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23 de Nov de 2020

América

¿Qué pasará en Naciones Unidas?

A partir del viernes 25, los salones y pasillos de Naciones Unidas serán un hervidero

A partir del viernes 25, los salones y pasillos de Naciones Unidas serán un hervidero, pues el viejo edificio de Nueva York puede ser teatro de un nuevo encuentro de los presidentes Raúl Castro, de Cuba, y Barack Obama, de Estados Unidos.

Ambos mandatarios coincidirán no solamente en la Asamblea General para escuchar el esperado discurso del papa Francisco, quien, para más novedad, encontrará en ellos dos predilectos dialogantes, sino que hablarán el mismo día 28 en el plenario en ocasión del 70 aniversario de la ONU, después de verse las caras en la cumbre por la Agenda Post-2015.

Allí Raúl Castro hablará el 26 en la sesión de la mañana de la cumbre y, está previsto que explique cómo la Isla se ha adelantado en materia de salud, educación y deportes para cumplir las metas del milenio, pero se ha atrasado en otras por efectos del bloqueo impuesto por Estados Unidos hace 54 años.

Si bien hasta el momento, al menos de manera pública, no hay una información que corrobore una presunta reunión de los dos presidentes, tampoco ha sido descartada y las especulaciones de que podría estar pactada las fertilizan la visita a la Casa Blanca y la presencia de Francisco en la ONU.

Lo curioso es que un mes después de la presencia de los tres en el plenario, en ese mismo escenario se volverá a presentar el 27 de octubre por vigésimo cuarta ocasión el informe sobre la resolución 69/5 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, titulada Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba, que Obama debe conocerse ya de memoria.

La gran pregunta es ¿qué va a hacer la Casa Blanca en esta 24 votación? ¿Se abstendrá y dejará solamente en contra a Israel? En realidad sería contraproducente mantener la misma actitud que en las 23 anteriores cuando él, personalmente, le ha pedido al Congreso que levante el bloqueo, y acaba de defender esa idea ante un importante grupo de empresarios estadounidenses.

Como dijeron funcionarios anónimos de la Casa Blanca, es inaudito que un estado miembro de la ONU no se oponga a una resolución crítica con sus propias leyes, pero de hacerlo, Washington estaría aliándose de facto con el ente internacional en contra de su propio Congreso que ha rechazado levantar el bloqueo a pesar de los llamados del presidente Obama.

Al informar de la conversación telefónica sostenida hace unos días entre ambos presidentes, la Casa Blanca dijo que Obama y Castro discutieron ‘los pasos que Estados Unidos y Cuba pueden tomar, juntos e individualmente, para avanzar en la cooperación bilateral'. El gobierno cubano dijo que el presidente cubano ‘hizo hincapié en la necesidad de expandir su ámbito de aplicación y derogar, de una vez por todas, la política de bloqueo para beneficio de ambos pueblos'.

Ninguno de los comunicados mencionó la votación en Naciones Unidos. Estados Unidos ha perdido estas votaciones por una mayoría cada vez mayor y con márgenes más abrumadores.

Ya Cuba presentó oficialmente el proyecto como ha hecho todos estos años y ha dejado muy claramente establecido que hasta ahora todo sigue igual a pesar del inicio de los trabajos de la comisión para normalizar las relaciones y la apertura de embajadas.

Pero hay una pequeña y significativa diferencia: el canciller Bruno Rodríguez reveló que hay dos párrafos añadidos al texto tradicional para referirse al restablecimiento de relaciones diplomáticas.

También se prioriza el daño económico ocasionado por el bloqueo cifrado en 833 mil 755 millones de dólares, de los cuales 121 mil 192 millones en perjuicios directamente a diferentes sectores del país. El tema de las indemnizaciones está en la agenda de trabajo de la comisión.

Es también muy curioso, y hasta alentador, que el mismo día que en La Habana el canciller presentaba en rueda de prensa el informe y anunciaba la visita del presidente Raúl Castro a Naciones Unidas, Obama se reunía en Washington con destacados empresarios a quienes urgió presionar al Congreso para levantar el bloqueo, y les habló de las significativas oportunidades económicas que se abrían para ellos en la Isla gracias al proceso de normalización de relaciones.

No fueron palabras simbólicas, sino de un pragmatismo fuerte como el arraigado en la comunidad empresarial, las cuales remató con la repetición de lo que ya para él es un axioma: No tiene sentido que sigamos pegados a las viejas formas de hacer negocios con Cuba.

¿Y cuál es la importancia para Cuba de ese apotegma? Pues lo acaba de revelar el canciller Rodríguez: el bloqueo es una política estrictamente unilateral y ha de resolverse unilateralmente. No puede esperarse que sea resultado de un proceso de negociación entre los gobiernos; no es una avenida de dos direcciones, es una avenida de una sola dirección. Así empezó, así ha sido durante cinco décadas y así ha de terminar.

A todo ello se le agrega el diálogo que el Papa Francisco mantuvo con Obama en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Para hoy se reunirá con el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, católico y uno de los principales adversarios de la administración demócrata, y finalmente el Pontífice protagonizará un hecho sin precedentes al intervenir en sesión conjunta del Congreso en donde el tema de Cuba estará presente.

Hay una buena voluntad de Obama, no hay dudas. El presidente renovó por un año más la llamada Ley de Comercio con el Enemigo, que sustenta el embargo, pero no para prolongarlo, sino para poder seguir manteniendo su autoridad ejecutiva y relajar sanciones mientras transcurre el proceso de normalización bilateral, algo evidente, pero no tanto.

ANALISTA