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28 de Feb de 2020

Economía

Poner a nuestros hijos en el camino hacia el éxito

Estamos en esa época del año en que los alumnos de último año calculan con ansiedad, su propio valor cuando chequean su correo electrónico

Estamos en esa época del año en que los alumnos de último año de secundaria calculan, con ansiedad, su propio valor cuando chequean su correo electrónico.

Las universidades de la nación anuncian ahora sus decisiones. En universidades prestigiosas, como Stanford, Yale y Princeton, se admite a uno de cada veinte solicitantes.

No es de extrañar que muchos estén leyendo ahora el reciente libro de Frank Bruni, Where You Go Is Not Who You'll Be: An Antidote to the College Admissions Mania. El columnista del New York Times expone un hecho verdadero, que muchos de nosotros aprendimos con una maestra brutal: la vida.

Tal como expresa Bruni: ‘A qué universidad vayamos tendrá mucha menos influencia en nuestra satisfacción en la vida que muchos otras factores: La sabiduría con que escogemos a nuestra pareja; nuestras interacciones con la comunidad donde habitamos; nuestra generosidad hacia la familia que heredamos y la familia que formamos.'

Todo es cierto —especialmente la parte sobre escoger a la pareja, que o bien lo elevará a uno o lo echará abajo.

Recientemente, mi esposa y yo cenamos con mi compañero de cuarto de la universidad y su esposa. Mi viejo amigo formuló una pregunta interesante.

‘¿Qué preferirías?', preguntó. ‘¿Que tus hijos cuando crezcan vayan a Harvard, como lo hicimos nosotros, o que resulten ser buenas personas?'.

Di la misma respuesta que él dio: buenas personas.

Como nos criamos en la región agrícola de la California Central, donde el trabajo es arduo y duro, significó mucho para nuestros padres que nosotros fuéramos a una universidad del Ivy League. Significaría menos que nuestros hijos fueran allí. Además, mi amigo y yo, un abogado y un periodista, probablemente hemos conocido más graduados del Ivy League que ‘buenas personas'.

Aun así, todos queremos que nuestros hijos tengan un sentido de posibilidades ilimitado.

Así pues, recientemente llevé a mi hija de once años a visitar diez universidades por medio del Ivy League Project, un programa privado por el que estudiantes latinos visitan universidades de la Costa Este. Los estudiantes pagan una tarifa, que obtienen de su familia, amigos o mediante donaciones.

Conozco el programa. Martín Mares, director ejecutivo, es un educador jubilado que hace 25 años me invitó a dar una charla en Parlier High School.

Como gran parte de California Central, Parlier es una zona de población abrumadoramente latina y económicamente desfavorecida. Mientras hablaba sobre el Ivy League, los ojos de los estudiantes parecían vidriosos. Entonces, en un momento dije: ‘Ojalá pudiera llevar a todos ustedes en un viaje de visita a esas universidades. Su conciencia se expandiría.'

Inspirado por esas dos oraciones, Mares superó obstáculos, ignoró a los escépticos y construyó un imperio de liderazgo, que llevó a varios miles de adolescentes de tres estados (California, Texas y Arizona) a visitar diversas universidades, entre ellas, varias del Ivy League.

Los muchachos se encuentran con estudiantes universitarios, comen en el comedor universitario, escuchan lo que tengan que decir los funcionarios de admisiones, recorren los edificios. Viajando en ómnibus, en el curso de una semana, visitan sitios históricos en Washington, Philadelphia, Nueva York y Boston.

En los últimos 25 años, más de 250 de esos estudiantes fueron admitidos y asistieron a universidades de la Costa Este, y más de 1,500 asistieron a universidades estatales.

Mi hija tendrá que trazar su propio camino y yo estaré de acuerdo con la universidad que ella escoja en la medida en que ponga todo su esfuerzo. Le encantó la universidad de su padre. Pero me cercioré de que entienda que para asistir a ella, tendrá que trabajar tan arduamente como yo lo hice. Más que nada, pienso, disfrutó de pasar una semana de viaje con su Papá.

Aún así, Bruni lo dijo correctamente. La mayoría de los presidentes electos en los últimos treinta años tuvieron títulos del Ivy League —generalmente Yale o Harvard. Hasta Donald Trump se jacta de haber ido al Wharton School de la Universidad de Pennsylvania. Sin embargo, todos conocemos gente de éxito que asistió a universidades estatales.

Lo que suscita la pregunta: ¿Qué significa tener éxito? Solía pensar que era poder hacer lo que a uno le gusta. Ahora pienso que se trata de barajar todos los roles que uno tiene —hijo, hija, padre, esposo, etc.

Si uno logra hacerlo bien, un día, cuando uno finalmente yazga en paz y los seres queridos digan algunas palabras bondadosas sobre uno, tal vez mencionen que, por sobre todas las cosas, uno tuvo un impacto positivo sobre los demás. Al final, es lo único que importa.

ANALISTA DE THE WASHINGTON POST

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¿Qué preferirías?, que tus hijos cuando crezcan vayan a Harvard, como lo hicimos nosotros, o que sean buenas personas.

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Pero, ¿qué significa tener éxito? Solía pensar que era poder hacer lo que a uno le gusta. Ahora pienso que se trata de barajar todos los roles que uno tiene...