Peste porcina africana, el virus 'terminator'

Actualizado
  • 28/06/2023 00:00
Creado
  • 28/06/2023 00:00
La propagación de la enfermedad representa una carga socioeconómica y una amenaza para la seguridad alimentaria y la biodiversidad de los países. Focalizar estrategias de prevención y bioseguridad es clave para reducir los riesgos de ingreso de la PPA
La peste porcina africana puede tener un altísimo impacto en la producción porcina y la producción de carne porcina en los países.

No es la película estadounidense de ciencia ficción de James Cameron. La peste porcina africana (PPA) ha sido calificada por expertos internacionales como el virus “terminator” por el impacto biológico que podría representar para el sector porcicultor.

El apodo fue dado por el profesor de virología animal de la Universidad de Chile, Víctor Neyra, durante su exposición en el “Taller de capacitación y divulgación de la campaña de peste porcina africana (PPA)”, organizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la semana pasada.

El virus “terminator” hace referencia a la capacidad que tiene la enfermedad hemorrágica altamente contagiosa para aniquilar a los cerdos de cualquier edad, una situación que mantiene a la comunidad científica en alerta, ya que una vez que el virus ingrese puede alcanzar hasta el 100% de mortalidad en una granja porcina, lo que equivale a la muerte de entre 40.000 y 100.000 animales en la producción intensiva o dos animales en una granja de traspatio (granjas de pequeños productores).

“La PPA es un virus muy complicado y altamente mortal para los porcinos, que preocupa a todos. Estamos en alerta y ojalá no ingrese a nuestros países, porque una vez lo hace se disemina muy rápidamente y es muy difícil poder erradicarla”, dijo Neyra.

El ingreso del virus de la PPA puede alcanzar hasta el 100% de mortalidad en una granja porcina intensiva o de traspatio.

La PPA es una enfermedad de difícil control no zoonótica, es decir, no afecta a los seres humanos, solo a los animales porcinos, lo cual a su vez es objeto de preocupación en términos de biodiversidad y equilibrio de los ecosistemas, ya que no solo afecta a los cerdos domésticos de granja, sino también a los jabalíes, incluidas las razas nativas, y al ser una enfermedad transfronteriza capaz de recorrer largas distancias y seguir propagándose por el mundo, amenaza la sanidad y el bienestar de los animales porcinos, explicó Neyra. 

“Cuando el virus se disemina en una producción porcina intensiva, explota y se vuelve incontrolable. Si lo pudiésemos visualizar como una película, el virus de la peste porcina africana es el 'terminator', un virus letal que se mueve de allá para acá, capaz de eliminar cualquier cerdo (doméstico o silvestre)”, aseveró el veterinario chileno.

La PPA posee también una alta resistencia al medio ambiente, capacidad que hace a la enfermedad aún más riesgosa, ante la ausencia de una vacuna. El virus de la PPA tiene 175 genes conocidos, lo que imposibilita la fabricación de una vacuna. La despoblación total porcina es, por el momento, la única forma efectiva para erradicar el virus, lo que acarrea un alto costo económico tanto para los productores como para la economía de un país, un impacto que incluso golpea el bolsillo de los consumidores porque conlleva el aumento de hasta el 50% en el precio de la carne porcina.

Riesgos de diseminación

Hay distintas maneras de diseminación o transmisión del virus de la PPA. Incluso el mismo aire puede ser un vehículo de transmisión en las granjas. Los cerdos domésticos y salvajes, además, tienen como agente vector la garrapata blanda, presente en todo el mundo, y complejiza aún más la situación, dijo Neyra.

El virus de la enfermedad también se puede transmitir fácilmente mediante el transporte de los cerdos de traspatio o producción familiar, el cual puede alcanzar hasta 1.000 km de distancia, comparable con un trayecto, por ejemplo, entre Santiago de Chile y Buenos Aires en Argentina; Lima y La Paz; México y Guatemala; o entre Guatemala y Panamá.

El virus sobrevive en distintos productos porcinos, como los embutidos: jamón, salami o tocino, y en algunos países del mundo donde está presente la enfermedad, incluso es posible que todos los alimentos de origen porcino contengan el virus, sobre todo aquellos que no pasan por un proceso de cocción, lo que facilita el transporte del virus activo entre países, señaló Neyra.

La importación informal e ilegal de productos porcinos también representa un riesgo para la propagación del virus en los países. Puede estar presente, por ejemplo, en los desechos de alimentos en un crucero o en aviones o en alimentos (como embutidos o jamones, y otros) que transporten informalmente los viajeros, y que luego pueden consumir los animales en forma de basura, algo muy usual en las granjas de traspatio. “Con un solo gramo de longaniza positiva, por ejemplo, prácticamente se pueden infectar todos los cerdos en Chile, los seis millones de animales que hay en el país”, comentó Neyra, al señalar el impacto que podría causar el virus, considerado quizás el más resistente a las condiciones de la naturaleza.

Y es que el virus de la PPA puede sobrevivir en un producto conservado a 4 grados celsius y resistir hasta cuatro meses o años en la carne congelada dos años, en la sangre congelada más de 6 años, en las heces de cerdo cerca de 160 días y en la médula ósea varios meses o años. Además resiste de 4 a 11 grados de PH y puede sobrevivir en objetos contaminados como goma, vidrio, metal y papel. Así como también en la ropa, el calzado, las ruedas de los vehículos y otro tipo de equipos.

