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30 de Mar de 2020

Economía

El desafío de la caja

MÉXICO. La principal característica de una crisis de financiamiento es la falta de financiamiento. Por ello, en las empresas se vuelve...

MÉXICO. La principal característica de una crisis de financiamiento es la falta de financiamiento. Por ello, en las empresas se vuelve fundamental la manera en que ellas gestionan su flujo de caja.

Usando vocabulario de contables significa el hacer más eficiente el manejo de fuentes y usos de recursos propios. O en lenguaje simple: cobrar lo más rápido posible y atrasar los pagos lo más que se pueda, de manera que siempre haya efectivo disponible para cubrir las operaciones.

Las empresas de América Latina se tomaron el desafío de la caja en serio. Un ejemplo de ello son las 50 empresas con mejor rotación de cuentas por cobrar. Mientras que en 2007 las compañías que menos se demoraban en cobrar sus facturas lo hacían en un período promedio de 77 días, en 2008 redujeron ese plazo a 54 días.

Como los procesos (y velocidad) de cobro cambian de industria a industria, lo más interesante es analizar a las empresas que más disminuyeron la cantidad de días necesarios para sus cobros.

El logro se lo lleva el Collection Department de B2W, la firma de comercio electrónico brasileña que opera el sitio Submarino.com y otros.

En un año disminuyó en 55,7 los días necesarios para hacer una cobranza.

CUIDADO CON EL INVENTARIO

El manejo de inventarios también es otra clave de flujo de caja y la liquidez.

Mientras más tiempo pasan en la bodega los productos de una empresa, más costo de almacenaje y más tiempo se demora el dinero en entrar a la caja. Por eso es importante que los inventarios tengan alta rotación. El ranking de Rotación de Inventarios deja en evidencia a quienes han puesto esfuerzos especiales para hacer más eficiente este proceso, pues los califica de acuerdo a la disminución del tiempo necesario para vender sus existencias.

Acá destaca la constructora mexicana Urbi, que se tomó 106 días menos que en 2007 para rotar sus inventarios.

Todo esto tiene impacto en la liquidez de la empresa, cuyo indicador más tradicional es la Liquidez Corriente.

O dicho de otro modo, cómo mis activos de corto plazo alcanzan a cubrir mis deudas de corto plazo. Lo óptimo es tener un valor cercano a 1, que es una igualdad perfecta entre pasivos y activos circulantes. O un poco más.

Si hay mucho más se está sacrificando rentabilidad.

Para los más conservadores, es atractivo hacer un test ácido a esa liquidez.

Para ello está la liquidez ácida que es el mismo indicador, pero sin incluir las existencias o inventarios entre los activos circulantes.

Como éstos tienen algunas veces dificultades para transformarse en efectivo (puede haber una crisis en la demanda de ese bien), la liquidez ácida compara los activos que son rápidamente transformables en dinero para cubrir obligaciones inmediatas.

No son temas menores. En tiempos en que la cadena de pago parece haber sucumbido, gestionar bien la liquidez y los flujos serán centrales para mantener a la empresa en la competencia y seguir creciendo.