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20 de Apr de 2021

Economía

Des-apalancamiento: Boletín de calificaciones

Casi todos están de acuerdo con que los préstamos excesivos (es decir, el apalancamiento) constituyeron un aspecto central de la crisis ...

Casi todos están de acuerdo con que los préstamos excesivos (es decir, el apalancamiento) constituyeron un aspecto central de la crisis financiera y la Gran Recesión.

Se concedieron demasiados préstamos riesgosos. ¿Dónde estamos ubicados ahora, cinco años después de la quiebra de Lehman Brothers? Bueno, hay buenas y malas noticias. Las buenas, indican que las familias y empresas norteamericanas han reducido sus deudas. Las malas, indican que eso no ha ocurrido en muchos otros países.

Las implicaciones económicas son claras. Si se dedica gran cantidad de los ingresos a pagar la deuda, lo más probable es que se gaste menos en las tiendas. En el papel, el alivio en las obligaciones de los norteamericanos sugiere una economía más fuerte. Según esa misma lógica, los niveles de deuda más agudos en el exterior podrían retrasar la recuperación mundial.

Observemos las cifras. Provienen del McKinsey Global Institute —brazo investigativo de la firma consultora— que ha seguido la pista de la deuda en economías importantes. Para medir la carga relativa de las deudas, McKinsey las compara con la economía del país, su producto interno bruto (PIB). He aquí las últimas cifras de McKinsey para Estados Unidos.

Comencemos con las familias, cuya deuda se basa, principalmente, en hipotecas de viviendas, préstamos de tarjetas de crédito y deudas de estudiantes y de vehículos. Entre 2000 y 2007, la deuda familiar casi se duplicó, de $7 billones a $13.7 billones. Como porción del PIB, pasó de un 69% a un 96%. Ésa era la burbuja del crédito que se estaba inflando. Pero desde 2007, la deuda familiar cayó en casi $1 billón a $12.8 billones. La porción del PIB ha caído a un 80%. Ése fue el estallido de la burbuja: hipotecas que entraron en incumplimiento de pagos y fueron consideradas incobrables; o prestatarios que redujeron sus gastos para pagar sus deudas.

Algo similar ocurrió en las firmas no-financieras —empresas tales como IBM, Google y Wal-Mart. Es cierto, su deuda aumentó de casi $11 billones (77% del PIB) en 2007 a $12.9 billones (81% del PIB) en 2013. Pero estas cifras pasan por alto el hecho de que gran parte de la deuda corporativa ha sido refinanciada a tasas de interés más bajas. Como resultado, dice la economista Susan Lund de McKinsey, los pagos de interés anual en las corporaciones cayeron casi en $200,000 millones entre 2007 y 2012, de $551,000 millones a $369,000 millones. La deuda y las tasas de interés más bajas produjeron el mismo fenómeno en el ámbito familiar, donde los pagos de los intereses cayeron también unos $200,000 millones entre 2007 y 2012.

Estos hechos benefician la economía norteamericana. Los consumidores están en mejor posición para invertir en nueva capacidad de producción.

En el exterior, el panorama es más oscuro. Es cierto, la deuda privada en algunos países es baja o está declinando. La deuda familiar en Alemania cayó de un 73% del PIB en 2000 a un 58% en 2012. En verdad, algunos economistas sostienen que esos niveles de deuda bajos muestran que la economía alemana depende demasiado de las exportaciones y no lo suficiente del consumo interno. Pero Alemania es la excepción. En Reino Unido, tanto la deuda familiar como la corporativa representan casi un 100% del PIB; en Australia, un 106% del PIB. Ambos países, expresa Lund, podrían sufrir burbujas de la vivienda, con un colapso de los precios y un aumento de los incumplimientos de pagos. Eso ya está ocurriendo en los Países Bajos, dice, donde la deuda familiar alcanzó un 125% del PIB.

En su conjunto ¿qué significan estas cifras para la economía? Tengan en cuenta tres hechos.

Primero, no hay un nivel mágico de deuda —comparada con el PIB— que sea justamente el correcto o excesivo. Las cifras varían por país. Las naciones con un crecimiento más rápido generalmente pueden aguantar más deuda, que puede pagarse cuando suben los ingresos. Aún así, cuanto más alta sea la deuda, más probabilidades hay de que llegue a un punto álgido que desencadene un amplio repliegue del crédito (y tasas de interés más elevadas) o una crisis total.

Segundo, que los niveles de deuda privada en Estados Unidos hayan caído no significa que las empresas y los consumidores norteamericanos entren en un consumo desenfrenado. Sacudidos por la Gran Recesión, podrían reducir la deuda más o aumentar los ahorros contra futuros reveses.

Tercero, la deuda pública se ha expandido en la mayoría de los países. En algunos, substituyó a la deuda privada. En Estados Unidos, la deuda gubernamental (incluyendo los préstamos de los estados y gobiernos locales) se elevó de un 56% del PIB en 2007 a un 93% en 2013. En Japón, la deuda pública en 2012 representó un 228% del PIB. En Reino Unido, representó el 95%.

Hasta ahora, los mercados financieros han aceptado estos niveles altos sin imponer aumentos punitivos en las tasas de interés. Pero a pesar de que se habla de demasiada ‘austeridad’, los países intentarán restringir grandes aumentos de la deuda por temor a una reacción negativa del mercado. El aumento fiscal o la disminución de gastos resultantes podrían atenuar el crecimiento.

Por tanto, todo boletín de calificaciones debe ser terriblemente cauteloso. Una nota honesta sería: incompleto.

LA COLUMNA DE ROBERT J. SAMUELSON