Propagación

Actualmente, el virus se ha propagado en diferentes regiones del mundo. La enfermedad ha llegado a numerosos países de Asia, el Caribe, Europa y el Pacífico; y a mediados de 2021 llegó a América, después de 40 años de no estar presente, con reportes de brotes específicamente en la isla La Española (el primer territorio al que arribaron los europeos en 1492) en República Dominicana y en Haití. Solo en República Dominicana, la enfermedad representó un costo en la producción porcina y la economía de más de 187.000 cerdos sacrificados y $1.400 millones en compensación. En muchos países, los cerdos constituyen la principal fuente de ingresos para los hogares, pero la propagación a escala mundial de la PPA ha devastado muchas explotaciones porcinas familiares que, a menudo, constituyen el principal sustento de la población y un motor económico de los países.

En conclusión, el virus de la peste porcina se puede propagar rápidamente de muchas maneras, incluso a los países de la región, generando costos altísimos para el sector porcino y su cadena de valor, dijo el representante de la FAO, Damián Tago Pacheco.

Argentina, Bahamas, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Dinamarca, Guyana, Jamaica, México, Perú, Estados Unidos han sido señalados por la FAO entre los países con un alto riesgo estimado de la peste porcina africana en las poblaciones y la producción de carne de cerdo. Y aunque no nombró a Panamá, este país no escapa de las amenazas por ser un puente para el comercio mundial.

El especialista advirtió que si la enfermedad se propaga por América Latina, especialmente en países que son importantes no solo para la producción de puerco nacional, sino también para la exportación a varios países de la región, puede generar “volatilidad de precios” y los países que van a sufrir más evidentemente son aquellos donde su población tiene una preferencia alta por la carne de puerco.

“Los costos van a ser altísimos. No hay manera de que estos costos no sean altos, y no nada más eso, sino que se necesitan operaciones de logística muy fuertes y muy grandes para poder controlar la enfermedad y responder a los brotes”, aseveró Pacheco.

Señaló que el impacto de la epidemia es duradero y el ciclo de recuperación puede tomar entre tres y diez años para que la industria se recupere. Incluso en otros países, agregó, esa alza de precios va a ser un poco mitigada por la reacción de los consumidores de tratar de buscar sustitutos, pero eso también puede generar un alza en sus precios, como por ejemplo en el pollo, lo que a su vez impacta en el aumento en el precio de otras proteínas animales en el país.

“Debe tomarse en cuenta que otras industrias pueden verse afectadas y también todas las industrias relacionadas con los servicios que se le prestan a toda la cadena de valor porcina como alimentación, medicinas, todo eso también se ve afectado”, expresó el representante de la FAO.

La carne de cerdo es una de las principales fuentes de proteína animal, y al representar más del 35% de la ingesta mundial de carne, esta enfermedad supone un grave problema para la seguridad alimentaria en todo el mundo. En América Latina la producción porcina se estima en 8,1 millones de toneladas de carne y en Estados Unidos en 12 millones de toneladas. En Panamá, la producción porcina es la cuarta actividad agropecuaria de mayor importancia económica. Representa el 7,7% del valor bruto de la producción agropecuaria, unos $158,2 millones al año. En el país se sacrifican unas 539.610 cabezas de ganado porcino, alrededor de 45.000 cabezas al mes.

Al ser el sector porcino una actividad importante para la economía y tomando en cuenta el potencial virulento de la enfermedad de la PPA y que no tiene vacuna, se requiere aplicar las medidas necesarias de bioseguridad en los países. “Hoy hay ensayos clínicos muy prometedores, pero aún no hay nada a nivel comercial. No hay vacuna disponible. Por tanto la bioseguridad es crucial para mantener el mercado”, afirmó Pachecho.

Una estrategia que considera el encargado del proyecto Peste Porcina Africana de la FAO para América Latina y el Caribe, Nicolás Winter, es que los países deben enfocarse en la “prevención”. “Básicamente hay que trabajar en este momento para reforzar todas las medidas y evitar el ingreso. La PPA puede tener un altísimo impacto en la producción porcina y por lo tanto en la producción de carne porcina y en la seguridad alimentaria de la población. Entonces, trabajar fuertemente en todas aquellas medidas que evitan el ingreso de ese potencial de la enfermedad y ese alto impacto sobre la alimentación de la población local es fundamental”, apuntó Winter.

Hay países de la región, entre ellos Panamá, que han pedido asistencia a la FAO para implementar la alerta sobre la enfermedad de la peste porcina africana en la región, la necesidad de adoptar un enfoque preventivo y reforzar la bioseguridad. Panamá desarrolló una estrategia individual adaptada al país, pero también de manera coordinada con los países de la región.

“Trabajar mediante la bioseguridad para evitar el ingreso es la mejor estrategia para una enfermedad en la cual no existe vacunación y no hay otra medida efectiva más que hacer esa despoblación de la granja afectada. Es mejor prevenir y evitar todo ese impacto potencial que después atender las consecuencias”, puntualizó Winter.

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