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27 de Nov de 2020

Economía

No es la misma desigualdad de la época de tu abuelo

La desigualdad sigue siendo un tema de conversación por el análisis del autor francés Piketty. Burtless refuta algunas de sus teorías

No estamos en los años 20. Una frase común en el debate sobre la desigualdad económica es que las brechas de ingreso entre los ricos y todos los demás se han revertido a niveles que no se veían desde los años 20.

La conclusión es aciaga. Implica que hemos perdido casi un siglo de progreso social. Pero como muestra el economista Gary Burtless, de la Brookings Institution, es ‘rotundamente falsa’: La desigualdad no es tan aguda ahora como en los años 20. Ésa es la lección real de la Historia. Aunque el debate sobre la desigualdad es legítimo e importante, no debemos distorsionarlo con una retórica engañosa y exaltada.

Comencemos con una pequeña reseña de la economía de los años 20. Podría ser que, según algunos indicadores estadísticos, la desigualdad fuera grande. Pero en aquel momento, lo que la mayoría de los norteamericanos experimentaron fue una dulce prosperidad. Las recesiones, después de la severa crisis de 1920-21, fueron suaves. El desempleo era bajo. Las nuevas tecnologías generaron mercados masivos. Entre 1919 y 1929, la propiedad de automóviles se elevó de 6.8 millones de dólares a 23.1 millones. Las ventas anuales de radios saltaron 1,300% entre 1922 y 1929.

‘El auge se construyó en torno al automóvil, la fabricación de neumáticos y otros componentes, carreteras, estaciones de gasolina, refinerías de petróleo, garajes y suburbios,’ escribió el historiador de Economía ya fallecido, Charles Kindleberger. ‘Los electrodomésticos —radios, refrigeradores, aspiradoras— desconocidos al comienzo de la década, eran comunes en 1929. Otra gran innovación fue la cinematografía, con la introducción de las películas sonoras en 1926. Aunque impresionante, el auge no fue desenfrenado, excepto en la especulación en el mercado de valores.’

Las cifras que han sugerido una comparación entre la actualidad y esa época provienen de los economistas Thomas Picketty, autor del controvertido libro ‘Capital in the Twenty-first Century,’ y Emmanuel Saez, de la Universidad de California en Berkeley. Utilizando datos de los impuestos, han calculado que el 1% más rico de los norteamericanos de la actualidad recibe aproximadamente el 20% de los ‘ingresos de mercado’ de la nación, antes de los impuestos, es decir principalmente de los jornales, salarios, dividendos, intereses y otros ingresos comerciales. El 10% más rico da cuenta aproximadamente del 45% de los ‘ingresos de mercado’. Estas proporciones son iguales a las de los años 20.

De este y otros estudios, han surgido dos principios de sabiduría popular. Primero, la distribución de los ingresos actual es tan desigual como la de los años 20. Segundo, la mayor parte de los avances en ingresos en décadas recientes han ido a los del tope; los ingresos de la mayoría de la clase media y los pobres se han estancado.

Sin embargo, no es así, sostiene Burtless en un ensayo reciente. El problema con los ingresos de mercado, señala, es que ignora los impuestos, la mayoría de los beneficios (principalmente seguro de salud pagado por el empleador y pensiones) y transferencias gubernamentales (Seguro Social, Medicare, estampillas de alimentos y otros rubros parecidos). Todo ello incide en la desigualdad y el estándar de vida. También lo hace la reducción en el tamaño de las familias norteamericanas, que significa que una cantidad determinada de ingresos se reparta entre menos personas.

El ingreso per cápita se eleva. Dos personas con 75 mil dólares están mejor que cuatro, con 75 mil dólares.

Si uno corrige estos factores altera gran parte de la sabiduría popular, señala Burtless. La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) realiza muchos de los cambios necesarios en sus estudios de distribución de los ingresos y cargas fiscales y encuentra que los ingresos después de los impuestos, ajustados a la inflación se han estancado para la mayoría de los grupos.

Para el quinto más pobre de norteamericanos, se elevaron alrededor de un 50% entre 1979 y 2010. Para el 60% de norteamericanos en el medio, los avances en el mismo período promediaron un 40%. En cualquier año, los aumentos mínimos son difíciles de detectar. Pero en el curso del tiempo, los avances son significativos.

Tampoco la distribución de ingresos es tan sesgada como en los años 20, dice Burtless. Ahora tenemos un estado benefactor; entonces, no teníamos nada de eso. ‘En 1929 la transferencia gubernamental de pagos a las familias representó menos de un 1% de los ingresos personales de Estados Unidos,’ escribe. ‘Para 2012, representaban el 17% de los ingresos personales. Todo lo que sabemos sobre la distribución de los beneficios gubernamentales sugiere que estrechan la disparidad de ingresos.’

Los cálculos Piketty-Saez de los ‘ingresos de mercado’ pueden haber reflejado la distribución real de ingresos de los años 20, porque el mercado es lo único que había entonces. Ahora, su papel se ha atenuado. El cálculo de la CBO de la porción de ingresos totales, después de los impuestos, del 1% más rico fue del 13% en 2010 —una enorme cantidad, pero muy por debajo de la cifra de Piketty-Saez del 20% o más. No hemos vuelto a los años 20.

Observen que Burtless no sostiene que la desigualdad no haya aumentado drásticamente. Lo ha hecho. Según cálculos de la CBO, los ingresos después de los impuestos, del 1% más rico se han triplicado desde 1979. Pero el hecho de que estén aumentando no significa que todos los demás han permanecido sin moverse.

El debate de la desigualdad no perderá intensidad en un futuro cercano. Los cambios en ingresos relativos son demasiado grandes. El atractivo político e intelectual es demasiado poderoso. Pero al tratar de resolver qué ha sucedido y por qué —y qué hacer, si es que hay que hacer algo— debemos sujetarnos a los hechos y evitar descuidadas comparaciones históricas.

ECONOMISTA