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03 de Dec de 2020

Economía

Panamá, ¿un país de dos monedas?

PANAMÁ. Una gran sorpresa ha causado la propuesta hecha recientemente en Berlín por el presidente Ricardo Martinelli a la canciller alem...

PANAMÁ. Una gran sorpresa ha causado la propuesta hecha recientemente en Berlín por el presidente Ricardo Martinelli a la canciller alemana Angela Merkel, sobre la posibilidad de incorporar el euro como moneda de curso legal en el país. Al principio, algunos analistas señalaban que se trataba de una simple cortesía de parte del mandatario panameño hacia la gobernante europea, pero, nuevamente, el presidente ratificó su anuncio invitando a los bancos alemanes a radicarse en Panamá y a confiar en la solidez y seguridad que brinda el Estado en este sector.

Este anuncio ocurre en momentos en que se profundiza la crisis europea, que Alemania y Francia intentan llevar sobre sus hombros, y cuya única beneficiaria ha sido América Latina, sobre todo, economías emergentes como la panameña, con un crecimiento de casi el 11% en el último semestre de 2012. Otro grupo de economistas interpreta la propuesta panameña como una invitación a oxigenar las finanzas europeas en mercados de economía abierta como el nuestro, con el claro objetivo de sumar inversión alemana para impulsar los planes de infraestructura que viene desarrollando el Estado.

No obstante, independientemente de la llegada a Panamá de Lufthansa o del Deutsche Bank, algunos atribuyen esto a la desesperación de detener el sobrecalentamiento de la economía debido al creciente gasto por parte del Gobierno Nacional.

Uno de los principales inconvenientes que se derivan de adoptar el euro —aunque fuesen temporales— es el aprendizaje de los nuevos precios entre los panameños, la utilización de las dos monedas como una experiencia de convivencia y la transparencia económica que derive de su uso. Hasta el momento, la economía dolarizada ha producido una exitosa estabilidad monetaria caracterizada por las bajas tasas de interés y, por ahora, con una inflación controlable.

Una gran ventaja ofrecida por Panamá para adoptar el euro es su envidiable posición como país receptor de inversiones extranjeras, aupada por su notable crecimiento macroeconómico y una política monetaria transparente. Pero una de las condiciones que deberían contemplarse es que el país sea eliminado de las célebres ‘listas negras’ europeas en las cuales aún figura, lo cual sería equitativo para ambas partes.

La idea de implantar otra moneda de curso legal no es nueva. Algunos países han pasado por esta experiencia, practicando el ‘bimonetarismo extendido u oficial’, como Cuba, que agrega al peso la versión CUC convertible, o curazao, donde circulan libremente el dólar y el florín holandés desde hace muchos años.

En algunos países no pertenecientes a la eurozona, como Andorra, Mónaco, Kosovo o Montenegro, existe el ‘bimonetarismo extraoficial’, que hacen uso del euro como divisa complementaria a la moneda local.

En caso de llegarse a implantar el euro como moneda de curso legal, algunos economistas coinciden en la aplicación de la llamada Ley de Gresham, según la cual hay una moneda ‘buena’ que desplazaría progresivamente a la moneda ‘mala’, pues el mercado preferirá ahorrar con la primera y dejar la otra como medio de pago. No obstante, eso suena bien en países con bancos centrales, no en economías como la panameña, que carece de tal autoridad ni sufre de sus vicios y distorsiones.

La ausencia de un banco central en Panamá ha creado una oferta monetaria dirigida completamente por el mercado, que ha elegido el dólar norteamericano como su divisa de hecho. El país debe comprar u obtener sus dólares produciendo o exportando bienes o servicios reales, no puede crear dinero de la nada, y eso hasta el momento ha sido saludable para su economía. Por lo tanto, la eventual llegada del euro significaría impulsar planes de inversión que respalden esta importante decisión monetaria.

El autor es analista económico