo, pero la auténtica vuelta de tuerca de este proceso se produjo cuando la epidemia nacionalizadora se extendió a Reino Unido. Tres décadas después de que Margaret Thatcher pusiera en marcha la privatización de parte de la economía británica, incluidos los savings banks (una especie de cajas de ahorros), el gobierno de Gordon Brown aprobó la toma de participaciones directas en el sector financiero.

Londres ya cuenta con una presencia mayoritaria en tres de los cinco mayores bancos británicos, tras desembolsar en octubre 49,886 millones de dólares. Hoy el 70% de Royal Bank of Scotland y el 43% del grupo resultante de la fusión de HBOS y Lloyds TSB está en manos del sector público.

Durante esta primera oleada de nacionalizaciones totales o parciales (que ha tenido su correlato en el sector bancario estadounidense), Holanda inyectó 113,181 millones de dólares en el grupo ING (a través de acciones convertibles en el 33% del capital) y colocó dos representantes en el consejo de administración del banco. Además, Suiza tomó cerca del 10% del primer banco del país, UBS, después de haber sacado de su balance activos tóxicos por $58,912 millones. Cuando la fiebre nacionalizadora parecía haber pasado, un segundo brote se ha extendido por otros países.

Alemania tomó el 8 de enero el 25% de Commerzbank, así como una posición indirecta en Deutsche Bank. La pregunta es si la denostada banca pública acabará convirtiéndose en la única existente.

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